¡¿Cómo me dijiste?!

Disfrutando de un rico día playero al lado de mi novia, en el camino hacia Higuerote nos pusimos a hablar, para variar, de hombres y mujeres. ¿Les sorprendería pensar que ella defiende a las mujeres?

Sin embargo, hubo un comentario que no sólo me dio risa, sino que debo admitir que es algo que comparto. Si eres uno de esos panas que así se expresan, jejejeje…

No recuerdo de qué ibamos hablando, pero lo cierto es que mi querida y muy hermosa pareja se voltea y me dice: «Hay pocas cosas que me molestan más que se refieran a las mujeres como un… ‘culito’.»

Yo de vaina choco. Tanto por reírme como de impresión, pues tengo la suerte de estar con una mujer tanto hermosa como educada, y es raro oírle una mala palabra. Pero lo cierto es que me puso a reflexionar de tal manera que tengo que compartirlo con ustedes.

Decir que tenemos la suerte de contar con mujeres espectaculares ya es tan parte de leyenda que se está transformando en un cliché. Pero eso no lo hace menos cierto. La liga de razas europeas, nativas y negras ha hecho de las féminas venezolanas unos dignos especímenes de la especie humana. De hecho, las que van a los concursos de belleza en muchas ocasiones no reflejan correctamente lo que cualquier hijo de panadera ve cuando sale de noche, visita un centro comercial o, la máxima experiencia de colirio visual, va a la playa.

En especial en, pero sin limitarse a, éste último escenario, somos afortunados los miembros del género masculino de ver una de las áreas de la anatomía femenina que muchos hombres han clamado como su favorita, en especial desde que los bikinis en muchos casos se han reducido a tres minúsculos triángulos de tela. Sí, hermanos, tenemos suerte de que tenemos unas mujeres tan orgullosas de sus posaderas que no sólo no les importa pavoneárselo en un minúsculo trajedebaño sino que lo ensalzan. También debemos agradecer por eso la amplia generación de bluejeans ajustados y a la cadera, pantalones de tela, faladas cortas y pegadas, etc. Es sólo una razón más para considerarnos una nación tocada por Dios. Yo soy más de ombligos, vientres o el Santo Grial de los hombres como son los senos (tres –o cuatro– cosas en las que MA ha sido generosamente compensada por la naturaleza), pero hay pocas cosas más artísticas que un derriére que hace que la espalda forme una grácil curva antes de convertirse en piernas. (Todo para decir que sí, me encanta unas nalgas… como las tuyas. 😉

Pero ahora les hago una pregunta: como esa es en muchos casos la parte más notable del exterior de muestras mujeres, ¿ello justifica que como él las denominemos?

Suena el celular. Harold llama a Esteban. «¿Qué pasó ‘uon?», pregunta aquél. «Aquí, bichito», contesta éste. «¿En qué andas?» «Nada, ando con un culito.»

Yo me imagino que Harold sea paraguayo, o colombiano, o uruguayo. Me imagino que pensará que Esteban anda con un extraño mutante, un par de nalgas unidas a un par de piernas. Pero obviamente no, Harold es tan criollo como el que más.

«Coooño, bichito, ¿con quién?» «Elena, men», dice Esteban, más bajito, porque este «culito» también tiene oídos. «¿Qué? Diablo, eso no es un culito, ¡¡¡eso es un CULO!!!»

Y la cosa no termina ahí. Yo admito, llamar a las mujeres «geva», «gevita», «nena», e incluso «yegua» ha formado parte de mi vocabulario desde que he descubierto la belleza del sexo opuesto. Pero hay algunos motes que son realmente humorosos, amén del famoso «culito»: «mamis», «mangos», «manguitos»… Y no sólo eso, están los despectivos, aunque yo jamás entendí cómo fue que la hembra del mejor amigo del hombre y el animal símbolo de la astucia pasó a ser un insulto para las mujeres.

Desafortunadamente para estos «machos de peloenpecho», muchas mujeres venezolanas también tienen un órgano que no es tan fielmente idolatrado como las partes sexuales de su organismo: su linda cabecita. Cada vez son más mujeres que simplemente dicho, no se la calan, y ya ni siquiera el tan cariñoso «mami» es aceptado como mote cariñoso. Mi novia es una, eso sí: ni «mami» para ella ni «papi» para mí (gracias a Dios). (No, no se van a enterar cómo nos decimos, jejeje.)

Pero para desgracia de aquellos que preferimos tratar a nuestras mujeres con un mínimo de respeto, son muchas las mujeres que no sólo se la calan; pareciera que lo invitaran. Están las que saben que son «la otra» –y ni siquiera la única otra, sino una de muchas– y lo aceptan. Casi que lo celebran. Están las que están en la opción inversa: saben que el hombre tiene otra(s), y se hacen las locas. Están las que no sufren el cacho, pero el mayor gesto de cariño que han recibido son los buenos días. Y por último, está el pobre grupo que escogió andar con el tipo que ellas «provocan» para pegar, aunque ellas entiendan que se lo buscaban. Malas mujeres, que no entienden el estrés bajo el que está el pobre cavernícola… Con tal que no las mate…

Sólo imagínense por un momento que la cosa del «culito» fuera al revés. Marcela llama a Carolina: «Amiguis, ¿en qué andas?» «Nada, chama, aquí, con un huevito…»

Cierto, se oye horrible, pero en nuestra extraña idiosincracia, si alguien es un «huevito» eso quiere decir que es muy apto en su asunto. Pero si se toma literal, entonces el tipo se acomplejaría, porque está atentando contra el tamaño del apreciado miembro. Ah, entonces hay que idearse esto al revés:

Marcela: «Amiguis, ¿en qué andas?» Carolina: «Nada, chama, aquí, con un HUEVÓN…»

Hmmm… Como que no, ¿verdad?

Muchachos, llamar a una mujer «un culito», a menos que sea echando vaina (lo otro por lo que somos etiquetados los venezolanos), indirectamente los revela como que lo único que quieren es, para usar la misma palabra, «culear». Mientras no hay nada intrínsecamente malo con eso (Dios sabe que a todos nos gusta un bamboleo horizontal de vez en vez), mientras sigan mandando esas señales a las mujeres del país –mujeres que cada vez son más desconfiadas de los hombres– los que van quedando cada vez peor son ustedes. Es cierto, siempre habrá alguna pobre pendeja que no aprenderá y seguirá recibiendo coñazos sentimentales hasta que se conviertan en un hombre con tetas, que tratará al pobre idiota que caiga en sus manos de la misma manera que la trataron a ella, y se dará cuenta que esa sí la quería, pero ya es demasiado tarde porque el tipo anda con una que sí le dio la oportunidad.

Así que a ustedes, idiotas que prefieren salir con un culo con piernas, que se divieratn: papá se queda con el paquete completo, ese regalo (ciertamente a veces insoportable pero siempre regalo) que Dios nos dejó: una MUJER.

Desde el punto de vista de los hombres

¿Saben cómo hay tantas listas así como «El manifiesto femenino/masculino» o «Cosas que las mujeres quisieran que los hombres hicieran más»? Pues ahora le toca a nosotros, ese raro grupo de hombres que tiene (silencio horrorizado) sentimientos. Encontré esta lista en Internet sobre el punto de vista del «hombre moderno» sobre ciertas situaciones, y aquí la publico con algunas adaptaciones. Espero que toda mujer que he conocido, conoceré y en especial la que comparte mi vida amorosa en este momento la lea.

  • No nos importa si hablas con otros tipos.
  • No nos importa que seas amiga de otros tipos.
  • Pero si estás sentada al lado de nosotros, y un tipo equis entra y brincas y lo lanzas al piso… bueno, sí, eso pica. No, mentira; arrecha.
  • Y es peor si para rematar ahí se quedan diez minutos hablando con él sin asimilar el hecho de que todavía estamos ahí.
  • No hay rollo si un tipo te llama, pero a las 2 de la mañana es como motivo para preocuparse.
  • Nada es lo bastante importante (a menos que sea una emergencia) que no pueda esperar hasta el día siguiente. Digo, ¿cómo reaccionarían ustedes si fuera al revés?
  • Si decimos que están: bonita, bella, hermosa, linda o algo que sólo puede ser descrito con un «Dioooossss», lo decimos en serio, coño.
  • No nos digan que no es cierto. Dejaremos de tratar de convencerte.
  • Una de las cosas más sensuales de una mujer es su CONFIANZA EN SÍ MISMA (que no es lo mismo que narcisismo).
  • No se molesten cuando les abrimos la puerta (sí, hay mujeres que aún se molestan con esto).
  • Aprovechen que, o estamos de ese humor, o somos esa clase de hombre.
  • ¡Dejen que paguemos por ustedes! No se sientan «mal» por eso, no les de pena. Nos encanta hacerlo. A veces hasta creemos que lo es esperado. Si insisten en «compartir» o «un día tú, un día yo», discutan con raciocinio, no se molesten o le formen un peo al pobre tipo por ser un caballero. Si no, simplemente sonrían y digan «gracias».
  • Besito cuando nadie nos ve.
  • Si hay besito cuando saben que nos están viendo, estaremos más impresionados.
  • No tienen que vestirse de gala cuando van a salir con nosotros (aunque lo agradecemos mucho).
  • Si vamos a salir con ustedes para empezar, no TIENEN que ponerte la falda más corta, el pantalón más apretado, la blusa más corta/escotada o todo el maquillaje que cargas encima.
    Nos gustan ustedes por quiénes son, no qué son. (Ejemplo: tú me gustas y te quiero por ser María Antonieta Ortega, no por lo buena que estás.)
  • Por lo general, yo soy de la opinión que una mujer está en su punto más hermoso cuando está lo más natural posible (no está limitado, aunque ciertamente incluye, escasez de ropa).
  • No se tomen todo lo que decimos en serio.
  • El sarcasmo es algo hermoso. Ve la belleza en él. No se molesten con facilidad.
  • Dejen de usar Cosmopolitan, Vanidades y otras como la Biblia.
  • No nos importa tanto que nos digan qué BE-llo es o qué BUEEENO está Juan Carlos García, Isnardo Bravo, Colin Farrell, Brad Pitt, etc., pero cuando es algo persistente, una de dos: o nos vamos a picar (¿para eso no están las amigas?) o ya no tienen moral para reclamarnos cuando admiremos la belleza de Alba Roversi, Patricia Fuenmayor, o cualquiera de las Chicas Polar.
  • PUNTO IMPORTANTÍSIMO: Mujeres, si un tipo no las está tratando bien, no esperen a que el tipo cambie. Destierren a esa desgracia para el gremio a la Tierra de los Machos Vernáculos y encuentren a alguien que las traten con respeto.
  • Alguien que les respete su moral.
  • Alguien que las haga sonreír cuando estén mal.
  • Alguien que las querrá aún cuando cometen errores.
  • Alguien que las amará, no importa lo mal que lo hagan sentir, o lo que hagan (pero no abusen, o las desterradas serán ustedes.)
  • Alguien que dejará de hacer lo que están haciendo sólo para mirarlas a la cara, decir «Te amo», y sentirlo.
  • Creo que los tipos buenos (sí, existen) se merecen una oportunidad.

PARA LOS MENOS EXPERIMENTADOS

Agarrando manos

  • Chicas: Si quieren agarrarle la mano, tóquenla con cuidado un par de veces.
  • Chicos: Agárrenla si sucede más de una vez. O simplemente si están caminando.

«Acurrucamiento»

  • Chicas: Cuando quieran acurrucarse, digan que tienen frío.
  • Chicos: Que sea automático el acercamiento. U observen en el momento que hace un gesto de frío.

En el cine

  • Chicas: Durante un película, si les pasa el brazo por los hombros, recuesten su cabeza del suyo.
  • Chicos: Levántenle la cara y denle un beso.

Amor a cada uno

  • Chicos: Cuando les digan «Te amo», al menos la primera vez, por amor a Cristo, nada de «Yo también», «Sí, yo sé» o afines. Mírenla a los ojos, denle un piquito, y díganle «Yo también TE AMO» — y díganlo en serio.

«Acostados bajo las estrellas»
(léase: acostados en la playa, acostados en la cama, acostados en un chinchorro, o acostados en el sofá viendo TV)

  • Chicas: apóyense en su pecho y oigan su corazón latir.
  • Chicos: susúrrenle en el oído y entrelacen su mano con la suya.

A todos los hombres que van a burlarse de esto, piensen en si están en cuándo fue la última vez que hicieron algo romántico por su pareja. Y a las mujeres que no se creen que haya hombres que piensen así todavía, sí existen, pero a mí no me busquen para demostrarlo. Ocupado.

Mi amada mortalidad

La muerte del actor Heath Ledger la semana pasada me pegó como si fuera un amigo personal mío. Más allá de lo que se puede leer entre líneas, por aquello de la identificación con un actor talentoso por sus papeles, por su personalidad en algunas entrevistas, etc., la muerte llegó en un momento en que me toca enfrentar el hecho de que, aunque tengo la mentalidad de un camo de veinitantos, no estoy precisamente echando para atrás el reloj. Suena como drástico, sobre todo considerando el hecho de que el actor murió con algo relacionado a drogas –legales o no– pero la coincidencia está allí.

El mismo día que Ledger era pronunciado muerto, me pesé y medí en una de esas super pesas que hay en ciertas farmacias. Estoy pesando unos 95 kilos, con 1,82 m. de altura, lo que de acuerdo al común conocimiento médico quiere decir que etsoy unos doce o quince kilos por encima de lo que debería ser mi peso normal. Lod ivertido es también esto: no fue una prueba hecha por un doctor, pero descubrí que mi presión sanguínea está en 14/8 — y lo normal debería ser 12/6, o algo así. Cualquier otro no le pararía, pero cuando tienes 36 años y un historial de hipertensión en tu familia (padre, madre, abuelos maternos, abuelos paternos, tíos, etc.), es momento de oír las alarmas que suenan en tu cabeza y enterarse que esto no es un ensayo.

Eso sí, gracias a Dios no he tenido lo que se podrían llamar problemas de salud anteriores; tampoco puedo ser llamado obeso, sólo tengo sobrepeso. Claro, no puedo decir eso con autoridad porque nunca he visitado a un médico distinto a un odontólogo en toda mi vida. Mi primera visita a un cardiólogo será este viernes. No les puedo decir la emoción que me produce. Más que nada porque me da pena decirles qué emoción me produce.

Obviamente, una persona más paranoica estaría un tanto deprimido a este punto. Creo que es el equivalente de un empedernido mujeriego cuando se enfrenta al hecho de que pronto se va a casar, y que para colmos lo va a hacer voluntariamente. «¡Voy a perder mi libertad! ¡Mi vida ha terminado! ¿Por qué no me castran de una vez y se acabó?»

No he llegado al punto de la depresión, pero sí entiendo que esto significa que muchas cosas que me encantan estarán eventualmente en la lista de prohibidos. Peperoni, comida china, hamburguesas de puestos, todo eso dirá chau-chau. Ciertos dulces y postres, gracias por venir. Y a eso hayq ue añadirle el diario consumo de las pastillas para controlar la hipertensión.

Claro, mucha gente a este punto me dirá que considere la alternativa. Y les digo, por supuesto que lo he hecho. Honestamente, cuando considero escoger entre comerme yo solo una enorme pizza con extra de queso y peperoni y estar enchufado a una máquina porque el corazón decidió salirse de mi pecho y golpearme con un tubo, digamos que no tengo que pensarlo mucho. Digo, yo quiero llegar al menos a los setenta años como se ve Sean Connery, o al menos entero.

Pero claro, es mejor que lo empeice a hacer ahora, que aún me veo y actúo como un tipo joven. Y además, estemos claros, estoy aún joven para estar pensando en mi muerte. Si los mismos Morgan Freeman y Jack Nicholson no lo hacen –tipos que ya sobrepasaron los setenta y, en el caso de Nocholson, han bebido, fumado y (ejem) «amado» hasta el cansancio– ¿por qué he de hacerlo yo? Estoy en un punto de mi vida en que, aunque estoy bastante contento con muchas cosas, estoy aún lejos de estar satisfecho con lo que tengo. Hay aún mucho trabajo por hacer: independencia económica verdadera, vivir solo, casarme, hijos. Pero como dije antes, esto prende alarmas en mi cabeza que ya no puedo igmorar más. Ha llegado el momento de dos cosas: cuidarse… y ponerse a trabajar.

Cuando la mente simplemente se rehúsa a trabajar

La mente, cuando trabaja por instinto, es una traidora. Pero al menos da para momentos muy divertidos.

Yo admito ser medio distraído. Algo que atestiguarán mis amigos, aunque ellos, miserables, usen el calificativo «agüevoneado». Trato de que no sea mucho, pero a veces el sueño y mi mente me juegan una mala pasada. Menos mal que yo me río de mí mismo y soy feliz.

Ayer, como a las siete y tanto de la mañana, una compañera de trabajo y yo estamos chateando. En una de esas, ella necesita decirme algo con su voz. «Dame tu extensión», me pide. Algo que le he dado no menos de doce veces. «Jejejeje, te lo voy a tener que tatuar», le escribo. «3334.»

«La TUYA», me escribe.

¡Ay pero qué picada!, pienso yo. Pero tengo demasiado sueño y estoy de demasiado buen humor para realmente contestar. Lo único que le pongo son las clásicas sacadas de lengua. «:P 😛 :P» Y espero a que me llame y me mente la madre.

«Gafo, ¡que me des tu extensión, chico!»

Eso activa mi hueso de la joda. Ay, ésta quiere pelea. «Ah pues señor, te lo acabo de dar, TRES TRES TRES CUATRO.»

La respuesta no se hizo esperar. «ESA ES LA MIIIIIAAAAAAAAAAA!!!!»

¿Saben esos breves momentos cuando ven algo muy obvio y se olviden de cómo reaccionar? Pues eso me pasó. Me quedé mirando la pantalla como si me estuviera pidiendo que explicara la ecuación de Einstein. Luego simplemente me empecé a reír. Del tiro, ni le pude mandar la extensión sino un minuto después.

El incidente me llevó a una escena aún más «inquietante» de mi infancia/temprana adolescencia. Mi hermano tendría quizá diez años, y yo soy tres años mayor. Estábamos en la sala de estar de mi casa jugando Memoria. Como saben, el juego consiste en combinar tarjetas iguales que están puestas al azar sobre la superficie. Cada tarjeta está enumerada. Es decir tiene un número. Vean bien: NÚ-ME-RO. Es importante, créanme.

En una de esas, mi hermano parece perderse y me pregunta: «¿Chamo, por qué número vamos?»

Yo honestamente juro, hasta este día, que no le entendí. Obviamente ahora, me río a la vez que me preocupo. Pero mi reacción en ese entonces fue mirarlo extrañado y preguntar: «¿Que por qué no me lo vamos?»

Esa misma cara que ponen ustedes ahora la puso mi hermano. Y estamos de acuerdo que eso que pregunté para confirmar que había oído mal no tiene ningún sentido en ningún plano de la realidad. Se ríe, y me vuelve a preguntar: «No, chico, que por qué número vamos.»

Y yo aún no entiendo.

Le vuelvo a preguntar: «¿Cómo que por qué no me lo vamos? ¿No me lo vamos a qué?»

No estábamos al lado de una construcción. No teníamos música puesta. No estábamos a dos cuadras de distancia, ni siquiera cien metros. No, estábamos más o menos la distancia que está entre ustedes y su computadora, quizá un poquito más, a las tres de la tarde de un sábado, creo, en el más abosluto silencio. lo único que se oían eran los sonidos de mi mamá en la cocina. Mi hermano no es el ser más paciente del mundo; por eso merece un reconocimiento cuando, luego de mirarme como si en efecto perdí la razón, respira profundo y me pregunta otra vez. «No, Juanky. Que por qué NÚMERO vamos.»

Y ahí se solucionó todo. Y finalmente le entendí y le dije, «Ah ok, vamos por el…»

NO.

Aún no le entendía.

Es en serio. A gran riesgo de mi vida (los días en que mi hermano menor me iguala en tamaño pero me supera en masa muscular estaban todavía unos diez años o más en el futuro, pero igual el chamo era un tanto… apasionado en todo), estoy tratando de no parecer demasiado estúpido (y fallando miserablemente) cuando le vuelvo a preguntar: «¿Pero qué es eso de ‘por qué no me lo vamos’, chamo? ¡No te entiendo!»

Mi hermano simplemente no aguanta más. La vena en la frente que sería como una señal de alarma en el futuro se brota. Se pone rojo como el sol al atardecer e igual de caliente. Está que llora, pero al mismo tiempo se ríe, convencido de que comparte los padres con un absoluto subanormal. Se para y me grita: «¡Coño, muchacho anormal, NÚMERO! ¡Que por qué NÚMERO vamos! ¡NÚMERO! ¡NÚMERO! ¡¡¡NÚUUUUMEROOOOOO!!! ¡¿Ahora sí me entiendes, coño?! ¡¡¡NÚMEROOOOOOOO!!!«

Yo me le quedo mirando, entre asustado y muerto de la risa como estoy ahora. Y digo: «Aaaah, NÚMEROOO. Ah, okeeey…»

Sencillamente no seguimos jugando ese día. Hoy, profesionales de treinta y pico de años, los dos todavía nos reímos del episodio. Y yo agradezco que algo haya impedido que me haya reventado un jarrón en la cabeza o algo.

Prueba de que, si uno se descuida, la mente simplemente se va a huelga. Así que mosca.

Y se acabó

Mi papá tiene la costumbre de decir que el 31 de diciembre es un día más. Y si lo ven con un ojo frío y crítico, tiene razón. Digo, nadie importante (si no cuentan al bajista de Aerosmith) nació ese día, nada se descubrió, no hubo un verdadero evento vital en la Historia. Simplemente… se acabó el año. Algo que ocurrirá hasta que el Sol devore a la Tierra dentro de 15.000 millones de años. (Sí, en serio.)

Pero los seres humanos lo han convertido en la gran fiesta mundial (bueno, excepto en China y zonas aledañas). Ese día todo el mundo celebra que el tiempo aún avanza, que el Sol aún se levantará en el horizonte, y que nosotros seguimos aquí.

Bueno, yo estoy en ese segundo grupo. Es una extraña mezcla de felicidad y nostalgia, donde en esos momentos mientras esperas las doce campanadas al lado de tu familia y demás seres queridos recopilas todo lo que pasaron en esos 365 días, piensas mucho qué hubieras hecho distinto y qué quisieras revivir porque lo hiciste tan bien o la pasaste tan genial. Al mismo tiempo, miras hacia adelante y es un enorme y vasto laberinto de canales, donde sólo puedes caminar hacia una dirección, sólo se ilumina un día a la vez y se va cerrando detrás de ti para no abrirse más, de modo que más vale que lo que hagas en esa cámara en la que te encuentras valga la pena.

Este año fue extraordinario, estoy lleno de cosas por las que debo estar agradecido. Por el Correo del Ávila, por El Nacional, por la tesis. Por terminar la universidad, por terminar Loscher. Por cada beso tuyo, por cada pedazo de piel que acaricié, por cada sonrisa que me regalaste. Por la salud de mis padres y hermano, por cada película. Por las amistades que mantuve, por las nuevas que hice. Por el resultado de las elecciones. Por cada risa. Por cada llanto consolado.

Lo que más quiero para el año próximo, claro está, es que todos caminemos juntos a una sociedad en que nuestra comodidad individual sea menos importante que la comodidad colectiva. Lo que más quiero para mi familia, que la tranquilidad sea una realidad permanente, como lo fue en gran parte de este año. Lo que más quiero para mí… bueno, que todo lo bueno que me pasó en este 2007 que está por terminar –los premios, las satisfacciones académicas, las buenas relaciones– sean un pálido reflejo de lo que me espera en 2008. Que ese viaje, ese trabajo, ese dinero extra, se den también, al lado de una salud cada vez mejor y una madurez cada vez más definida. gracias Dios mío por todo lo recibido, y lo que voy a recibir.

Por último, gracias a ti, amigo lector, que cada vez inspiras más cosas para este blog, y seguro inspirarás muchas más.

¡Feliz Año Nuevo, mundo!

¡Que NO te dije!

El tiempo de Dios es perfecto, dicen. Y qué perfecto que éste sea mi post No. 100.

Estaba enfermo, estaba cansado, tenía frío, y al día siguiente tenía que trabajar. Pero igualito, con mi papá y mi hermano esperamos, muy a la expectativa, los resultados oficiales. Cuando al fin, a la 1:46 de la mañana, Tibisay Lucena dio los resultados oficiales. Y por primera vez en nueve años, las lágrimas que corrieron era de alivio.

Sí; por muy poco margen, Chávez había sufrido su primera derrota electoral en todos los casi nueve años de gobierno que llevaba.

Pero esta victoria no es de andar de parranda el resto del año; para eso está Navidad. (Que va a ser la primera que la oposición disfrutará con calma, by the way.) No fue una victoria arrasante; más bien demostró que el país está bien dividido, y que no hay suficiente entusiasmo por votar. Entonces para ponerlo sencillamente, es por ahí que hay que empezar a trabajar. Y trabajar con AHÍNCO. Chávez aún tiene seguidores casi fanáticos, que lo seguirán no importa lo que pase; pero muchos simplemente lo siguen porque les ofrece –y a veces hasta da– lo que les promete.

¿Entonces qué le queda a la oposición? Empezar a trabajar desde ya. El papel del movimiento estudiantil fue crucial, pero obviamente las cosas no pueden depender de ellos únicamente. La oposición tiene que trabajar más con los barrios, más con los sectores deprimidos, más a trabajar en un proyecto de país en vez de simplemente contrariar a Chávez.

Uno hará lo que pueda por contribuir. Por ahora, me limito a decir: ¡felicitaciones Venezuela!

Día D… referéndum

Ando trabajando desde las 6 de la mañana en el periódico. Estoy enfermo, tengo frío, tengo sueño, pero bueno, aquí andamos, cumpliendo nuestro deber. Gracias a Dios que ésta no es una guardia normal, porque si no estaría de un amargado…

A pesar de que ésta es la primera vez en que las encuestadoras en las que yo confío dan una esperanza de triunfo, no tengo el mismo optimismo de otras elecciones. ¿Ha sido más discreta la campaña? ¿Han habido menos encontronazos? ¿O simplemente estoy dormido y por eso no me he sentido con los espíritus tan altos como antes?

El venezolano que diga que ésta no es la elección más importante de nuestra historia reciente es que no vive en el país. Sea cual sea la opinión política, estamos decidiendo el rumbo político de nuestro país. ¿Les parece poco?

Para ser absolutamente sincero, yo lo único que quiero es salir de aquí, votar, dormir, y empezar a rezar por mi país, que tanto quiero y tanta rabia me da ver cómo lo maltratan de uno y otro lado. Sólo espero que rezar sea suficiente. Ayúdanos Dios mío.