50 lecciones para 50 años: Parte 9

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Hice algo esta semana que tenía cierto tiempo queriendo hacer: me uní a un club de lectura. Por la aplicación Literati, ahora recibo recomendaciones de lectura nada menos que del propio Austin Kleon, quien desde hace ya un cierto tiempo ha guiado mi pensamiento creativo. Ahora espero poder compartir con más de sus admiradores discutiendo los libros que él recomienda mes a mes. (Literati no está disponible fuera de Estados Unidos, pero ciertamente pueden suscribirse al boletín semanal de Austin aquí para ver más de lo que él lee, escribe y consume.)

No solo lo hice para tener un libro nuevo que leer cada mes, sino también para tener una cierta comunidad. Una de las cosas que más disfrutaba de la Asociación de Origami de Venezuela es que, además que podía aprender nuevos modelos o técnicas, podía compartir con gente con la que compartía una pasión. Hablaré más de eso más adelante, pero solo les digo, jamás descarten tener una “tribu”. No hay nada como el sentido de comunidad.

Pueden leer las entradas anteriores de esta serie aquí.

34.- Acepta tus vicios.

Photo by Rythik on Unsplash

No, no digo que los vicios están bien. He visto los efectos del alcohol, el sexo, la televisión e incluso redes sociales en mi entorno, y jamás apoyaría algo así. Pero lo malo de los vicios es que lo engañan a uno pensando que se siente bien. Entonces uno necesita reconocer que los tiene y controlarlos a ellos, en vez de ser al revés. Mi vicio es coleccionar, por lo visto, ya sean libros, discos, figuritas Funko o cualquier cosa Deadpool. Tener un vicio es enfocarse en algo que le da placer irracional, que uno busca como sea. Es cuando uno no entiende que lo está alejando de lo importante en la vida –relaciones, compromisos, tu propia salud– es que deben detenerse, ya sea por voluntad propia o con ayuda. Entonces acepta que tienes vicios, que es algo a lo que mínimo te cuesta no ceder de vez en cuando y que debes aprender a controlar, no que te controlen a ti.

33.- Todos merecen una segunda oportunidad. UNA.

Photo by Gus Moretta on Unsplash

“Yo no hablo de venganzas ni perdones, el olvido es la única venganza y el único perdón.” Jorge Luis Borges tiene una de mis citas favoritas sobre algo que uno lucha por hacer cuando han cometido una falta en su contra. Si fue una persona querida, alguien cercano, ¿es justo perdonar, confiar en que no lo volverá a hacer? ¿O las ofensas mayores son como pecados capitales, imperdonables para siempre? Yo tengo una fe en la humanidad que lamentablemente siempre está siendo puesta a prueba en este mundo, en especial luego de un año donde nos dimos cuenta de con quién contamos y quién está dispuesto a asumir sus errores. Pero por supuesto que he sido herido, y mucho… y por supuesto que también he sido quien hiere. Entonces aplico esta: conmigo te puedes equivocar una vez y ya. Y eso depende del error. Igualmente, cuando cometo una falla, procuro no cometerla más, porque si la vuelvo a cometer quiere decir que la situación no ha cambiado o la lección no ha sido aprendida. Nadie tiene derecho a lastimar a alguien una y otra vez con su comportamiento desmedido o egoísta. No seas la mujer maltratada, o el hombre engañado, o el cliente estafado. Y más importante, no conviertas a nadie en ninguno de esos tres. Sí, eres humano, pero ey, eres humano. Hasta las ratas pueden ser entrenadas y aprenden.

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