50 lecciones para 50 años: Parte 22

Photo by Francisco Moreno on Unsplash

La última semana antes de mi cumpleaños se ha dado a la tarea de poner a prueba incluso mis más queridas lecciones. Ciertamente ha estado cargada de un estrés que no me complace para nada. Y esta vez no puedo culpar a los clientes, sino a la indolencia de un grupo de compañeros de trabajo.

Siempre me ha gustado pensar que tengo una buena ética profesional, sea cual sea el trabajo. Si hay algo que tengo que hacer, lo hago y ya. Si puedo hacer un poquito más por ayudar, lo hago y ya. No puedo entender el nivel de egoísmo al que puede se puede llegar al punto que hace que el negocio corra peor. Ciertamente mi trabajo se vio afectado por estos tarados y no encontraba la forma de evitarlo.

Ya estoy tomando pasos para cambiar esta situación, porque no puedo seguir así. Siento que el único perjudicado seré yo sin que a nadie más le importe (aunque bueno, agradezco cuando mis jefes dicen que saben que yo doy lo que pueda). Que ese sea su bono, chicos: si la situación no está jugando a tu favor, cambia la situación.

Pueden leer las entradas anteriores a esta serie aquí.

8.- Tener buenos padres es un privilegio que nunca, jamás, debe ser menospreciado.

El lugar más feliz del mundo, esta vez en Magic Kingdom. Foto mía.

Quizá una gran crueldad de la vida es que a veces uno tiene que envejecer para apreciar lo buena que ha sido esa vida. Quiero pensar que a mí no me pasó así. Tengo unos padres maravillosos, que me han apoyado, educado, hecho reír y llorar, que han estado. Mi papá siempre tuvo tiempo para mi hermano y para mí cuando estábamos creciendo, y mi mamá siempre fue eso, mamá a cabalidad, inculcando el amor por la lectura y el respeto a los demás. Lo aprecio más ahora no solo porque los tengo lejos, algo que aún me duele, sino porque estoy rodeado de gente que no tiene esa fortuna o ha decidido ignorarla. Gente que ha sido abusada psicológica o físicamente por sus padres; gente que los perdió desde temprano; gente que los perdió por culpa de terceros; gente que no se da cuenta de lo mucho que los extrañará cuando no estén. Es cierto, el árbol familiar también debe podarse cuando las ramas están podridas, pero cuando el tronco es fuerte uno necesita hacer lo que pueda para abonarlo. Gracias a ellos la nuestra es una familia que se quiere, que está pendiente los unos de los otros y nos queremos. Mis padres no solo han sido padres maravillosos –no solo a pesar de sus errores sino gracias a ellos– son personas maravillosas, y prueba de ello es el apoyo que siempre reciben cuando realmente lo necesitan. Que orgullo llamarme hijo de gente así y ojalá todos tuvieran ese privilegio –y lo apreciaran como tal cuando lo tienen.

7.- Nunca, jamás, en tu vida, tomes a la gente por sentada.

Photo by Kelly Sikkema on Unsplash

Muchas veces, cuando las personas en nuestra vida nos aman, consideramos que ahí estarán siempre, sin importar lo que pase. Pero eso sólo aplica a los perros, que aún si lo encierras en la maleta del carro te tratará con amor al momento que lo dejes salir. Toda planta necesita abono para seguir creciendo; todo músculo necesita ejercicio para crecer. Hace muchos años, yo creí que tenía un árbol tan fuerte que superaría un mal matrimonio, un mal noviazgo y doble emigración. No supe cuánto exactamente necesitaba para curar esa cortada que se le había hecho. Creí que no haría falta mucho. Pero vaya que sí hacía. Y no lo hice. Mis intentos siguientes para arreglarlo han sido débiles –de hecho, escribir estas líneas es uno– porque ya siento que no se puede seguir intentando arreglar las cosas a distancia. Esto es de sentarse uno frente al otro y hablar de todo lo que se hizo o dejó de hacer. Es demostrar que las cosas que hicieron que la amistad se fuera a la mierda ya no están allí; al contrario, hay cosas que pueden hacer que sea mejor, como la madurez, parejas absolutamente geniales para ambos y, por mi parte, un arrepentimiento absoluto. Los verdaderos amigos en este mundo son una rareza casi tan grande como unos padres maravillosos, y uno debe aprender a cuidar a ambos de la misma manera. Ojalá siempre puedan arreglar las amistades que perdieron, chicos.

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