Mandela y nuestras elecciones

DEBBIE YAZBEK / MANDELA FOUNDATION / AFP

Nelson Mandela siempre estuvo en el tope de mi lista de personas –y en la de muchos, estoy seguro—por lo que hubiera dado todo poder conocer, simplemente estrecharle la mano y decirle “gracias” por su inspiración. Lo más cerca que llegué a hacerlo fue cuando mi mejor amigo se lo encontró en un hotel en Trinidad y Tobago para alguna cumbre a la que asistió. Lo cierto es que sin duda, Nelson Mandela fue uno de mis héroes. Representa todo lo que quisiera ser en un ser humano, con todo y sus defectos. Como el sitio The Onion tan elocuentemente lo dijo, se convirtió en el primer político que realmente será extrañado.

Y lo que me hace sentir tan bien sobre admirar a alguien como “Madiba” es que el hombre era eso, un hombre. Extraordinario, sí, pero de tan carne y hueso como yo. Como la venidera película Mandela: Long Walk To Freedom claramente expone –basada en su autobiografía, que también deberían leer—él no siempre fue el ícono de la paz y de la entereza a la que estamos acostumbrados a ver. El ex boxeador de la aldea de Qunu en Sudáfrica estuvo en la lista de terroristas de la CIA hasta 2008, y con bastante razón: él mismo bombardeó varios edificios gubernamentales y estaba listo para la lucha armada. Miren la primera entrevista televisiva que ofreció, en 1962, cuando tenía 42 años. Sí, dijo que “los africanos quieren, necesitan la franquicia, de Un Voto Una Persona –quieren independencia política”. Al final, cuando estaban al punto de la mayor violencia policial, Mandela estaba seriamente considerando ir a la lucha armada, más que nada porque el gobierno sudafricano le cerró todas las vías pacíficas. Quizá la historia lo haya visto, y seguramente habría terminado, como uno de sus héroes: Ernesto “Che” Guevara.

Ah, ¿y todas esas fotos que han salido de Mandela con Fidel Castro? Muy ciertas. Mandela y el dictador cubano tuvieron una estrecha amistad durante años. “Durante todos mis años en prisión, Cuba fue una inspiración y Fidel Castro, una torre de fuerza”, dijo Mandela alguna vez. Y sería el colmo que no: Cuba siempre fue de los primeros países que se pronunció en contra de la política del apartheid en Sudáfrica. De hecho, fue más allá: Cuba envió tropas a Angola, cuya insurgencia operaba con el gobierno sudafricano. En la batalla de Cuito Cuanavale, las tropas cubanas jugaron un rol decisivo para detener el avance angoleño sobre el nacimiento de la muerte del apartheid. Eso fue algo que Mandela nunca olvidó, y ciertamente Cuba nunca olvidará.

De hecho, cuando Mandela finalmente fue liberado en 1990 luego de 27 años de prisión, Mandela afirmó que “tenía tres amigos en el mundo, y voy a ir a visitarlos”. El primero fue Fidel Castro; el segundo, Yasser Arafat, el líder de la Organización para la Liberación de Palestina (varias veces comparó la lucha contra el apartheid con la colonización palestina de Israel; ¿será por eso que Benjamín Netanyahu no puede costear ir a su funeral?); y el tercero, y quizá el más controversial, Mohamar Khadafi, el dictador libio. Tan es así que uno de los nietos de Madiba se llama Khadafi en su homenaje. Tampoco sorprende: el excéntrico líder libio fue una de las principales voces en contra del apartheid, uno de los principales financistas de la campaña electoral de Mandela –aunque dudo que la haya necesitado—y uno de los impulsores para crear la Unión Africana de Naciones. Cuando el presiente de Estados Unidos Bill Clinton –quien también fue muy amigo de Mandela—quiso presionarlo para distanciarle de Khadafi, la respuesta de Madiba fue muy clara: “Quienes se sientan irritados a nuestra amistad con el coronel Khadafi pueden saltar a una piscina”.

Pero la obra posterior de Madiba opaca cualquier amistad vergonzosa –para el resto del mundo, no para él—que haya podido tener. En su vida, Nelson Mandela no tuvo un verdadero desencuentro con ningún líder mundial prominente. Traten de decirme de un verdadero conflicto que el hombre haya tenido en su vida. Es porque, de cierto modo, la cárcel fue lo mejor que le pudo suceder. Lo calmó. Lo hizo ver que la violencia sólo genera más violencia. Hizo que viera que al final, todo lo que los sudafricanos querían era vivir en sana paz. Y se aseguró de tratar a todos como esperaba que lo trataran a él.

John Carlin, en su libro El Factor Humano, donde narra el trabajo que Mandela hizo para lograr una Sudáfrica unida, que culminó en el triunfo de la selección nacional en el Mundial de Rugby en 1996 (luego adaptado en 2009 como la película Invictus, con Morgan Freeman y Matt Damon), destaca un evento en que su abogado fue a visitarlo en la isla de Robben, donde pasó la mayor parte de sus 27 años de prisión, que ilustra para mí perfectamente cómo Mandela logró precisamente un cambio en los sudafricanos. En ese momento tenía un contingente de guardias cuidándolo, y cuando llegó su abogado, Mandela lo abrazó, habló dos minutos con él, y de repente dijo: “Oye, disculpa, no te he presentado a mis guardias”. Se acordaba de cada uno de sus nombres, y los trataba con el mayor de los respetos. Los guardias estaban atónitos. Así era Mandela: se aseguraba que todos estuvieran cómodos en su presencia, abiertos al diálogo, y entonces él les expresaba lo que quería, y veía qué podía ofrecerles a cambio.

Diálogo. Fue siempre lo que Mandela buscó el instante que fue liberado de prisión. Buscó que todos sus compatriotas, blancos y negros por igual, se sintieron como parte de una sola razón. Como dijo uno de los primeros presidentes en declarar luego que Mandela muriera, Sebastián Piñera, “No sólo trabajó por la recuperación de la democracia, tuvo la generosidad de saber perdonar, luchar toda su vida por pacificar a su país”.

Perdonar. Los negros en Sudáfrica habían sufrido la peor clase de matanza y persecución y discriminación desde los judíos durante el nazismo. Y por una notable minoría blanca que los veía como perros. Kaffirs, los llamaba, el equivalente a “nigger” de los gringos. Y Mandela pasó años no sólo viendo eso, sino sufriendo miles de humillaciones desde la cárcel. Pero él supo salir de eso. Supo estar por encima de los odios y las discriminaciones, y salió buscando convertir a Sudáfrica en lo que es hoy: la nación más próspera del continente africano. Quizá no sea decir mucho –su PIB es de 11.600 dólares per cápita, tiene un 22,7% de desempleo, tiene la mayor tasa de mortalidad anual del mundo (17,36 por cada 1.000 habitantes), una expectativa de vida promedio de 49,48 años y su coeficiente de Ginni lo ubica en el segundo lugar en desigualdad en el mundo— pero tiene un fuerte mercado de turismo, prestigiosas universidades y tanto blancos como negros en su casi totalidad están orgullosos de ser sudafricanos, “la nación arcoiris”.

Mientras participaba en las elecciones municipales del pasado 8 de diciembre, me acordaba de las fotos de larguísimas colas de personas emocionadísimas en los barrios más pobres de Sudáfrica eligiendo por primera vez a un presidente negro. Veía las caras largas de la gente, el entusiasmo de algunos, pero estaba lejos de ser una “fiesta electoral”. Es porque aquí no ha habido un Mandela. No hubo un Hitler ni de vaina, aquí no ha habido un dictador, pero el líder que salió de la cárcel salió a explotar las divisiones que ya existían para lograr el poder que tampoco logró con violencia. Sí, había una diferencia considerable entre la élite política y los millones de pobres que hay en el país, algo que tenía, a juro que cambiar. ¿Pero así? No.

Venezuela está bastante mejor que Sudáfrica en muchos aspectos –nuestro PIB es de cerca de 13.800 dólares per cápita, tenemos un 7,8% de desempleo, nuestra tasa e mortalidad aún está en 5,63 por cada 1.000, nuestra expectativa de vida está en 74,23 años, estamos de 69 en el rango de desigualdad en el mundo—pero cualquiera le diría que ser clase media en Venezuela no es mucho mejor que ser clase media en Sudáfrica. Muchos sencillamente se han dado por vencidos con nuestro país.

¿De verdad queremos nuestros país, me pregunto? ¿Nos preocupa el bienestar de él? ¿De todos? ‘O sólo nos estamos preocupando de sobrevivir nosotros? Si usted vive en alguna zona clase media alta-alta de Venezuela –al este de Caracas, Prebo en Valencia, así—, ¿cuánta gente conoce que se ha ido del país? Los índices de abstención en zonas de Caracas como El Cafetal o Prados del este sin duda son afectados porque la gente que vota ahí simplemente ya no está en el país. ¿Y sabía que por eso, los venezolanos somos los latinos con mayor nivel de educación en Estados Unidos? Somos apenas el 0,5% de los 52 millones de latinoamericanos allá en el norte, pero 51% de los mayores de 25 años tiene una licenciatura o un  TSU, comparado con 13% del resto de los latinos. Es más, comparado con 29% de los estadounidenses. How d’ya like them apples?

Eso quiere decir que la gente más preparada es la que se está yendo del país. Es cierto, las cosas no están nada fáciles para alguien clase media, qué con los precios de los apartamentos, los carros, la comida, los niveles de inseguridad y la polaridad política. Pero eso deriva en otra cosa. ¿Se acuerdan de “Caracas, Ciudad de Despedidas”? Critiquen mucho al país que ha dejado de ofrecerles algo concreto a esos chamos, pero critiquen también a los padres, en mi opinión, que no les formaron una identidad nacional. Es cierto, está como difícil hacer lo que hacía uno cuando era chamo, que era lanzarse al Metro hacia el centro sólo para pasear, o dejar al chamo ir solo a la panadería cuando tenía diez años.

Pero aquí entro yo con mi opinión muy personal. Si todos tenemos memorias de ese país en el que teníamos alguna esperanza de progresar, ¿por qué no se lo trataron de inculcar a sus hijos? ¿Por qué criarlos con la idea que se podían, o hasta que debían, irse para afuera porque esto “ya no tiene remedio”? Me recuerdan a una historia de un cura que fue a una fiesta de 15 años, y cuando pusieron el reggaeton y las carajitas empezaron a perrear, mira a los papás, que avergonzado dice “¿y qué vamos a hacer?” El cura contestó “eso no lo digo yo, eso lo deberían saber ustedes”. Lo mismo digo, ¿por qué no hicieron algo cuando sí tenía remedio? ¿Por qué ahora hay tantos que lo que quieren es largarse antes de pelear o trabajar por su país? ¿Por qué hay un grupito que, aún queriendo un golpe de Estado, así no lo diga, siguen llamándose “democráticos”? ¿Cuál es la idea, poner a alguien que los trate a ellos como nos están tratando ahorita a nosotros? ¿No fue eso lo que pasó en 1999?

La pura verdad es que, por mucha falta que hace un Mandela aquí –en cada país del mundo, creo yo—, me pregunto cuánto tardaría en darse por vencido. Ya sea Capriles, Chávez, Maduro, Caldera o quien sea, nosotros siempre queremos un mesías, un carajo que toque todo en esta vaina y lo arregle, y no terminamos de entender que no es uno solo que va arreglar este desastre. Mandela logró unir a su país porque hizo a todos entender que eran parte de un mismo pueblo, así tuvieran distintos orígenes. Sí, cuando ganó la presidencia muchos sudafricanos blancos salieron huyendo temiendo represalias, pero los que se quedaron prosperaron de lo lindo. Porque Mandela creó oportunidades para blancos y negros por igual. Porque los unió. Porque los hizo uno solo. Porque sabía que no podía solo. Porque con toda y su grandeza, era un solo hombre.

Reitero mi pregunta en mi último post: ¿estamos jodidos?

Lala ngoxolo, tata Madiba. Descansa en paz, padre Madiba.

No se dejen

Estamos a 31 días de las elecciones en Venezuela, llegando al llegadero, como dicen. Esta es la época en que debía suceder algo que yo dije que si ocurría, yo empezaría a realmente preocuparme sobre los resultados de esas elecciones.

Bien, ocurrió. Lo malo es que no ocurrió como yo esperaba. En rueda de prensa desde el parque El Calvario “Ezequiel Zamora”, en Caracas, el presidente Hugo Chávez presentó una encuesta de Datanálisis, una de las encuestadoras más serias del país y una de las que, en lo personal, me parece más confiable a la hora de una medición de opinión. No recuerdo las cifras con exactitud, pero sí recuerdo una ventaja de 14,3 puntos porcentuales del presidente Hugo Chávez sobre el gobernador Henrique Capriles.

Fiel a mi promesa: empiezo a preocuparme.

Claro, hay que decir que no creo que Luis Vicente León haya entregado al Gobierno los resultados de su estudio, en primer lugar, porque esos estudios fueron realizados a solicitud de un cliente privado que pagó una fuerte cantidad para que se hicieran. En conversaciones que yo mismo he sostenido con el director de Datanálisis (y por extensión, con otros representantes de encuestadoras), León me ha aclarado que ellos no anuncian los resultados de sus encuestas, sino que los entregan a los clientes y ellos deciden si los hacen públicos o no. Segundo, León siempre ha tratado de mostrarse imparcial, como demuestra en su cuenta de Twitter, y por ello ha recibido ataques de lado y lado –un compañero que sigo en esa red una vez me comentó lo incómodas de sus verdades, una afirmación que yo sostengo— pero sí se ha identificado con la oposición con anterioridad, así que me permito dudar que el Gobierno haya contratado a su empresa para un estudio de opinión. Así que con el perdón, sospecho juego sucio en la manera en que el Gobierno haya obtenido esa información.

Pero obvio, eso no cambia los números que allí presentaron. No cambia el hecho que Datanálisis, como ya dije, es una de las firmas más serias y respetadas en el país; junto con Consultores 21, y para hablar con terminología beisbolera, tiene el average de bateo más alto en las encuestadoras del país a la hora de predecir una elección, cosa que dudo de Hinterlaces, IVAD, Mercanálisis y en especial de GIS XXI, fundada por el ex ministro de Ciencia y Tecnología, Jesse Chacón. (Lo siento; ese pana tiene demasiada afinidad con el Presidente. Demasiada.)

SI de verdad esos son los números de Datanálisis –y Luis Vicente León ha estado callado—pues esos son los números: Chávez ganaría con 14 puntos por encima de Capriles. Más o menos dos millones y medio de votos.

Las últimas semanas se nota que la cosa no es que esté tan distendida, porque ciertamente la campaña se ha calentado por parte del Gobierno. Las palabras “jalabola”, “fascista”, “neoliberalismo” y “paquetazo” se unieron a “majunche” en el léxico del Presidente para referirse a Capriles. La última salió de declaraciones de David De Lima, ex gobernador de Anzoátegui, y apenas hace unas horas, William Ojeda, diputado de la Asamblea Nacional. Ambos denunciaron un plan oculto del comando de campaña de Capriles, un plan de Gobierno que llevaría a Venezuela a un vuelco a la derecha al estilo de Mariano Rajoy en España (de hecho De Lima comparó a Capriles con el actual presidente del gobierno español). Que el hecho que tanto De Lima como Ojeda empezaron su carrera política como miembros del Movimiento Quinta República y luego militaron en la oposición, Ojeda en particular, monta algunas sospechas, y yo por lo menos quiero pensar que es un intento por el Gobierno de meter miedo a los indecisos y opositores “flojos”, y de tanto De Lima como Ojeda de volver a lucir.

(Un aparte sobre Ojeda: el hombre ha tratado en cuatro ocasiones de ganar la alcaldía del municipio Sucre, una vez con el MVR y tres con la oposición, primero con su partido Un Solo Pueblo y luego con Un Nuevo Tiempo. En las últimas elecciones regionales, cuando Leopoldo López fue inhabilitado y no pudo presentar su candidatura a la Alcaldía Mayor de Caracas, Ojeda fue propuesto por UNT, a pesar que Antonio Ledezma había sido el candidato por consenso –y eventual ganador—.)

¿El daño ya está hecho? Quizá. Pero yo destaco algo que Luzmely Reyes, jefa de política de Últimas Noticias (y una excelente persona), escribió en su columna del pasado domingo. Menciona que en las encuestas, las respuestas a “por quién votaría usted si el presidente Chávez no se puede presentar”, la opción no es Elías Jaua; es Capriles. También destaca que se podría leer que, o es Chávez, o es ninguno. Considerando que el cáncer parece que ya no es un problema –y si lo es, Reyes destaca, se está evitando como la plaga—yo no me preocuparía tanto porque Chávez no se va a presentar. Lo que sí quiero destacar es la última parte de su columna.

Pero si eso pasa allí, del lado de la oposición sucede una situación de descreimiento que puede afectar la opción de Capriles Radonski. Como algunos saben, el voto opositor suele ser muy sensible y huidizo. En general, cuando se le pregunta a los encuestados “quién cree Ud. que va ganar”, la mayoría afirma que Chávez, incluso aquellos que votan por Capriles. 

No hay que confundir este indicador “percepción de ganador” con intención de voto, pero los expertos advierten que es como una señal de alerta sobre una posible abstención. Si un votante piensa que su opción no tiene vida, puede terminar por no asistir a las urnas.

Tal situación se parece a la que se presentó en el referendo por la reforma constitucional en 2007. 

Aquella vez, los estudios mostraban que el NO estaba preñado de abstención. Los que preferían negar la petición del Presidente se abstenían porque creían que Chávez ganaría. Cuando factores de oposición se dieron cuenta de esto, comenzaron una agresiva campaña llamando a votar. La recta final de aquella campaña fue emocionante, porque también obligó al Presidente a moverse para reducir la brecha que se iba a abriendo. 

El referéndum por la reforma constitucional ha sido la única ocasión  que la oposición ha ganado una elección al presidente Chávez. Y la ganamos con una abstención de 44,11%.

No nos dejemos meter miedo, gente. Sí, no se puede negar que, al apelar a la mayor demografía del país, el Presidente siempre tendrá una ventaja legítima. Pero asimismo, siempre usa el temor como un arma. Ha dicho reiteradamente que si Capriles ganara, se acabarían las misiones, se privatizaría PDVSA, se eliminaría el gasto social, incluso se llegaría a una guerra civil (más palabras de De Lima que suyas). Yo espero pensar que nadie sería tan idiota.

Analicemos brevemente: gente que ha recibido atención médica gratuita por primera vez en su vida, ha recibido una vivienda propia (con condiciones) luego de vivir en un rancho, que ha recibido una educación (no muy avanzada, pero educación al fin) por primera vez en su vida, ¿va a llegar un gobierno a decirle “eh, mira, disculpa, pero ya no lo puedes tener”? ¿Es que creen que no se aprendió nada del Caracazo? Al mismo tiempo, debo destacar el mal estado de las carreteras y hospitales, la demora en resolver la vivienda, los constantes apagones y otras deficiencias en servicios básicos, las condiciones con las que te dan las viviendas en la Gran Misión Vivienda Venezuela (no te dan un título de propiedad, así que no puedes ni venderla, ni alquilarla ni modificarla) y un largo etcétera para decir que estos 14 años tampoco es que hayan sido un ejemplo a seguir. Chávez lo que sí hizo, como ya dije una vez,  es aumentar nuestra conciencia socia, demostrar que no se pueden ignorar las necesidades de la gente, del pueblo, durante tanto tiempo. Como tampoco demostrar l’estat c’est moi constantemente.

En pocas palabras, gente: una encuesta es sólo una fotografía de un momento. ¿Que la encuesta de Datanálisis demuestra una ventaja? Sí. ¿Que ya es seguro que va a ganar? No. ¿Que va a ganar seguro si no vamos a votar? Pero de bolas que sí.

A VOTAR CARAJO.

La lista queda

Sabrán disculparme, amigos, si se sienten un poco engañados por el título y lo que están a punto de leer. Pero lo que he visto hoy me impulsó a escribir este post. Parece que ahora necesito grandes acontecimientos para escribir por aquí… Pero bueno.

Hoy murió, a dos semanas de cumplir los 42 años de edad (recién cumplidos, igual que nuestro Presidente) el diputado Luis Tascón, luego de cuatro meses padeciendo un muy agresivo cáncer de colon. Fue un shock para mí ver a la presidenta de la Asamblea Nacional, Cilia Flores, una mujer que a pesar de la inmensa arrechera que le tengo hay que admirarle la facilidad para decir las cosas sin reírse, perder la compostura por completo cuando interrumpió una discusión en el hemiciclo y a dura penas pudo anunciar el fallecimiento de Tascón y pedir un minuto de silencio por su partida. Incluso se tuvo que retirar de su puesto. Si todo era teatro para demostrar que a pesar de todo era humana, lo desconozco. En especial considerando lo mal que lo trató un par de veces en el Parlamento y fuera de él. Pero igual me dejó pensando.

Y en esta época, sabes que Internet va a ebullir de comentarios. Algunos buenos, algunos malos, otros muy malos. La muerte de este señor ha despertado cada sentimiento negativo que hay en la sociedad. Si hacen una búsqueda en Twitter –como yo hice—se darán cuenta que el amigo era… bueno, amigo de muy pocos en Twitter. Desde un “qué bueno”, pasando por un “uno menos” hasta uno que propuso que exhumaran su cadáver para bailar un joropo sobre sus cenizas. Ni se diga el que propuso en cierta página que no voy a mencionar que se hiciera una “fumigación de ratas al resto del chavismo” para que siguieran su camino. Y ni estoy hablando de la que pidió que le respetaran su libertad de expresión por alegrarse de la muerte del diputado, y que no se molestaran en decirle que Dios la castigaría porque ella era atea. (Te lo respeto amiga, pero no esperes que lo comparta.) Incluso, mientras escribo esto en mi cuarto, escucho a mi vecino de arriba decirlo claro y raspa’o: “Qué bueno que se murió Luis Tascón”.

Ahora, sería muy, muy ingenuo si dijera que Tascón no se buscó esta clase de odio él mismo. O al menos, se prestó para recibirlo sin quizá saber lo que se le iba a venir. O de tan ciega obediencia que no le importó. Para los que no lo sepan, bien sea porque me leen del exterior o porque han vivido en una cueva estos últimos años, y no quieren leer Wikipedia, este es el cuento, que pueden saltarse si ya se lo saben.

En 2004, cuando el presidente Hugo Chávez cumplió la mitad de su primer mandato, un referéndum revocatorio para sacarlo del poder constitucionalmente. La forma de activarlo era recoger “un número no menor del veinte por ciento (20%) de los electores o electoras inscritos en la correspondiente circunscripción podrá solicitar la convocatoria de un referendo para revocar su mandato. Cuando igual o mayor número de electores y electoras que eligieron al funcionario o funcionaria hubieren votado a favor de la revocatoria, siempre que haya concurrido al referendo un número de electores y electoras igual o superior al veinticinco por ciento (25%) de los electores y electoras inscritos, se considerará revocado su mandato y se procederá de inmediato a cubrir la falta absoluta conforme a lo dispuesto en esta Constitución y la ley”, según el artículo 72 de nuestra Constitución. Casi cuatro millones de firmas se recolectaron, aunque al final se validaron 2,4 millones de ellas. Chávez igualmente ganó ese referéndum con casi 60% de los votos, pero los verdaderos problemas empezaron después.

Para demostrar un supuesto fraude de la oposición, Tascón fue comisionado por el Presidente a obtener esas firmas. Supuestamente, el diputado había comprado la lista a un miembro de la ONG Súmate, quien había ayudado a organizar la recolecta de firmas, pero por declaraciones dadas que había dado en días anteriores, la versión actual es que el hombre pudo pasar cuatro días fotocopiando las planillas con el permiso expreso de los rectores del Consejo Nacional Electoral. Por si fuera poco, Tascón subió esa data a su página web –y la lista se hizo pública. Sumado a un despido masivo de trabajadores de Petróleos de Venezuela en 2002, ahora empezaron a ser despedidos empleados de ministerios, contratistas y demás empleados directos o indirectos del Gobierno. Se empezaron a negar préstamos, detener asistencias, incluso a negar servicios médicos, como lo contó la periodista Mari Montes en su Twitter. Mucha gente debió abandonar el país, los que pudieron; otros cayeron en una profunda depresión, incluso el suicidio. Esta situación duró hasta abril de 2005, cuando el propio presidente Chávez ordenó que se “enterrara” la ahora llamada lista Tascón. No se ha cumplido al 100%, por lo que he escuchado, pero fue suficiente para que Tascón subiera el ranking de los más odiados del chavismo.

Claro, el chavismo no fue que lo trató muy bien. En 2007, el compadre de Chávez, su ex ministro de la Defensa, Raúl Isaías Baduel, criticó el proyecto de reforma constitucional que se iba a dar ese año, que luego no fue aprobado, y Tascón, en medio de voces que llamaban a la cabeza del general, indicó que sus declaraciones revelaba una división dentro del chavismo. ¿Osaste defender a un traidor?, bramó el aún por constituirse Partido Socialista Unido de Venezuela, el nuevo partido que agruparía a todas las facciones que apoyaban al Presidente. Por ello, Tascón se convirtió en el primer expulsado de un partido que aún no existía. De alguna forma, Tascón logra que lo perdonen, y sigue haciendo su trabajo dentro del Gobierno, hasta febrero de 2008, cuando Tascón tiene el tupé de denunciar al presidente del órgano recolector de impuestos, el Seniat, José David Cabello, de corrupción –y da la casualidad que el hermano de Cabello, Diosdado, es uno de los ministros más importantes del chavismo (bueno, lo era). Resultado: Tascón es expulsado del PSUV, de nuevo, y esta vez hasta el propio Diosdado lo llamó “agente del imperio“. Auch.

Aquí termina el cuento. Dado ese panorama, creo que hay que admirar los cojones que Tascón tuvo para lanzarse a alcalde del municipio Libertador (el más grande de Caracas) con un partido que él mismo fundó, Nuevo Camino Revolucionario. Por supuesto, sólo obtuvo 0,37% de los votos. Pero el hombre siguió insistiendo con sus denuncias, ahora como supuesto crítico del chavismo duro, pregonando ética y moral revolucionaria. Mientras que ya hasta se cree que el propio José Gregorio Hernández no ha sido santificado porque firmó.

¿Motivos suficientes para agarrarle hasta treinta arrecheras? Pero por supuesto. ¿Motivos para alegrarse por su muerte? POR SUPUESTO QUE NO, CARAJO.

En primer lugar, Tascón tenía una esposa, una hija y una madre aún viva. Como si fuera poco el odio que se debieron calar mientras estaba en vida, y los cuatro meses de agonía que debió superar, ahora deben leer todos los insultos y desahogos de la gente que decide aprovechar para sacar lo peorcito que tiene. ¿Qué esperan? ¿Lograr tres muertes más? ¿O creen que ellas son también culpables de lo que Tascón haya hecho o dejado que pasara? ¿Y cómo se sentirían ustedes si ven a su padre, esposo, hijo, madre, esposa o hija, recientemente muerto, insultado por gente que ni lo conoció?

En segundo lugar, ¿qué están ganando con eso? “El desahogo”, me diría uno de los menos virulentos, como me dijo una vez que critiqué una pita que le hicieron a la modelo Anarella Bono cuando fue jurado en el Miss Venezuela 2007, por sus preferencias políticas. “Botellazos por la cabeza, persecuciones, lista Tascón, periodistas presos, ¿versus una pitada? No joda, me canso”, me dijo. Porque es cierto, el Gobierno nos ha llevado a todos a un estado de casi permanente confrontación, y la lista Tascón es muestra de ello. Si no piensas como yo, estás en contra de mí, y debes ser barrido. O estás conmigo o no. Y el Presidente ha repetido esta frase o su equivalente una y otra vez. Es muy, muy difícil evitar caer en este círculo de confrontación, y de hecho ya vimos antes cómo, durante la breve salida del poder de Chávez en 2002, a su entonces ministro del Interior, Ramón Rodríguez Chacín (de quien se rumoró podría seguir el camino de Tascón, antes de aparecer en público recientemente) se le detuvo en la urbanización Santa Fe, y una turba enardecida lo golpeó fuertemente. Para nada, pues seis años después el hombre volvió a su cargo, aunque sea brevemente, y para ayudar a traer rehenes de las FARC de Colombia de vuelta a casa.

Eso me trae al meollo del asunto, y disculpen si me extendí. Algún día, Chávez se irá del poder. Y yo confío en que será por votos. Es más, será por votos. Quizás hasta en el propio 2012, cuando son las próximas elecciones presidenciales. Se montará entonces alguien de oposición, quién sabe quién. ¿Y entonces? ¿Saldremos con un bate a buscar al ministro del Interior actual, Tareck El-Aissami? ¿Habrá alguien que corra a arrancarle los pelos a la diputada Iris Varela, amiga de Tascón? ¿Ningún chavista podrá trabajar para e Gobierno? ¿Quiere decir que le tendría que decir a mis familiares que apoyan al Gobierno “quién te mandó”? Entonces, ¿pretendemos mejorar a Venezuela, o a dejarla igual, si no peor?

Nadie merece morir. Punto. Eso lo decide Dios o como decidan ustedes creerlo, si son ateos. Si el cáncer es un castigo divino, entonces mi padre algo nos ha ocultado, porque él lidió con el cáncer hace unos años atrás (y se curó). Un error común del Gobierno es pensar que Chávez estará en la presidencia para siempre; un error común y aún más peligroso de los que le oponen es pensar que, al irse Chávez, se acabó el chavismo. Chávez ha creado demasiado fanatismo, demasiada lealtad entre muchos de sus seguidores, como para pensar que el día que Chávez no sea presidente van a dejar de tener peso en el país. ¿Qué creen, que se irán todos a Cuba? ¿O están esperando una guerra civil? Si me pongo a ver los comentarios en Twitter, hay más de uno que se ve muy valiente detrás de un teclado. ¿Es así como queremos a Venezuela? Basié. Yo no. La lista Tascón no sé si haya sido enterrada, pero la lista que es su contraria, la que cada opositor radical tiene en su cabeza, que tiene los nombres de cuanto chavista quisiera ver caer cuando no sean gobierno, está vivita y coleando.

Sinceramente, la muerte de Luis Tascón ni me alegró, como no le alegró a la propia Mari Montes, ni me entristeció. Lo que sí me entristeció fue ver la cara de la Venezuela que ciertamente ayudó a crear y dejó al descubierto con su muerte. Espero que haya algo que aún se pueda rescatar de ella. Descansa en paz, Luis. Que Dios se apiade de tu alma. Y le dé paz a los que te extrañarán.

Un poquito de esperanza

En 2006, Chávez derrotó a Manuel Rosales en proporción 60-40. Muy parecido a lo que resultó este domingo pasado. En ese entonces, la depresión era grande. Una amiga a quien le agradezco infinitamente este gesto me pasó este escrito de un amigo suyo reflexionando sobre esa derrota. Creo que aplica bien ahora también. Quisiera compartir ese análisis ahora con todos ustedes. Adapto las cifras a lo de ayer, y le pasé algo de edición por cuestiones de tamaño y realidad, pero de resto, aquí está todo igualmente. No sé si sirva de consuelo para ustedes, pero que sea esto mi pequeña contribución para recordar que nunca —NUNCA— debe dejar de trabajarse por un futuro mejor, no importa las adversidades.

Mis Queridos:

Anoche el Pueblo habló. La Venezuela que estableció la mayoría de votos ayer Domingo es la Venezuela que tenemos, la que en cierta forma heredamos. Ya es hora de aceptarlo. Es nuestra realidad. Sin duda cada Pueblo tiene el Gobernante que se merece. Quizás lo que más nos molesta es que hay dos países y lamentablemente Chávez quiere uno solo. 54% de los venezolanos se merecen a Chávez.

Eso tiene una explicación. 54% de los venezolanos son Tradicionales y 46% son Modernos. Esta segmentación está claramente tipificada en el libro Detrás de la Pobreza de Luis Pedro España y otros excelentes autores. Les recomiendo de corazón que compren y lean este libro. Creo que es la mejor forma de entender la Venezuela de hoy y de los próximos años. Es una obra maestra.

Los Tradicionales en general se resisten a la modernidad y consideran que no tienen control sobre su realidad y su destino. Piensan que las oportunidades llegan y no se buscan, dependen de la suerte y del azar. También sienten que para lograr algo se necesita la ayuda de alguien. Tienen muy poca educación formal, la mayoría no han terminado bachillerato. Para ellos al tutoría del Estado es fundamental para cambiar su situación. Para ellos Chávez es el Estado y lo ven como a un padre que impone disciplina con autoritarismo.

Según el estudio Detrás de la Pobreza, ellos son el 60%. Los Modernos reconocen que hay un control personal sobre su destino y su futuro. Son confiados en si mismos y en los demás como individuos. Confían parcialmente en las Instituciones y eso los hace desarraigados, con una orientación claramente individualista. El Modernismo es consecuencia de un proceso de crianza en familia, socialización y educación. El modernismo se afianza en la interacción del individuo con ambientes colectivos como el laboral y el público. Los Modernos aprenden a competir y aceptan sus consecuencias. Han aprendido a ganar y a perder. Según el estudio Detrás de la Pobreza somos el 40%.

Para nosotros los Modernos es muy difícil aceptar lo que pasó anoche. Por eso los invito a entender que Chávez gobierna para los Tradicionales y desprecia a los Modernos. Todo lo hace para los Tradicionales. Sin embargo, esos mismos tradicionales rechazan a Cuba y al Comunismo en un 90%.

Pienso que Chávez atrae a los Tradicionales despreciando a los Modernos y por eso nos ataca constantemente. A los Modernos no nos gusta que nos digan lo que tenemos que hacer y mucho menos viniendo del Estado. Eso nos molesta y nos hace reaccionar emotivamente en vez de racionalmente. Chávez mantiene a los Modernos a raya atemorizándolos con conceptos como comunismo, adoctrinamiento, guerra, violencia, restricción de libertades etc. Y a los Modernos nos encanta comer casquillo con esos conceptos porque los rechazamos profundamente. Eso nos hace reaccionar exagerada y emotivamente. Ese es el poder que Chávez tiene sobre nosotros y lo usa a diario. No aprendemos… Nos tiene aterrorizados sicológicamente. Eso nos hace erráticos e irracionales.

Les propongo que seamos más racionales y menos emotivos para enfrentar lo que viene. Por más que Chávez quiera que haya un sólo País los Modernos seguirán existiendo y serán la clase Productiva de Venezuela. Ese es nuestro poder: el trabajo, la empresa, la familia, la educación. Una vez que Chávez les de a probar a los Tradicionales alguno de estos ingredientes, se volverán Modernos y dejarán de apoyarlo.

Personalmente creo que no vamos al comunismo, que no van a adoctrinar a nuestros hijos, que no nos quitarán la propiedad privada ni la libertad de expresión. Sin duda habrán ataques quirúrgicos a ciertos grupos empresariales y políticos porque son inconvenientes para el régimen. Pero aparte de eso pienso que viene más de lo mismo…. ¡Pura paja, ineficiencia, incapacidad, corruptela, incoherencia y estupidez!

¡El gran problema de Chávez es que tiene un gran rancho en la cabeza! Es un hombre brillante, pero lamentablemente es mediocre y acomplejado. Esa es su gran debilidad. Puro sudor y Peo como dicen los gochos. Un fenómeno electoral y político que no sabe gobernar ni gerenciar. Esa es su desgracia. ¡De los tradicionales es el más Tradicional de todos! Por eso se rodea de tanta mediocridad e incompetencia. ¡El Modernismo lo aterra!

Eso sí, ahora más que nunca tenemos que hacer Responsabilidad Social para ayudar de muchas más formas a los Tradicionales, para inyectarles Modernidad. No descuidemos eso… Se lo debemos a Venezuela.

Aceptemos nuestra realidad, seamos ahora más racionales y no aceptemos más distracciones de Chávez… ¡El no las merece!

Seamos ahora la mayor de las minorías. La del trabajo silente pero muy efectivo. La del bajo perfil pero de alto calibre. Vamos a defender nuestros territorios y espacios y vamos a crear nuevos. Vamos a evangelizar la Modernidad para transformar a Venezuela.

Sé que estamos tristes, pero la vida debe seguir. Ahora estemos con nuestra familia, y trabajemos por nuestro país. (Este pedacito es de Juan Carlo.)

Carpe Diem

César

Yes we could

A lo mejor muchos de los que leen este blog no saben quién era Rosa Parks. El 1º de diciembre de 1955, sin saberlo, ella hizo historia. Con 42 años, ella simplemente estaba defendiendo su dignidad como persona. La ley en Estados Unidos –en especial en Montgomery, Alabama– exigía que las personas de color se sentaran en la parte de atrás de los autobuses; de hecho tenían que cederlo a los blancos. Ese día, Rosa Parks se rehusó a levantarse de su asiento para ceder su puesto. Y por eso fue encarcelada.


Dos días después, el entonces desconocido reverendo Martin Luther King, Jr., llamó a un boicot a toda la línea de autobu
ses de la ciudad de Montgomery. Y los negros eran sus principales usuarios. Poco tiempo después, la línea de transporte cambió la regla de segregación, y después de eso, la Corte Suprema indicó que la segregación iba en contra de la Constitución. Así empezó el movimiento por los derechos civiles en Estados Unidos, de los que fueron víctima el mismo King y Malcolm X, por el que Muhammad Ali fue destituido de su título. Aún muchos años después, en 1992, las tensiones raciales hicieron estragos en Los Angeles en reacción al fallo en contra de los policías que agredieron abiertamente a un conductor negro. 

Todo eso, como estoy seguro piensan o dicen analistas más conocedores que yo, alcanzó el hito más importante en la historia ayer a las 11 de la noche, cuando CNN proyectó que Barack Hussein Obama, hijo de una antropóloga blanca y un jornalero de Kenia, fue electo el 44º presidente de los Estados Unidos, un país donde casi el 80% de los votos son blancos –un país donde hace menos de 50 años, los negros ni siquiera podían votar.

Lo que signifique para el mundo, esos más conocedores podrán decirlo después. Quiero tratar de ver lo que pueda significar para nosotros, los latinos y en especial los venezolanos. En primer lugar, Obama está recibiendo un Estados Unidos casi hundido en el desastre. Tiene que tratar de que la economía, que ha visto bancos sólidos como una roca caerse como casas de naipes en medio del Cordonazo de San Francisco. Tiene que lidiar con la gente de clase media que ha tenido que dormir en sus carros porque perdió su casa, con la gente que no se mueve de su casa porque no puede pagar la gasolina. El mundo que espere.

Segundo, no creo que América Latina repentinamente se convierta en una gran prioridad para Estados Unidos. De hecho, consideren que Obama ha dicho que quiere renegociar el Tratado de Libre Comercio con México, se opone a dicho tratado con Colombia (con Colombia, ¿ok?), no se ha pronunciado a favor de levantar el embargo a Cuba (aunque sí a minimizar las restricciones) y quiere reforzar el Plan Mérida, que es el combate al narcotráfico en la frontera mexicana. Estemos claros: primero tiene que resolver su peo en Irak, su bronca con Afganistán y sus tensiones con Irán. Después atenderá a la gente de este continente.

Tercero, y esto es donde realmente Venezuela queda involucrada, Obama ha dicho que buscará reducir la dependencia de Estados Unidos en recursos energéticos extranjeros. Léase, petróleo extranjero. No entiendo bien cómo lo piensa hacer, pero eso significa que los días de que “el Imperio” sea el primer comprador de petróleo venezolano. No digo que los reales vayan a dejar de venir (estemos claros, con los precios en que está ahora el barril ya están dejando de venir), pero más vale que reforcemos los vínculos comerciales con otros países.

Y no sólo eso: la arrogancia que caracterizó la presidencia de George W. Bush respecto a los que se opongan a él (léase, Mahmoud Ahmadinejad de Irán, Kim Jong Il de Corea del Norte, los Castro en Cuba, y sí, Hugo Chávez de Venezuela) no parece estar presente en el nuevo presidente. Esto no quiere decir que podemos esperar a Chávez viajando frecuentemente a Estados Unidos y pasar fines de semana en Camp David; ni por equivocación. Tampoco esperen a Obama empezar a nacionalizar empresas, expropiar terrenos y demás. A diferencia de lo que mucha gente cree (amigas de mi madre y algunso compañeros de trabajo incluidos) Obama es mucho más distinto que parecido a Chávez. Pero ciertamente buscará más el diálogo. Una vez el mismo Obama lo dijo: “Hay que expresar claramente que no toleraremos acciones que vayan en contra de la democracia, pero que podamos tratarnos con respeto” (o algo así). Ha dicho antes que no cree que Chávez sea un líder democrático, pero insiste en que sí se reuniría con él, al igual que con Ahmadinejad y con Raúl Castro. (Creo que la caricatura de Edo en ese aspecto dice más aún que cualquier otra palabra.)

Cuando Obama ganó en Iowa en enero de este año, leí un artículo de opinión en The Washington Post escrito por Michael Gerson titulado “Can Obama Build A Movement?” que cerró con un párrafo que se ha quedado conmigo desde entonces. Destacando el hecho que Obama nunca hizo ni hace uso cínico de su raza entre las razones para decir que regresó el idealismo a Estados unidos, Gerson dice que “su raza importa mucho, porque mucha de la historia de los Estados Unidos –desde nuestra defectuosa independencia hasta el movimiento de los derechos civiles– ha sido un enfrentamiento entre la pureza de nuestros ideales y la corrupción de leyes y almas. El día que un afroamericano se pare sobre las escaleras del Capitolio de los Estados Unidos –construido con la labor de los esclavos– y se juramente como Presidente será un momento de enceguecedora y esperanzadora esperanza.”

Creo que podemos empezar a ver a Estados Unidos de otra manera. Basta que en cuatro años, podamos decir que lo vimos de manera correcta.

Día D… referéndum

Ando trabajando desde las 6 de la mañana en el periódico. Estoy enfermo, tengo frío, tengo sueño, pero bueno, aquí andamos, cumpliendo nuestro deber. Gracias a Dios que ésta no es una guardia normal, porque si no estaría de un amargado…

A pesar de que ésta es la primera vez en que las encuestadoras en las que yo confío dan una esperanza de triunfo, no tengo el mismo optimismo de otras elecciones. ¿Ha sido más discreta la campaña? ¿Han habido menos encontronazos? ¿O simplemente estoy dormido y por eso no me he sentido con los espíritus tan altos como antes?

El venezolano que diga que ésta no es la elección más importante de nuestra historia reciente es que no vive en el país. Sea cual sea la opinión política, estamos decidiendo el rumbo político de nuestro país. ¿Les parece poco?

Para ser absolutamente sincero, yo lo único que quiero es salir de aquí, votar, dormir, y empezar a rezar por mi país, que tanto quiero y tanta rabia me da ver cómo lo maltratan de uno y otro lado. Sólo espero que rezar sea suficiente. Ayúdanos Dios mío.

Voten, por Dios, VOTEN

El tema de la reforma ha sacado algo que por lo visto no terminamos de aprender: la oposición está dividida y hay algunos que no quieren terminar de aprender que así nunca vamos a salir de este desastre. Doctor Hermán Escarrá, esto es con usted. Yo le admiro profundamente, le tengo un gran respeto, pero creo que con un Escarrá radical tenemos. Me permito ser tan atrevido como para predecir lo que pasará si en efecto se logra la Marcha Para No Volver que usted y el Comando Nacional de la Resistencia están organizando. Tendrán una acogida inicial, sí, pues de radicales estamos llenos, pero esta es la misma gente que cuando estaba el paro petrolero en 2002, pagaban hasta 70.000 bolívares por un bidón de gasolina, cuando no hacían tres horas de cola para llenar el tanque, y después corrieron en lo que el Sambil abrió. De modo que a la mañana siguiente se pararán, se bañarán y volverán (quizá). ¿Y sabe qué? El domingo 2 de diciembre, igualiiiito va a haber referéndum. Suponiendo, claro, que los miles de recursos en contra de dicho referéndum no pasen.

Creo que ya deberíamos haber aprendido que con abstención no se gana nada. En todo caso, mostraremos que hay un gran desinterés por votar, y eso es todo. ¿Qué creen, que si hay un 70% de abstención Chávez va a decir “Coño… qué va… mejor renuncio…”? ¿O que la OEA o afines van a venir a suspenderlo tal vez? No, señores. Seguirá mandando igualiiiito.

Si no nos hubiéramos abstenido, es muy probable que Enrique Mendoza siguiera siendo gobernador de Miranda. Si hubiéramos votado, Carlos Ocariz muy probablemente fuera alcalde del Municipio Sucre. Y coño, si no hubiéramos cometido la torpeza de 2005, tendríamos al menos unos 25 diputados de partidos tradicionalmente de oposición allá en la Asamblea. Súmenle a los de Podemos, que aún no entiendo qué mosca les picó pero pienso que “a caballo regalado…”, y este bodrio que se hace llamar reforma, o no habría pasado así tan fácil, o al menos estaríamos yendo a votar por ella con 33 preguntas distintas. ¿Todavía se quieren abstener?

Si todavía contestaron “sí”, les doy un dato. Yo leí un cable de agencia hoy (me imagino que saldrá mañana en los periódicos) donde declararon dos representantes de encuestadoras: Luis Vicente León, de Datanálisis, y Alfredo Keller, de Keller y Asociados. León declaró que más del 50% de los que simpatizan con el chavismo NO ESTÁN DE ACUERDO CON LA REFORMA. Pero no se atreven a votar en contra de Chávez. Y Keller dice que apenas un 32% votaría “sí” con la bendita reforma. También les añado esto: también vi la información de otra encuestadora (no puedo decirles cuál, la información no salió pública) que entre los que no irían a votar y los que votarían “no”, suman más del 60% del electorado. Y estas son las tres encuestadoras que, en las elecciones del año pasado entre Manuel Rosales y Hugo Chávez, predijeron correctamente una diferencia de cerca de 20 puntos porcentuales entre los dos candidatos. ¡¿Coño, qué más quieren, por amor a Cristo?!

Yo sí quisiera que este referéndum se retrasara. Lo digo de todo corazón. Yo sí quisiera que todos los recursos que se han introducido en su contra fueran aceptados y pensáramos en la bendita reforma por allá en febrero, o en marzo, para que realmente podamos sentarnos, analizar la bendita reforma y hacernos una opinión seria y verdadera. Hay muchas cosas en la reforma que valdría la pena considerar (distintas propiedades privadas, más poder para los consejos comunales mientras no sea en detrimento de las alcaldías), otras ignoradas (la jornada laboral no necesita ser reducida por reforma, sino por decreto ley), otras más definitivamente abolidas (gobernadores elegidos por el Presidente, falta de autonomía del Banco Central, período presidencial de siete años, reelección continua e inmediata, falta de derechos a la información en estado de excepción) y otras más consideradas que no están allí (una segunda vuelta electoral). Pero como las posibilidades de que eso ocurra son pocas, entonces, como dice Rafael Osío Cabrices en su blog, ya olvidémonos de la desconfianza (muy justificada, quizá) que le podamos tener al CNE, a rumores de Noticiero Digital y al síndrome del abstencionismo. Si nosotros tenemos seis personas y ellos tres, somos mayoría, pero de nosotros sólo vota una y de ellos votan los tres, ¿quién creen ustedes ganaría?

Un compañero dijo: “Yo no pretendo que se sigan burlando de mí así; yo no voy a votar.” Me recordó un chiste que escuché una vez: por dársela de macho, el hombre dice: “¡No señor! ¡Mi mujer no va a trabajar! ¡Yo trabajaré, yo me esforzaré, yo proveeré a esta familia yo solo sin ayuda!”, a lo que la mujer, con sonrisa en su cara, simplemente asiente. ¿De quién se están burlando aquí? Yo por mi parte, que al menos hagan el esfuerzo de robarme el voto, si en efecto lo van a hacer. Éste que está aquí, va a votar. Y tú también deberías.