50 lecciones para 50 años: Parte 19

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Cuando decidí empezar este proyecto, me aseguré de tratar de sentarme todos los días a la misma hora, tener el post listo para compartir en redes sin excepción. Y me he dado cuenta de aquello que “si quieres que Dios se ría, cuéntale tus planes”. (Lo que dijo Maickel Melamed es más bonito, pero aplica igual; vean una de mis entradas anteriores).

Estoy escribiendo esto un día antes, pues sé que el sábado no voy a tener chance, mucho menos fuerzas, para escribirlo. Esperaba tenerlo listo para las 12, 1 máximo, para poder almorzar y dormir antes de prepararme para ir a trabajar. Pero con una perrita nueva, mil responsabilidades, dudo que pueda dormir algo. Porque aún tengo que arreglar la cocina que prometí arreglar antes de irme.

No es fácil ser adulto, es lo que quiero decir.

Pueden leer el resto de las entradas, escritas en su mayoría de manera mucho más relajada, aquí.

14.- Hay un grupo que comparte tus gustos, sin importar lo raro que sea.

Photo by zhang kaiyv on Unsplash

Cuando me metí en el mundo del origami, pensé que iba a estar solo en mi hobby. Y resulta que un compañero de trabajo no solo me dice que tiene un primo que también hace origami, sino que hay una asociación. ¡Qué emoción! Es una relación que he tenido desde hace casi treinta años, que ni siquiera el emigrar me hizo soltar. Una cosa que realmente lamento es que no he podido juntarme con el grupo de origamistas locales, por cuestión de tiempo y trabajo. Pero uno siempre necesita sentirse parte de un todo, en especial cuando de gustos se trata. Una de las cosas que ha hecho de mi vida con Yadi muy armoniosa es que tenemos mucho gusto afín, como Disney (que ame Wall-E fue casi vital para la relación), Queen, los Funkos, los perros… He aprendido a lo largo de los años que nunca estamos solos en cuanto a nuestros gustos. Si no, los invito a que vean la serie We Are The Champions. No hay como encontrar gente que le gusten las mismas locuras de uno y formemos una comunidad. Es la mejor manera de sentirse, no solo querido, sino humano.

13.- No confíes en la suerte nada más, pero tampoco la descartes.

Photo by Dustin Humes on Unsplash

Vi una vez un video en TikTok de un tipo aquí en Estados Unidos que mostró a su papá, de lo más orgulloso, con un lote de boletos de lotería en cada mano, comprados con el cheque de estímulo de la pandemia. Lo siento, pero me pareció el ser más estúpido del mundo. Cierto, tiene más probabilidades que muchos de ganar algo, por tener más cantidades de boletos, pero en ningún caso tiene alguna garantía. Mi papá contó una vez de un compañero que hizo algo parecido con sus utilidades, invirtiéndolas todas en la lotería aún teniendo que hacer arreglos en su casa. Ni yo, que me considero un tipo que no sabe manejar bien su dinero, haría una estupidez de ese tamaño. Una cosa es confiar en la suerte, y otra es abusar de ella. Pero como digo eso, digo lo otro: la suerte nunca se puede descartar. Hay quienes pareciera tener las estadísticas a su favor, de una forma u otra. ¿Actúan bien ante Dios? ¿El Universo? ¿Tienen la suerte como un superpoder? Quién sabe. Pero la suerte es un factor en el mundo, sin duda. Quizá es uno de los misterios de Dios. No podemos confiarle todo a ella, sin duda, pero tampoco podemos pensar que no nos va a tocar en algún momento. Por eso es preferible ahorrar esa plata como mejor se pueda y si acaso se compra un solo boleto de lotería. Total, es con uno solo que vas a ganar.

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