La agridulce incertidumbre del futuro

Futuro. La palabra tiene tanto que involucra. ¿Y se acuerdan cuando representaba todo lo bueno que venía? Cuando yo era chamo, yo juraba que cuando llegara al 2000 iba al trabajo en mi carro volador. No creía tener un robot, pero sí una casa automatizada en al menos un 50%. Ya vemos todo lo que ésa idea prosperó, ¿verdad?



Y lo divertido es, ahora somos más pobres que hace veinte años. A lo mejor muchos de los que están leyendo esto no lo recuerden, pero yo sí tengo todavía fresco el hecho que mi papá viajaba al menos dos veces al año a cuanto curso o seminario le daban en Estados Unidos y venía con esa maleta cargada de cosas. Recuerdo que yo viajaba de forma fija a Margarita durante cinco años seguidos, y luego lo cambiamos por New York, Los Ángeles, Cancún… Y ahora… bueno, no los quiero aburrir.



Y es que lo que nos desespera del futuro es que no tenemos ni idea de saber qué viene. Todo el mundo tiene un plan, hasta que el futuro nos alcanza. Y cuando comparamos el futuro con el pasado, nos damos cuenta que muchas veces hay “algo” que nos faltó con este nuevo presente. Y ahí vienen los llantos, las quejas, las depresiones, el stress… En fin, la imagen del “mocho viéndose el tocón” es demasiado precisa para ser cómoda.



Gente, les tengo una sugerencia: olvídense de eso. No hay nada más deprimente que empezar con el “Dios, cuando nosotros podíamos bla, bla, bla…” y ponerse a ver lo difícil o imposible que es hacer tal o cual cosa ahora. Nos da una sensación de fracaso, de impotencia, de inutilidad o de desesperanza, porque vemos que las cosas se hacen cada día más difíciles, ya sea por la situación económica o por los cambios de nuestro sistema de creencias o por la sitaución política o lo que sea. Pero hubo un hombre que en los momentos de mayor desesperanza se rehusó a dejarse deprimir: el primer ministro británico Winston Churchill. Y lo dejó en una de sus frases más famosas: “En la aversión, los pesimistas sólo ven desgracias; los optimistas, oportunidades.”



Cierto, las cosas están mucho más difíciles que cuando yo tenía doce años, pero eso me anima a esforzarme más. Me hace acercarme más a mi familia, pues necesito su apoyo y ellos del mío. Estoy convencido de que la mejor forma de superar las crisis es trabajando juntos, entendiendo que el beneficio de uno se logra por el beneficio de TODOS. Lean. Trabajen. Esfuércense. Y escriban, que para eso estamos.

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