50 lecciones para 50 años: Parte 14

Photo by Axville on Unsplash

A medida que se acerca la fecha final de este proyecto –léase, mi cumpleaños– tengo la suerte que, por lo visto, al menos para algunos, no aparento la edad que tengo. En estos días al menos dos personas pensaron que tenía 35 años, lo que por supuesto fue una gran inflada para el ego. Y llego con buena salud, tanto mental como física. Así que no puedo quejarme.

Y de repente, llegan cosas que me recuerdan que sí, que ha pasado cierto tiempo ya. Ayer un niño particularmente inquieto de unos cuatro años estaba con uno de los dispositivos para ayudar a los huéspedes (se llaman Ziosk), y cuando se lo traté de quitar trató de morderme los dedos. Mi inmediata reacción fue alzarle la voz, lo que por supuesto uno no debe hacer si es un niño que no es tuyo y, más aún, es una mesa que tú estás atendiendo. Por supuesto que luego me disculpé profundamente, y aceptaron mis disculpas. Pero me di cuenta que ha sido una semana que he dormido poco, y eso empieza a alterar mis reacciones.

Qué importante es dormir, sin importar quién piense o diga lo contrario. En especial a medida que uno se va haciendo más viejo. Las baterías siempre necesitan recargarse, o el sistema no funciona. Espero que pueda hacerlo, o el próximo niño le va a costar una cachetada y a mí el trabajo.

Pueden leer las entradas anteriores a esta serie aquí.

24.- Lo que no se enseña en la escuela es a veces lo que más hay que aprender.

Photo by Brooke Lark on Unsplash

No recuerdo la tabla de los elementos (aunque se ve muy cool). Jamás he usado la trigonometría. Me memoricé nombres científicos de animales solo por juego. ¿Y cuál es que es la diferencia entre ígnea y metamórfica? (Sí lo sé, pero por si acaso…) En cambio, he tenido que aprender a manejar mi dinero por mi cuenta, no tengo idea de la mecánica de un vehículo más allá de algunas cosas básicas, aprendí a cocinar después (MUCHO después, y vaya que lo he disfrutado) y mejor ni toquemos el tema de pañales pues jamás he cambiado a un bebé. Yo soy un amante del conocimiento “inútil”, me encanta tener diversos hechos de cualquier cosa en mi cabeza porque quiere decir que siempre tendré para un tema de conversación. Pero quisiera que en las escuelas empezaran a haber más clases que traten cosas con las que uno tendrá que lidiar más adelante en la vida, como manejar finanzas, conocimientos básicos de cocina y afines. Pero mientras llega ese día, animen a sus hijos a investigar al respecto de esas habilidades, y ayuden a formar ciudadanos más independientes. Aprovechen y edúquenlos en habilidades sociales también, a ver si logramos una sociedad con menos odios. Además, creo que ningún conocimiento es desperdiciado, menos si se trata de una oportunidad de compartir entre padres e hijos.

23.- Tiempo de calidad por siempre será mejor que tiempo en cantidad.

Photo by Toa Heftiba on Unsplash

Yadi y yo tenemos horarios distintos. Muchas veces sucede que ella llega y ya yo me estoy preparando para salir. Es un cambio muy distinto al de hace un par de meses, cuando, debido a la pandemia, estábamos juntos las 24 horas. Los días libres de ambos rara vez coinciden. Y cuando yo llego en las noches, ella está durmiendo; cuando ella se va en las mañanas, yo estoy dormido (aunque con la llegada de Leia, es menos probable). Pero cuando tenemos tiempo juntos, lo usamos para hablar. Para darnos un abrazo, para hacernos reír. Cuando yo estoy libre y ella llega del trabajo, la dejo descansar un rato, y luego destapo el vino o sirvo un traguito, y es al sofá a acurrucarse y a ver algo en televisión (o a veces no). Cuando podemos estar los tres libres tratamos de hacer algo, así sea salir a comer juntos. Si se tiene que hablar algo serio, se habla. Porque el tiempo es muy poco para pasarlo en peleas, o peor, para estar uno en una esquina y el otro en la otra, pegados a nuestros teléfonos o libros. Tratamos de estar juntos. Necesitamos desesperadamente una semana entera que podamos estar juntos de arriba a abajo otra vez, para descansar de las durezas de la vida. Pero mientras ese día llega, no lo vamos a desperdiciar estando solos en compañía. Aplica para cualquier clase de relación, sea hijo, padres, esposa, novia, amigos. Si tienen cinco minutos y sólo sirve para mandar un mensaje, aprovéchenlo. Es abono para la relación. Es vital.

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