50 lecciones para 50 años: Parte 4

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Tengo un cierto montón de libros en la casa –muy bien, es UN montón de libros– que esperan pacientemente a ser abiertos (y ni hablar de los digitales). Están allí, flotando sobre mi cama (literalmente), sobre mi escritorio, encima de él, nada más esperando a que yo diga «vamos». Y es porque leer es difícil. Como casi todo lo que vale la pena. Porque requiere tiempo. Y siempre hay algo que tengo que hacer. Hablaremos más sobre esto cuando llegue a cierta lección, pero hoy toqué el tema en terapia. Y me acordé de eso que dije Stephen King: «Si no tienes tiempo para leer, no tienes tiempo para escribir».

Perish the thought.

Aquí están la primera, segunda y tercera parte de este viaje.

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50 lecciones para 50 años: parte 3

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Estaba en el médico hoy. Un electrocardiograma de rutina, nada de qué preocuparse (espero). Casi me quedo dormido en la cama del consultorio. Una de las enfermeras busca la navaja para afeitarme el pecho, y la jefa le dice «What for? No es que sea tan difícil». Em, excuse me? Si voy a perder pelos espero que sea sin que me los arranquen, gracias. Pero nada, igual no hubo afeitadora. Y no dolió tanto. Pero he aquí algo que nunca irá al bucket list: depilarme. Puedo llegar fácil a los cien años sin experimentar eso.

Aprovechen y recuerden la película Virgen A Los Cuarenta, que terminó de hacer a Steve Carrell una estrella, nos dio a Judd Apatow para bien o para mal, y créanme, hay muchos más niveles a esa película de la que ustedes recuerdan. Pero esa escena sigue siendo la mejor de todas.

La primera parte de estas lecciones está aquí, y la segunda parte aquí.

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50 lecciones para 50 años: Parte 1

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Creo que la más inevitable de las grandes tareas que se nos asignan, ciertamente la única que nadie sabe si estaba preparado para ella sino hasta el examen final, es envejecer. El autor Karl De Schweinitz dijo una vez que «vivir aún está por ser reconocido como una de las artes», aún cuando millones de millones han tomado cualquier material que tengan a la mano y se han puesto a la tarea de recrearlo, en esa exhibición que llamamos humanidad.

Hoy faltan 25 días para terminar mi quinta década en este arte, y como tantos que no pueden creer haber andado tanto y tan poquito a la vez, hoy miro para atrás para ver las piedritas que recogí, los paisajes que se quedaron en la memoria, las marcas que me quedaron en la piel. Llego feliz con la vida que he vivido, con mis logros, mis fallas, mis victorias y mis arrepentimientos.

De aquí a ese día, quisiera compartir con ustedes algunas de las lecciones que he aprendido en el camino, dos cada día, para quien las quiera tener. Tal vez sean las mismas que cualquiera que haya vivido una vida parecida o quizá pueda aportar algo novedoso (a lo mejor simplemente lo digo distinto). Pero las escribo consciente de que no son necesariamente lecciones que nadie tomará al pie de la letra. Porque al final, cada quien pinta su cuadro, o esculpe su estatua, o escribe su poema, detrás de un lente que es propio y de más nadie. Lo que espero es mostrar cómo me está quedando este experimento a mí.

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