Las cosas del amor

Realmente debería ser “las cosas de pareja”, pero bueno, el amor algo tiene que ver, ¿no?



Veo que HAY que estar enamorado para soportar las cosas que implica estar en una pareja estable y aún querer seguir en esa pareja estable.



No les voy a dar detalles –juré no hacerlo (otro compromiso)– pero sepan esto, amigos: parte de estar en un equipo es saber que cada quien tiene su estilo de jugar o trabajar, o funcionar, si a eso vamos. Por eso, lo más esencial es que aprendas (1) a adaptarte a ese estilo, y (2) a que esa persona se adapte al tuyo. Y eso, amigos, es muy, muy difícil. Pero véanlo como un reto. Midan cuánto tiempo pueden pasar en ese proceso sin sacarse sus propios ojos o usar una almohada de formas cuestionables mientras su “media naranja” duerme plácidamente. ¿Qué tal? Esa podría ser la medida del amor que tanto se ha buscado.



Lo peor que uno puede tratar de hacer es cambiar a alguien. El siquiera intentarlo está mal. De hecho, esa está entre las cinco primeras cosas que puede llevar a un “des-noviazgo”. Al final, ¿no te enamoraste de esa persona así como era? ¿Con todo y sus defectos? Lo más que puedes hacer es tratar de mostrarle el error de sus modos (si en efecto consideras que están errados sus modos) y esperar lo mejor. Pero recuerden, eso es como el alcoholismo: eso es algo que tienen que hacer ellos mismos, ellos solitos. Nadie los puede obligar. Sepan eso, señoritas, cuando traten de que su novio deje de ver el béisbol o el fútbol, por ejemplo. O eso, niños, cuando intenten convencer a su novia que no quieren acompañarla a comprar algo.



Ahora, por si se lo están preguntando, he aquí, in my humble opinion, las cinco primeras razones por las que ocurre el “des-noviazgo”:


  1. Montarle cacho (muy malo) y que se entere (malísimo). Obvio, ¿no? No importa cuánto lo intentes, no importa qué tan cuidadoso crees que sea, siempre se enteran. Honestamente, los hombres somos menos pilas para eso que las mujeres, tanto para montar cacho como para enterarnos que nos los están montando. Así que, en serio, si lo están pensando o si llegan a hacerlo, es preferible que terminen el asunto lo más rápido que puedan o, aún mejor, NO LO HAGAN.
  2. Ignorarl@. Hij@, una cosa es que el(la) entienda que tú tienes momentos que quieres tu propio espacio, y otro es sacarl@ para que tú tengas tu espacio. Ejemplo: fiesta en tu casa. Tus amigos. Dejas a tu pareja en un rincón mientras tú juegas dominó. O se instalan a hablar pistoladas mientras él se ve obligado a oir a un tío tuyo contándole chistes pesados. ¡Ah! Y recibes puntos negativos extra si te sugieren que se vayan y tú no quieres. O todavía peor, sueltas la mamá de todas las frases estúpidas: “¡Bueno, vete tú si quieres!” Animal.
  3. Tratas de cambiarl@. Si alguien va a cambiar, va a ser porque el(la) lo decide, no porque tú lo decidas. Si en efecto tienes un problema con tu ser querido, háblalo, coño, no te lo quedes. Y traten de resolverlo juntos. La gran palabra: compromiso.
  4. Absorbes como una esponja. No estás saliendo con un(a) gemel@ siamés. Hay parejas que les fascina estar uno con el otro como si estuvieran encadenados así, pero los hay que no. Hay parejas que son felices viéndose una vez a la semana, pero los hay que no. Si a tu pareja no le gusta que se vean todos los días, todo el día, denle su espacio, o consíganse a alguien que sí le guste.
  5. L@ alejas de su familia. Cierto, hay familias que no les importa que su progenie salga con extraños, pero son una minoría. Muchas familias les importa la seguridad de sus hijos e hijas. Acéptenlo: una vez que estás en una relación seria –no algo casual– están comprando un paquete completo: padres celosos, hermanos y hermanas quisquillosos, parientes que pueen o no ser metiches. Si tratas de que dedique más tiempo a tí que a su familia, eso va a traer conflictos. ¿No estás dispuesto a aceptarlo? Ay, compadre. Ay, comadre. Las que te esperan.

Resumen (y pendientes, que habrá un quiz). No eres tú solo. No puedes pretender que el mundo gira a tu alrededor. Pero tampoco hagas que te transformen en una alfombra. Hablen. Hablen siempre. Pero también aprendan cuándo no abrir el pico. Y recuerden: una vez se dijo: “el matrimonio es un puente que conduce al cielo, a través del infierno”. Cuídense.

La agridulce incertidumbre del futuro

Futuro. La palabra tiene tanto que involucra. ¿Y se acuerdan cuando representaba todo lo bueno que venía? Cuando yo era chamo, yo juraba que cuando llegara al 2000 iba al trabajo en mi carro volador. No creía tener un robot, pero sí una casa automatizada en al menos un 50%. Ya vemos todo lo que ésa idea prosperó, ¿verdad?



Y lo divertido es, ahora somos más pobres que hace veinte años. A lo mejor muchos de los que están leyendo esto no lo recuerden, pero yo sí tengo todavía fresco el hecho que mi papá viajaba al menos dos veces al año a cuanto curso o seminario le daban en Estados Unidos y venía con esa maleta cargada de cosas. Recuerdo que yo viajaba de forma fija a Margarita durante cinco años seguidos, y luego lo cambiamos por New York, Los Ángeles, Cancún… Y ahora… bueno, no los quiero aburrir.



Y es que lo que nos desespera del futuro es que no tenemos ni idea de saber qué viene. Todo el mundo tiene un plan, hasta que el futuro nos alcanza. Y cuando comparamos el futuro con el pasado, nos damos cuenta que muchas veces hay “algo” que nos faltó con este nuevo presente. Y ahí vienen los llantos, las quejas, las depresiones, el stress… En fin, la imagen del “mocho viéndose el tocón” es demasiado precisa para ser cómoda.



Gente, les tengo una sugerencia: olvídense de eso. No hay nada más deprimente que empezar con el “Dios, cuando nosotros podíamos bla, bla, bla…” y ponerse a ver lo difícil o imposible que es hacer tal o cual cosa ahora. Nos da una sensación de fracaso, de impotencia, de inutilidad o de desesperanza, porque vemos que las cosas se hacen cada día más difíciles, ya sea por la situación económica o por los cambios de nuestro sistema de creencias o por la sitaución política o lo que sea. Pero hubo un hombre que en los momentos de mayor desesperanza se rehusó a dejarse deprimir: el primer ministro británico Winston Churchill. Y lo dejó en una de sus frases más famosas: “En la aversión, los pesimistas sólo ven desgracias; los optimistas, oportunidades.”



Cierto, las cosas están mucho más difíciles que cuando yo tenía doce años, pero eso me anima a esforzarme más. Me hace acercarme más a mi familia, pues necesito su apoyo y ellos del mío. Estoy convencido de que la mejor forma de superar las crisis es trabajando juntos, entendiendo que el beneficio de uno se logra por el beneficio de TODOS. Lean. Trabajen. Esfuércense. Y escriban, que para eso estamos.