Donde tiranía y democracia son hermanas

Portada de Leviathan de Thomas Hobbes

En agosto del año pasado, Twitter cambió la manera en que se hacen los retweets —el equivalente al “forward” en un correo, cuando se repite un mensaje  colocado por otra persona— desde la Web, construido directamente en la arquitectura del sitio. El gran problema: ahora si hacías RT desde la página de Twitter, no podías incluir ningún comentario adicional al tweet en cuestión. Como reportó la revista Wired en su número de octubre de 2009, los usuarios, básicamente, le reclamaron a Twitter por haberse atrevido a interferir con… Twitter, pues. Lo hicieron con toda razón: el RT es una creación de los usuarios, no de Twitter.

Ese ejemplo sirve para que entendamos en qué situación está Internet en la actualidad. Para nosotros “adultos contemporáneos” que vimos Internet nacer, la red de redes empezó como una novedad, simplemente otro medio de comunicación mientras comprábamos CD’s, hablábamos por teléfono, íbamos al cine, leíamos el periódico o hasta veíamos nuestro correo (electrónico). Sólo podía usarse una hora al día por los costos y la conexión, nadie podía hablar por teléfono mientras estábamos conectados, y eran las empresas Punto-Com (sí, esto era antes de 2000) las que ofrecían los contenidos.

Esa situación parece un imaginativo cuento de revista de Kalimán (permiso mientras recojo la cédula) cuando pensamos en lo que Jean-Francois Fogel ha llamado “el Ciberleviatán”, inspirado en el Leviatán de Thomas Hobbes, que a su vez el filósofo inglés incluyó en su libro Leviatán, o la Materia, Forma y Poder de una Riqueza Común, Eclesiástica y Civil de 1651. Es una descripción de un estado absolutista, con un soberano a la cabeza que todos toleraban y aceptaban porque todos son una parte de él. Fogel habla ahora, como ya comenté, de un Ciberleviatán, un gigante compuesto, no de personas, sino de millones de millones de pantallas de computadoras, representando a cada internauta que hay en el mundo.

En principio, Internet parece el más democrático de los medios. No hay un servidor central que la controle por completo, de modo que censurarla (a pesar de lo mucho que algunos gobiernos tratan de hacerlo) es algo imposible. Y con el advenimiento de blogs, Twitter, Facebook, YouTube, Tumblr, Plurk, Flickr, deviantART y demás, nadie necesita conocimiento de programación —o edición de videos o revelado de fotos— para hacer sus opiniones conocidas para el mundo entero si les daba la gana. Abra una cuenta, escriba/tome su foto/haga su dibujo/grabe su video, súbalo a Internet, monitoree los comentarios. Listo.

Pero a la vez, Internet puede ser también un sitio terriblemente tiránico. Publicar información falsa en Internet es aún más grave que en los medios impresos, pues al tener un componente de anonimato en algunos casos, o precisamente por su esencia “todos pueden contribuir”, se espera que no traicione la confianza de los lectores. Twitter se ha convertido en el sitio para conseguir noticias al instante, lo queramos los periodistas “traidicionales” o no. Entonces muchos quieren ser los primeros que dan una noticia, que luego resulta ser un rumor, y la credibilidad queda en duda para siempre. En un año, sólo en Venezuela, el diputado Luis Tascón, el cantante Simón Díaz y el rockero Gustavo Cerati han muerto en Internet. (En estos momentos, Tascón nuevamente “está agonizando”, si se han de creer los mensajes en Twitter).

Adicionalmente, Internet pueda dar una sensación de comunidad falsa. No es lo mismo organizar una protesta o iniciar un movimiento en línea, que hacerlo en el mundo “1.0”. El mismo Fogel lo comenta en el artículo citado antes, citando a su vez al autor José Luis Brea: mientras que en el mundo “real” el discurso político tiene televisoras, revistas, periódicos, mitines, folletos, etc., para hacer llegar su mensaje. En el cibermundo, hay un solo medio: la pantalla, por donde pasan tantas cosas que nos pueden distraer… Para muestra un botón: Ron Paul, uno de los candidatos republicanos para las elecciones presidenciales de 2008, tenía más presencia en Internet incluso que Barack Obama, pero cuando terminaron las primarias, había logrado menos de 10% de los votos.

Esto sucede a diario, con esta Internet de hoy. (Fuente: Comics.com)

¿Y los periodistas, cómo quedamos en este nuevo panorama? La prensa tradicional —de hecho, muchos medios— han sido golpeados por Internet por la gratuidad, la inmediatez y la posibilidad de multimedia que ofrece, y eso ha obligado a sus trabajadores a replantearse su relación con sus lectores/televidentes/escuchas. Ya no son unos consumidores pasivos; se han convertido en prosumidores.

La palabra se la escuché por primera vez a Luis Carlos Díaz, quien a sus pocas tres décadas de vida ya es más pionero en periodismo digital que muchos, en una conversación para mi tesis. En esencia, me explicó, si los lectores no encuentran la noticia que quieren ver, simplemente la crean. El 11 de marzo de 2003, la fecha de los ataques terroristas al tren de Madrid, es sólo el ejemplo más conocido de un hecho que primero se conoció por Internet (en blogs, en YouTube gracias a videos de los celulares; Twitter aún no era grande). El choque del Metro de Caracas y el terremoto de mayo de 2009 son dos ejemplos venezolanos. ¿Y por qué tanta popularidad de blogs? No era porque no querían los periódicos, no había un desplazamiento de la preferencia; es porque cada quien quería dar su punto de vista del mundo en vez de leérselo a alguien más.

Entonces repito la pregunta: ¿qué papel jugamos los periodistas en este mundo? ¿Qué parte somos del Ciberleviatán?

Pues debemos hacernos tan atractivos para esos lectores como ellos mismos son para sus amigos, y no podemos cerrarnos a ellos. Tenemos el entrenamiento y la educación para encontrar información que no todos los blogueros o twitteros tienen (y no digo esto por ser despectivo ni mucho menos; si yo fuera hacer una distinción de mi propia naturaleza de periodista, bloguero y twittero tendría una crisis esquizofrénica, creo yo), aún cuando ellos pueden escribir tan o mejor que… bueno que yo, en algunos casos, para no generalizar. Debemos saber que la red de ahora es, aunque imperfecta, una comunidad: todo se compone de compartir. Ya no hay sólo una biblioteca, sino una auténtica discusión: todo el mundo quiere comentar, opinar, añadir o contestar.

Pero por sobre todo, tenemos una reputación que debemos tratar de mantener. Hay una enorme cantidad de fuentes en línea, y la cantidad de fuentes confiables sea quizá aún menor que en el mundo “real”. A medida que traduzcamos esa confiabilidad de nuestro trabajo a Internet, estoy convencido que podremos no sólo sobrevivir, sino prosperar en línea.

2 comentarios en “Donde tiranía y democracia son hermanas

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