Oscar… ay, Oscar…

El domingo fue la entrega de los Oscar. ¿Se enteraron? ¿Sí? Caray, no pareciera. Porque la mitad de las personas con las que hablé hoy no lo vieron ni un poquito. Claro, se entiende, ya que pocos somos los fanáticos que se calarían un show que hace dos años duró casi cuatro horas. Gracias a Dios, el de anteanoche fue relativamente light, y “sólo” duro unas dos horas y tanto.

Dos cosas llamaron la atención este año, al menos para mí. Lo primero, es impresionante como los comediantes se han puesto a valer. De los ocho actores nominados, dos eran comediantes televisivos muy exitosos: Jamie Foxx por In Living Color (una especie de Radio Rochela por negros, que también nos dio a Jim Carrey y Jennifer López), Thomas Haden Church por Wings. Quién sabe, ¿estará Gary Coleman lejos?

Foxx era el más seguro de los Oscar: no dárselo habría sido blasfemia. En Ray, Ray Charles se apoderó de Foxx y lo transformó: uno no podía ver al actor detrás del personaje, eran uno y el mismo. El nivel de compenetración fue perfecto, y eso siempre será señal de un buen actor. Lo que me molesta, es que Jim Carrey logró ese mismo nivel de compenetración cuando representó al excéntrico comediante Andy Kauffman en Man on the Moon en 1999 (vean más info en la página de Yahoo! Movies, http://movies.yahoo.com/shop?d=hv&cf=info&id=1800023257, y en español, http://es.movies.yahoo.com/db/f/2/1/214931.html). Esa actuación fue tan brillante como la de Jamie, en mi opinión y la de muchos. Entocnes, ¿qué tiene Jamie que no tenga Jim? Academia, por favor.

Y ya va: ¿Thomas Haden Church, que hizo de Lowell en Wings, nominado a un Oscar? ¿A esto ha llegado el mundo? ¿Y lo que es más — el tipo se lo merecía? (Al tiempo de escribir esto, no he visto Sideways.) Estoy asombrado –aunque recordemos una ligeramente exitosa comedia en los ’80 llamada Bosom Buddies cuyo protagonista era un cierto actor llamado Tom Hanks. Es buena señal para los comediantes, con Paul Giamatti llevando la batuta. De verdad no puedo creer que este tipo es el favorito de público y crítica cada vez que medio sale en una película, ¿y no termina de ser nominado a un Oscar? (Punto en cuestión: Sideways fue nominada a mejor actriz de reparto, mejor actor de reparto, mejor dirección, mejor libreto adaptado y mejor película — ¿¿¿y a Giamatti lo ignoran???)

Lo otro que me llamó la atención es que, desde que Halle Berry y Denzel Washington ganaran en 2002, la cantidad de actores afroamericanos nominados ha crecido cada vez. Este año hay cuatro: el ya nombrado Jamie Foxx, Morgan Freeman (AL FIN este hombre ganó algo), la nueva Sophie Okonedo, y Don Cheadle (uno de los actores más subestimados de todos los tiempos, si me preguntan). Sé que para nosotros no es gran cosa, pero en un país y una industria donde el fantasma del racismo está tan permanente entre ellos que cualquier pequeño avance es significante.

En esa misma onda, bien por la presencia latina este año. Una espectacular colombiana de nombre Catalina Sandino-Moreno fue nominada a mejor actriz (no ganó, pero ey, es un principio), la película Mar Adentro, del chileno-español Alejandro Amenábar, ganó como Mejor Película Extranjera, y lo que constituyó el mejor momento de la noche, que narro a continuación:

Por alguna razón, Jorge Drexler, quien compuso y cantó e tema “Al Otro Lado del Río”, de Los Diarios de Motocicleta, se leinformó que no cantaría en los Oscar, sino que sería cantada por Antonio Banderas y Carlos Santana en la guitarra. La indignación de Drexler se vio más que recompensada cuando Prince salió y anunció que su canción habí ganado. Drexlñer brincó de su asiento, trotó hasta el escenario, y a modo de decirle a los productores “kiss my proud Latin American perfomer ass”, cantó DOS estrofas de la canción, dijo “chau”, y dio las gracias. Punto.

En resumen, la ceremonia estuvo buena. Me caí en muchísimas quinielas, pero me sentí bien respecto a mí mismo. Me demostré ser un fanático del séptimo arte. Ahora, si lograra que las películas nominadas se vean ya en el televisor de mi casa, sin recurrir a piraterías ni nada…

¡Chau!