¿Qué es eso?

¿Qué es esa sensación que tenemos?

Puede ser lo que se siente al final de una larga batalla, una en que, como todas, hubo bajas, heridos, traumatizados y locos. Pero la batalla fue tan larga que nos acostumbramos a ella —y ni nos dimos cuenta que terminó.

Puede que sea eso que llega cuando cierras un libro de suspenso particularmente bueno: sentiste taquicardia en cada página, diste gracias a Dios cuando llegaste a la última página, pero también te diste cuenta que no querías que terminara.

O puede que sea el sentimiento que queda cuando te bajas de la montaña rusa, cerca del momento en que el parque cierra: te quieres volver a montar, pero sabes que no puedes. Y al día siguiente, viajas fuera del país y no sabes cuándo vas a volver.

¿Qué es esa sensación?

Es lo que queda después de un trabajo bien hecho, gente.

Es lo que sientes cuando miras para atrás y recuerdas todo lo malo y buenas:

  • El susto justo antes (¡y después!) de los exámenes de la profesora María Soledad.
  • Las risas de Kate y Jorge.
  • Las quejas de Karen.
  • El terror de las clases de Estadística.
  • El radicalismo de David. (¡Sabes que sí!)
  • El temor de que un profesor (en particular) nunca viera las cosas de la misma forma que tú.
  • La incapacidad de silenciarse de Ana Melissa. ¡Y eso es algo bueno!
  • El show de Max” (seguida por el estrés de esa evaluación…)
  • Lo ácido de Teresa.
  • La increíble precisión en las separaciones de la pizarra del profesor Navarro.
  • Las tres palabras que Carlos dijo a lo largo de la carrera.
  • Lo que diga Alejandra Valdivieso ese día.
  • Cualquier cosa que salga de la boca del profesor Ezenarro.
  • La paciencia del señor Gustavo.
  • Lo “fascinante” de Jerry O’Sullivan.
  • Los buenos días de Ivia y Libia…
  • Lo “malo, malísimo, malisisímo” de Lisbeth Lira.
  • El criollismo de José Alberto.
  • La “guiatura” en las clases de Juan Ernesto Páez-Pumar. ¡Cómo contribuyeron!
  • La fiesta de inicio de mención.
  • Las historias familiares del profesor Marcelino Bisbal.
  • La espera por las notas de Gerencia de Comunicación. Diooooossssss….

Y un largo etcétera.

Pero ahora que estamos listos para poner todas esas cosas en el proverbial baúl de los recuerdos, lo que nos queda es una enorme satisfacción, de saber que dimos todo lo que podíamos —hasta un poco más— y logramos terminar la tarea.

Nos queda una enorme felicidad de saber que tenemos un título universitario de una de las mejores universidades del país.

Nos queda la expectativa de ese acto en marzo, cuando muchos recibiremos ese título con lágrimas en la cara.

Nos queda la nostalgia de tantas cosas buenas que sabemos que no se van a repetir, como las conversas en el cafetín o la feria, las tumbadas en el jardín, los desayunos en posgrado.

Nos queda aún la tristeza de saber que no nos veremos con la misma frecuencia.

Nos queda la lástima de no resolver cualquier conflicto que quedó abierto (si lo hubiera).

Pero sobre todo…

Nos quedan muchas batallas por librar. ¡Que ganar!

Gracias por cinco increíbles años, compañeros y profesores. Todos me han hecho un mejor hombre de lo que era.

Y a pesar de los chistes evidentes: ¡UCABISTA JUVENTUD!

Sueña otro sueño / Pues este sueño se acabó.

Van Halen