“Finalmente descansó”, fue lo primero que pensé. Lo que más necesitaba, lo que más le hacía falta. No hacía sino sufrir, bien fuera por enfermedad o por soledad. Rodeada de amor pero sin la gente que significaba tanto en su vida. Y así lo aceptó. Pero necesitaba descansar. Y finalmente, lo hizo.
Era mi madrina de bautizo. Ahí estuvo, con mi tío Armando. Me vio a cada instante de mi crecimiento. Siempre pendiente de mí, de nosotros. Crió a una hija y a un hijo. Vio al amor de su vida lentamente degenerarse, víctima de la crueldad que es Alzheimer’s. Vio a su padre irse. Vio a su madre irse. Vio a sus hijos irse del país a buscar su vida propia.
Sigan leyendo
