¿Cuánto cabe?

Las nubes sobre el Atlántico. Foto mía

Ustedes no han vivido hasta que una niña que solo han conocido por un par de días te dice «Te amo», y sabes que es verdad. Esas fueron las palaras que escribió en un pedacito de papel que ahora guardaré como si se tratase del Acta de la Independencia.

Esa fue una de muchas primeras que viví esta última semana. La niña en cuestión es mi sobrina de cuatro años, junto con su hermano morocho, con quien se me ha comparado varias veces dado su amor por los animales, en especial dinosaurios, y ciertos gestos. No había tenido oportunidad de conocerlos dado que nacieron cuando ya había emigrado fuera de Venezuela. Y tuve la inmensa bendición que la conexión fue casi instantánea.

También fue la primera vez que abracé a mis padres desde 2019, cuando ellos y mi hermano y mi cuñada viajaron a visitarnos en Orlando. Doy gracias a Dios que los veo enteritos, con sus achaques por la edad, claro, y las angustias de vivir en la incertidumbre que es Venezuela. Mi hermano logró llevarlos a España, donde ahora viven, para pasar el cumpleaños suyo, el de mamá, Navidad y Año Nuevo juntos, algo por lo que tambien estoy agradecido.

Y por supuesto que me deja con el corazón dividido en dos.

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50 lecciones para 50 años: Parte 24

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Evidentemente he calculado mal cómo llevar esta cuenta, pues asumí que con la parte 25 llegaría a mi cumpleaños, triunfantemente celebrando un año más con una entrada fastuosa. Pero no, resulta que con mi cuenta el número 25 llegará mañana, una fecha especial de por sí, como ya saben los que saben, pero no el plan original. Por suerte, ese plan no estaba escrito en bolígrafo. Así que ya saben, mañana y pasado tendrán una sola lección por día. Más largas, claro; son mis dos más importantes.

Los días pasan y lo que queda es el sabor que dejan. La nueva lección que aprendí esta semana es que al final todo se equilibra: habrán días malos y habrán días buenos, habrán retahílas de días malos e hileras de días buenos, y así. No hay quien determine cuál será un día bueno con anticipación, sólo depende de nosotros.

Me acabo de quedar dormido frente al teclado, así que vamos a hacer esto para que pueda descansar un poquito. Pueden leer las entradas anteriores a la serie aquí.

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50 lecciones para 50 años: Parte 2

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Además de ser un ejercicio de reflexión, donde peso las cosas que he vivido para evaluar mi medio siglo de vida, esto me ha servido para volver a desarrollar el hábito de la escritura, la eterna pata de la que cojeo. Pero ahora me puse una fecha límite, el odiado amor del periodista, así que espero después que lo termine me quede el hábito. ¿Otra lección aprendida? Ya veremos.

Antes de que sigan, quisiera ofrecerles este calendario que el autor Austin Kleon deja en su página web para que hagamos retos parecidos. Es tratar de no romper la cadena hasta poder desarrollar el hábito, llámese escribir, hacer ejercicio, no fumar, caminar, etc. La frase de Austin que más me gusta: «Algo pequeño, todos los días, se acumula hasta ser algo grande a medida que pasa el tiempo».

Pueden leer la primera parte aquí.

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