50 lecciones para 50 años: Parte 19

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Cuando decidí empezar este proyecto, me aseguré de tratar de sentarme todos los días a la misma hora, tener el post listo para compartir en redes sin excepción. Y me he dado cuenta de aquello que “si quieres que Dios se ría, cuéntale tus planes”. (Lo que dijo Maickel Melamed es más bonito, pero aplica igual; vean una de mis entradas anteriores).

Estoy escribiendo esto un día antes, pues sé que el sábado no voy a tener chance, mucho menos fuerzas, para escribirlo. Esperaba tenerlo listo para las 12, 1 máximo, para poder almorzar y dormir antes de prepararme para ir a trabajar. Pero con una perrita nueva, mil responsabilidades, dudo que pueda dormir algo. Porque aún tengo que arreglar la cocina que prometí arreglar antes de irme.

No es fácil ser adulto, es lo que quiero decir.

Pueden leer el resto de las entradas, escritas en su mayoría de manera mucho más relajada, aquí.

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