Tienes razón

Notarán que quité uno de mis posts. Y si no lo habían leído antes, les digo que era uno de los que más orgulloso estaba. En mis posts siempre pongo todo mi corazón y empeño, pero en ése que escribí creo que realmente volqué todo. Era porque me sentía tan mal que necesitaba un desahogo. Y es ahí cuando escribo mi mejor material.



Entonces, ¿por qué decidí quitarlo?



Era demasiado personal. No supe qué tan personal hasta que lo volví a leer. Fue tanto que violé una promesa que había hecho. Lo hice sin darme cuenta, claro –estaba ofuscado–, pero ya el daño está hecho. Es muy tarde para disculparme, demasiado tarde para reparar cualquier daño, así que borrarlo parece casi apagar la bomba después que explotó. Pero también lo puedo comparar con una espina que no descubría dónde estaba y finalmente la pude sacar.

He notado que yo aprecio la sinceridad sobre todo lo demás, pero también me he dado cuenta que aprecio mucho que en un mínimo se tomen en cuenta los sentimientos de los demás, que se entienda que lo que alguien dice va a tener un efecto sobre la persona que lo escucha. Claro, no digo que estemos siempre pendientes de los sentimientos de los demás, pero, ¿nunca? Bueno, con ese post no consideré sentimientos aparte de los míos. No me puse en el lugar del (la) otr@. Por eso lo quité. Porque no quiero que ustedes vean demasiado de mí y de lo que he hecho.

Quisiera decir que será la última vez que publicaré algo tan personal, porque así es como he decidido ser, pero sí tendré más cuidado. Es también rudo cómo me he dado cuenta que puedes amar a alguien, puedes llegar a entender a alguien, pero pasa más de una vez que no sabes cómo comunicarte con esa persona. No me declaro culpable único de esa situación, pero acepto mi parte de la culpa. Y honestamente… estoy cansado de callarme las cosas. Lo digo como reclamo y autoreclamo. Porque aunque dije antes que hay que aprender a callarse la boca (y lo mantengo), también hay que saber cuándo rayos tienes que hablar. ¿Por qué no dije nada? Porque tenía miedo de perder. Porque no quería un alud encima. Porque no quería reaccionar yo negativamente. Y ahora…

Después de la tormenta, ¿realmente viene la calma?

Bueno… la tormenta pasó. Se anunció con la fuerza de un tifón, pero llegó con la dura sutileza de una lluvia de verano, aumentando el caudal de los ríos hasta desbordarlo. Al final, fue como las amputaciones de la era pre-anestésica: rápido y con un mínimo de dolor. Es cuando empiezas a ver toda la desolación del retroceso de las aguas que te das cuenta de que la tormenta, con toda su sutileza, se llevó un buen trozo de tu vida. En mi caso, dos años y ocho meses.

Obviamente, ya a estas alturas saben a qué me refiero. Se ha terminado la más larga y memorable de todas las relaciones que he tenido. Durante un poco más de 32 mágicos meses, viví un sueño cuya característica más hermosa es que siempre fue real. Fueron 742 días de los cuales –aun con una negra semana– no cambiaría ni un segundo. Lo malo de los sueños es que llega un momento en que hay que despertar. Gracias a Dios, lo que me despertó a mí no fue un inclemente balde de agua fría, sino una suave sacudida.

¿Les sorprende que esté tan tranquilo? Créanme, el primer sorprendido soy yo. A estas alturas, cuando yo me imaginaba este oscuro momento, me veía tirado en el suelo revolcándome de agonía y dolor. No se rían, yo soy así. (Bueno, OK, ríanse un poquito.) Pero es que les pregunto: ¿no es acaso cierto que guerra avisada no mata a soldado? Todas las señales estaban allí. Y al día siguiente, cuando desperté y supe que eso era lo que me tenía de tan mal humor todos los días, una velada certidumbre que todo iba a terminar, me llevé una sorpresa mayúscula cuando vi que… estaba de acuerdo con ella.

Las mayores quejas que yo oigo de las relaciones es que “me acostumbré”… “ya no sé si l@ quiero”… “la rutina me está matando…”, y rezaba al Cielo que eso nunca me pasara a mí. Pues aprendí por la mala que eso a veces no lo decide uno mismo. A menos que tengas todos los recursos para hacer de tu vida en pareja, a veces una loca montaña rusa, a veces un tranquilo paseo en el carrusel, la rutina llegará a cubrirlos con su manto gris. Y el estar enamorado no garantiza que puedas rasgar ese manto. Y con eso, les digo: estoy tranquilo. No estoy 100% feliz, y sí, me he levantado extrañándola varios días. Pero estoy tranquilo, porque sé que hizo lo correcto. Y uno nunca sabe qué hay a la vuelta del próximo recoveco de la vida.

Feliz año nuevo

Pues llegamos. El 2004 terminó, aunque muchos pensamos que nucna lo haría. Y se hizo largo el condenado, ¿no? ¡Y lo sufrimos, por Dios! Pero bueno, no todo fue tan malo. Los Medias Rojas ganaron la Serie después de 86 años. Italia fue eliminada rapidiiiita de la Eurocopoa — que ganó Grecia, de todos los países. Por unos meses, hubo venezolanos más unidos que nunca en una misma causa — sacar al loco. Que no lo hayamos logrado, bueno, eso es harina de otro costal. ¿Y yo? Bueno, sigo con ella, lo que es bastante asombroso, dadas nuestras diferencias. Terminé un semestre insufrible y voy por uno bien exigente. Mi padre va bien encaminado a eliminar el cáncer de su cuerpo (ah, sí, mi papá tiene un nodulito de cáncer en la próstata, o lo tenía, más bien). Y el resto de mi familia está bien de salud. Nadie se murió, nadie perdió un hijo, nada de nada malo le pasó a mi familia, gracias a Dios.

Se dice que siempre el año debe terminar en una nota reflexiva, donde evaluamos nuestros errores para no cometerlos más y asegurarnos que el año siguiente “va a ser mejor”. Eso es bullshit, amiguitos. Uno SIEMPRE debe evaluar lo que ha hecho en el año. Háganlo diariamente, semanalmente, mensualmente. ¿Vas a agarrar el último día del año para ver qué hiciste mal? Cierto, tienes ahora 365 días para mejorar, pero de nada te va a servir si no hiciste un examen cuidadoso de lo que fue tu desempeño cada día de tu vida. El pasado se fue. No vuelve, excepto en contados casos. Así que olvídalo. Sólo recuerda lo que te enseñó. Carpe diem. Aprovecha el día. Trázate una meta. O mejor, metas. Y trabaja cada día para lograrlas. ¿Oyeron? Cada día. Y recen — recen FUERTE — porque yo siga mi propio consejo. Porque, Dios, hay que ver las metas que tengo este año. Sé que Dios quiere que las logre, así que depende de mí, con Su ayuda. Que reciban ese año borrachos de felicidad, en compañía de los seres que ustedes quieren y los quieren. Y que las lágrimas del 2004 se conviertan en las risas del 2005.