Mi tía, mi segunda mamá

En diciembre de 2016.

“Finalmente descansó”, fue lo primero que pensé. Lo que más necesitaba, lo que más le hacía falta. No hacía sino sufrir, bien fuera por enfermedad o por soledad. Rodeada de amor pero sin la gente que significaba tanto en su vida. Y así lo aceptó. Pero necesitaba descansar. Y finalmente, lo hizo.

Era mi madrina de bautizo. Ahí estuvo, con mi tío Armando. Me vio a cada instante de mi crecimiento. Siempre pendiente de mí, de nosotros. Crió a una hija y a un hijo. Vio al amor de su vida lentamente degenerarse, víctima de la crueldad que es Alzheimer’s. Vio a su padre irse. Vio a su madre irse. Vio a sus hijos irse del país a buscar su vida propia.

Sigan leyendo