Día del Blog

Pues sí, hoy es Día del Blog otra vez. No tengo muchos que aportar, creo, pues la mayoría de los blogs que quiero recomendar son bien conocidos por todos ustedes. Pero acá van:

1.- Así pienso, tú que dices?: El blog de Oswaldo Aiffil es para mí como las palabras de un sabio tío que está ahí cuando necesito calmarme y me dice “chico, pero para qué te enrollas…” Y casi siempre termina teniendo razón.

2.- Archivos Abandonados: “La basura de un hombre es el tesoro de otro.” No pregunten. Sólo visiten. Y ríanse.

3.- Venezuela y Su Historia: Cualquier intento por difundir nuestra historia tiene que ser apreciado. Y el Profe lo hace excelentemente.

4.- Zz: Es de una amiga, pero lo recomiendo también porque es bueno.

5.- Venezuelan Compass: El pana Tupi es bien lúcido en sus análisis. Me alegra que haya decidio hacer su blog.

Es muy sabroso saberse rodeado de la gente que hace cosas como ésta todos los días. De modo que a todos: Feliz Día Nuestro.

¿Qué hay en un nombre?

Esta mañana en el periódico leí una noticia que me sacó una sonrisita cómplice: “Proyecto de ley de registro civil prohíbe nombres combinados o extravagantes”. En caso de que no la leyeron y no están suscritos al Nacional Digital, me resigno a que lean la cosa aquí.

En mi juventud, yo tenía un a extraña fama en mi casa de atraer los nombres más extravagantes de mujeres que ustedes puedan imaginar. No recuerdo sino uno: Fiorella. ¿No está tan mal verdad? Es sonoro, pero hasta ahí. Bueno, es que no han oído los que sí recuerdo.

Es una clásica conversación de fiesta, merienda o cervezas. Los padres tienen un increíble deseo porque sus hijos tengan un nombre que parezca original, sonoro o de algún homenaje a alguna creencia. Son pocos los que piensan (o pensaban, espero) en lo mucho que ese niño o niña va a tener esta conversación:

— Hola linda. ¿Cómo te llamas?
–Hiroshima.
(Pausa)–¿Perdón?
–Hiroshima. Hiroshima Caridad Atencio. ¿Y tú?
(Pausa). — Raúl. ¿Disculpa, me dices la hora? Es que tengo que ir a otro lado…

O peor…

–Clase, quiero que reciban a su nuevo compañerito, trátenlo bien. Este es… ay Dios, qué es esto… Yeferson Pancracio Abdalá Ramírez Fonseca… (pausa) Caramba, qué nombre tan… sonoro, Yeferson… ¿Quién te lo puso? ¡Les agradezco que no se rían! ¡Él no tiene la culpa!

Quince años después, la madre de Yeferson perdió sus medicinas.

Y no se crean que el santoral ayuda mucho. ¿O por qué creen que hay tantos Modesto, Adelaida, Amós, Marcelino (saludos, profesor), Justino, Justiniano, Justo, Arcangelina (hola, compañerita) y demás?

Es cierto, todo el mundo tiene derecho a bautizar a su muchacho como quiera. Es parte de la libertad de expresión. Pero hay un límite gente. Es ahí donde entra este nuevo anteproyecto de ley. El artículo 106 cita:

“Con el fin de preservar el equilibrio y desarrollo integral del niño, niña o adolescente, los registradores civiles no permitirán que los declarantes del nacimiento –sean éstos sus padres, representantes o responsables– les coloquen nombres que los expongan al ridículo, sean extravagantes o de difícil pronunciación en el idioma oficial, contengan variantes familiares y coloquiales que denoten una identificación confusa o que generen dudas sobre la determinación del sexo”.

El oficial de turno puede dar una lista de nombres más comunes para el niño o niña, que sería revisada cada año y aumentada proporcionalmente a la población. Quedarían excluídos los descendientes de indígenas y los ciudadanos extranjeros (lean bien, señores de Noticiero Digital, antes que critiquen de gratis.) También deja la posibilidad de que uno se pueda cambiar el nombre si así quiere.

Suena mucho a manipulación, ganas de controlar más al pueblo “mesmo”, pero díganme ustedes, sobre todo si hay alguien allá afuera que se llame Endry, Onasis o Ernestina: ¿no quieren una oportunidad que otro no pase por lo que pasaron ustedes? Sus hijos están a salvo, a menos que sean lo bastante enfermos para buscar alguna especie de venganza en la vida. O si quieren que el carajito “aprenda a defenderse desde chiquito”. Quién sabe, esto creo que es digno de debate. Mientras tanto, les dejo historias de la vida real sobre estos temas:

  • Esto lo escuché en un programa de radio. El locutor, el “pelón” Douglas de Live 91.9, cuenta que tiene una tía que nació el 23 de enero de 1958 (día en que cayó la dictadura de Pérez Jiménez). El padre, orgulloso adeco, decidió que la niña se llamaría María Democracia. (¿Se sorprenderían si les digo que era maracucho, ellos con su coterráneos de nombre Plutarco, Androcles, Abdénago y demás?) Al cuestionarle la decisión, el hombre dijo: “Mirá, ¿vos sabéis cómo es la verga? La carajita es mía, y yo le pongo como yo me salga del forro. María Democracia se queda.” La señora insiste que le digan “la Negra”. (Si no me creen lo de los maracuchos, ¿cómo creen que se llama el “Neguito” Borges, del grupo gaitero Gran Coquivacoa?)
  • Una vez en una cola para comprar pizza conocí a una chica llamada Javiera. Mentira que el papá no quería un varón.
  • Una chama con la que una vez salí tenía una amiga llamada Preciosa. Menos mal que sí, era preciosa.
  • Un tío de un antiguo compañero de clases se llama Soilo. Su apellido era Bello. Confío en que era macho de pelo en pecho o lo bastante grande para intimidar alos demás.
  • Un ex jefe de mi papá se casó con una señora llamada Gladys Cuevas. El nombre del señor: Rufino Conejo. Sí, señores: la doña es ahora Sra. Gladys Cuevas de Conejo. ¿Quién necesita una “Zoila Meza de Planchart”?
  • Conocí a dos hermanas que se llamaban Francia y Bélgica. Y la mamá se llamaba América. Nunca conocí al papá; supongo que se llamaba Irán o Tokio.
  • ¿Saben Luky Grande, el actor? De verdad es de apellido Grande. Su hermano, Luis, es pana mío, y me cuenta que una vez su padre (el señor Luis Grande) tenía negocios con un señor apellido Ciccito (se pronuncia “chiquito”). Cuando llama y pregunta por el señor, la secretaria obviamente pregunta de parte. “Del señor Grande, por favor.” “Señor, le agradezco, esto es una oficina seria.” Luego de muchos intentos, se logra una reunión. Y la secretaria ve la tarjeta de presentación de este señor –que sí que es grande, les digo: mide al menos 1,92 y pesa cerca de 120 kilos– y dice apenada: “Ay, ¿era en serio?” Y el corolario fue cuando sale el señor Ciccito: le llegaba al señor Grande más o menos al pecho.
  • Mi hermano y yo conocimos a un grupo de muchachas en Puerto la Cruz que se llevan el premio. Habían dos hermanas; la mayor se llamaba Raquel. Suena normal, ¿no? Ah pero esperen. La hermana se llamaba Dioritza. La prima de ambas se llamaba Dioraima. La mejor amiga de ambas era Ikerny. Y una amiga de ésta se llamaba Yosiluz.
  • Esto fue un tema del programa de radio Nuestro Insólito Universo. Hace unos años la oficina de registro civil de Panamá hizo una ley parecida a la propuesta y publicó una lista de nombres que no aceptaría. Ejemplos: Andamio, Anorexia, Albúmina, Bulimia y Culicia.
  • Leí una vez en un artículo añejísimo del Diario de Caracas sobre un hombre en Colombia que quería llamar a su hija Clítoris.

Y claro, están todos los Winkelmann, los Stalin, los Nikeair, Superman, Yasury, Yubirizaida, Yatzury Yamileth, Usnavy, Maikel Yoldan José (sí, con “L”) y un largo etcétera. No olvidemos a Hiroshima y a Venezuela (aunque yo creo que los podría perdonar). Creo que todos estamos de acuerdo que, una vez que se pase esta ley, una enorme parte de nuestra cultura del chalequeo se irá a pique.

Mi pana Jorge tiene unos cuentos con nombres únicos de su tiempo que estuvo en CANTV. Espero que comparta aunque sea uno por acá. De hecho, ¡espero que ustedes también!

UPDATE:

El tema de la bendita ley ha creado más polémica de la esperada. Claro, la gente lo ve como otra pérdida de libertades. Pero para lo que yo he oído:

  • Una amiga (¿o fuiste tú Jorge?) me cuenta que las dos morochas de un tío se van a llamar Indedei e Indenai…
  • Supe de un señor cuyo segundo nombre era Primavera.
  • Ni hablar de los nombres que los famosos le quieren poner a sus hijos. Si se perdieron el programa en VH1, les cuento:
  • El hijo de Slash (Guns ‘n’ Roses) se llama London
  • La hija de Gwyneth Paltrow y Chris Martin se llama Apple
  • Los hijos del director Robert Rodríguez y su ex-esposa Elizabeth Avellán (venezolana) son Rocket Valentin, Racer Maximilliano, Rebel Antonio, Rogue y Rhiannon.
  • Nicholas Cage le puso a su primer hijo Kal-El. Sí, en serio.
  • Y el premio se lo lleva Jason Lee (My Name is Earl). Su hijo se llama Pilot Inspektor. Lo juro. Si no que se muera Chávez ahorita mismo. (…) ¿Ven? El carajito se llama Pilot Inspektor Lee. i¿No creen ustedes que a este tipo hay que encerrarlo?!