Es lo mínimo que se puede

Más de uno me comenta –incluso los que me felicitan– es que no hay nada que celebrar el Día del Periodista. El año pasado cerraron la señal pública de RCTV; este año aparece asesinado Javier García. Y si a ver vamos, desde hace un buen tiempo ejercer periodismo en Venezuela es casi como ejercerlo en Irak. En especial si, como yo, trabajas en un medio adverso al régimen de turno. Pero díganme algo, ¿cuándo ha sido fácil ejercer esta carrera?

Empecemos por lo más básico: en la mayoría de los casos, los periodistas tenemos un sueldo mediocre. Eso nos obliga a buscarnos varios trabajos. Hasta donde yo sé, acá en Venezuela el récord lo lleva Rafael Osío Cabrices, quien tiene una columna en la revista Todo En Domingo, ha escrito dos libros (sin incluir la recopilación de dicha columna), colabora con varias otras publicaciones (como El Librero), y en algún momento tuvo dos blogs. Todo por tratar de llevar un estilo de vida más o menos cómodo.

Luego está el hecho de que cómo nos ven algunas de las otras carreras en la universidad. Yo tuve que lidiar en más de una ocasión con la arrogancia de estudiantes de ingeniería que incluso llegaron a decir que la nuestra no es una carrera, es un curso largo. O que decían que uno sólo estudia comunicación para salir en televisión (algo que lamentablemente es cierto, pues me lo han dicho estudiantes de comunicación…)

Por último, llover sobre mojado: no es nada fácil ejercer una carrera donde el Presidente, la gente del Gobierno y los que los apoyan buscan cualquier excusa para lanzarnos alguna bolsa de bosta. Si no trabajas para Vea o VTV, entonces eres un tarifado, un enemigo de los pobres, un imperialista, un oligarca. Qué importa que muchos de esos periodistas trabajen hasta más duro que muchos de los que reciben limosnas; igualito los llaman “niños ricos”. También hay ataques de fuentes que nos deberían más bien defender, pero esa es un área que no me conviene tocar.

No olvidemos algo que parece obvio: cuando es día bancario, los bancos están cerrados. Pero nosotros no podemos esperar que en un día no suceda nada, para que nosotros descansemos. Mírenme a mí, aquí estoy, trabajando.

Entonces, ¿qué rayos hay que celebrar hoy? Pues el hecho de ser periodistas, digo yo.

Uno no entra en esta carrera por volverse rico. Uno se mete porque cree que puede aportar a hacer el mundo mejor (¿no es por lo que lo hace cualquiera?). Porque eso de trabajar con ese tan escurridizo concepto como es “la verdad”, es algo fascinante. Por mi parte, es trabajar con conocimiento, con información, con la posibilidad de fomentar la comunicación entre los semejantes. Para mí hay pocas cosas tan sabrosas que sentarme con alguien y sacarle alguito a esa cabeza, saborear un pedazo de esa vida, conocer una vida distinta a la mía.

Ser periodista, en el sentido idealista del asunto, es trabajar no por reconocimiento propio, sino por la gente que nos lee/oye/ve. Es ser los ojos de los que no ven y la voz de los que no hablan. Si no hubieran medios de ninguna especie, ¿cómo te enteras de lo que sucede? ¿Cómo tomas decisiones sobre tu vida sin información? ¿Cómo evitas los peligros?

Entonces sí, que nos feliciten hoy, Día del Periodista. Quizá no haya mucho que celebrar, pero sí que jode para conmemorar, y absolutamente nada que olvidar. Felicítennos, que eso es lo único que nos queda y lo mínimo que pueden hacer, jejejeje.

Mi primer CD

Sé que ustedes no son idiotas y no se habrán creído que en efecto grabé un CD. Pero está divertido este meme para crear una carátula de disco ficticia usando el azar de Internet. El original lo conseguí en el blog de Epifanie. He aquí las instrucciones:

1.- El título del artículo que consigas en este enlace será el nombre de tu banda.
2.- Las últimas cuatro palabras de la última cita que consigas
en este enlace será el nombre del disco.
3.- La tercera foto que aparezca
en este enlace será (oh sorpresa) la carátula en sí del disco.

Cierto, esto requiere un mínimo conocimiento de manipulación de fotos, pero para un momentico de ocio está bien. El resultado es este:


Sí, lo sé. Horrible. Pero ey, soy periodista no diseñador. Y lo hice solo.

Nadie entrega mejor… CUANDO LES DA LA @#$%& GANA

Es triste — triste— cuando una de mis compañías favoritas comienza a decaer lenta pero seguramente, aunque para ser absolutamente justos, es una sola tienda. Por eso, atención Caracas: hay una tienda de Domino’s Pizza que está PATÉTICA.

Hoy fue el único día del mes que pude tomarme libre. Mis días libres los dedico no tanto a descansar, sino a hacer diligencia. Por consiguiente, hay que medir el tiempo con cuidado. Mala idea en este país, donde muchas veces hay que depender de las personas menos confiables. Bien. Respiro profundo. Implicaba uno de los viajes llevar a mi novia en su carro a su universidad para que pagara el semestre.

Llegué a las 11:30, pero ella tenía hambre, entonces decidimos mejor ir a la tarde después de almorzar. Eso debía ser a las 2. Ergo, para ganar tiempo, a las 12:35 pedimos la pizza. A Domino’s de La California. Mi primera señal de alarma debió ser que cuando le dije a la muy ladillada operadora que iba a pagar con tarjeta, la señorita hizo una expresión de preocupación. Aunque en realidad debió ser hace mucho tiempo, cuando me hicieron la gracia de traerme la pizza veinte minutos tarde “porque sólo tenemos un motorizado”. Eso fue hace un año, más o menos, y otra vez hace cuatro meses. Un rayo no cae dos veces en el mismo lugar; mucho menos tres, ¿verdad?

Nos sentamos a esperar. Ya no llovía como en la mañana; hacía un sol hermoso. En ningún momento me dijeron que la traerían en más de 35 minutos. Esperamos. 1:10. Ya se pasaron un poquito de la hora. Vamos a darles cinco minutos más. Pasaron diez minutos. Nada que llega. Llamo.

“Gracias por llamar y preferir a Domino´s Pizza La California. Arma tu equipo, y disfruta de la Eurocopa con Domino’s. Compra tres y paga dos. Así todos ganamos. Les habla (¿Yusleidy?), ¡en qué lo puedo ayudar?”

Esto dicho con todo el entusiasmo de una vaca preñada y con reumatismo. Lamento la vida que tiene que llevar. ¿Cuántas veces al día tendrá que repetir esa vaina? Pero ahora no quiero compadecerla. Quiero mi pizza.

“Señorita, buenas, yo pedí una pizza hace un poco más de media hora”, digo. “¿Podría averiguar qué pasó?” Me pide mis datos. Se los doy. Verifica mi pedido. “Señor, ya su pedido salió. Debe llegar en breve.”

“¿Pero por qué se está tardando?”

“Ay señor, es que sólo tenemos un motorizado.” What? ¡Pero si ya eso lo esuché yo hace un año! Tal cual se lo hago saber. Y la niña hizo lo peor que puede hacer alguien que atiende un cliente: dijo la verdad. “Ay señor, disculpe, es que los jueves y los viernes nos faltan los demás, y sólo viene uno…”

Mi silencio habló volúmenes.

Cuelgo, y esperamos. Una y veinte. Una y media. Una y cuarenta. UNA Y CUARENTA Y CINCO. Una fiera hambrienta los vuelve a llamar. Juré que si me volvía a cantar la retahila iba a llegarme hasta allá y hacerle tragar servilletas. Por suerte, ni me atendió ella, ni soltó toda su retahila. Fue un sencillo “Gracias por llamar a Domino’s Pizza…”

“Señorita, buenas tardes. Yo pedí una pizza hace UNA HORA Y MEDIA. ¡UNA HORA Y MEDIA! Yo sé que sólo tiene un motorizado, pero no tengo la culpa que todos los demás sean UNA CUERDA DE IRRESPONSABLES que les va a hacer quebrar el negocio. Yo exijo que mi pizza esté aquí en CINCO MINUTOS, que de paso ustedes SABEN que no voy a pagar para nada. ¡Dónde está mi pizza!” Una de las pocas cosas que agradecí de mi época en DHL: aprendí a ser un cliente odioso.

Después del esperado silencio incómodo, la mujer oootra vez me pide mis datos. Se disculpa de una forma “sincera”, y me pide que cuando llegue el motorizado la llame. Eso sucedió no cinco minutos después, sino quince. Dos horas después, mi novia y yo finalmente comimos de mal humor una pizza tibia pero gratis. Sólo hice la mitad de mis diligencias. Y juré que sería la última vez que esto me pasaría.

De modo que, señores de Caracas: si ustedes quieren comer pizza desde su oficina, la cual queda en el este de la ciudad, pidan en Papa John’s. Son igual de buenas, y en todo este tiempo no he tenido una queja. Domino’s sigue siendo mi preferida, pero nunca más vuelvo a pedir entrega de la tienda de La California. No digo esto para que quiebren, sino para que se ponga las pilas y solucione sus problemas. Si puede vaya y cómprela. O como ya dije, pida a Papa John’s.

PERO NO PIDA PIZZA AL DOMINO’S DE LA CALIFORNIA.

Unidos por la amistad


Consideren lo malo que puede llegar a ser Internet. Tiempo perdido. Pornografía infantil. Asesinos o violadores. Hombres fingiendo ser mujeres. Pero ciertamente, la posibilidad de hacer amigos en la red lo compensa todo, o casi todo.

En los cuatro años que he estado metido en esto de la Web 2.0, en particular desde que estoy en Twitter, he hecho amistades con personas a las que sólo he visto en foto, o sólo he escuchado la voz. No sé si es gente con la que cuento en las buenas y las malas (aunque creo que sí), pero ciertamente ha sido gente que me ha escuchado en mis momentos más bajos. Eso va en especial para quien me mandó este regalo: la “maracucha de oro” Kikyta. Vaya este detallito a ella y alas otras personas que considero amistades mías, tanto por la red, como en la vida misma, donde incluyo a mis queridísimos compadres y a un enano que, aunque mucho me desesperara, sí que es amigo.

Jorge Torres

La Mae Nairoby

David Ludovic

My Musical Partner

Hay muchos más, y seguro más de uno me reclamará que no está en la lista, pero a ver, ¿igual no saben que el cariño es el mismo?

Tremendo susto

La llamada del viernes fue para despertar de una u otra manera. Mi madre me llamó al celular y me dijo con voz entrecortada que mi papá y ella estaban yendo al urólogo, pues mi padre había orinado sangre. Imaginen mi reacción.

Hace cuatro años, a mi papá le detectaron un pequeño nódulo de células cancerígenas en la próstata. Era minúsculo, más pequeño que un grano de arroz, y estaba encapsulado, pero era cáncer. Se decidió atacarlo con radiaciones y medicamentos especiales. Un año después, el primer examen salió. Cero cáncer. Sin embargo, cada vez que toca esa nueva revisión los nervios vuelven, sin importar cuánta dieta, falta de estrés o rezos a Dios se hagan. Siempre tememos lo peor.

El último examen fue hace menos de dos semanas. Cero cáncer. Pero este nuevo susto nos confirma que esas radiaciones echaron mucha vaina. Llegamos a La Floresta. Finalmente, el diagnóstico es que está bloqueado. Mañana lo operan para ensanchar la uretra y no tener un susto parecido. Gracias a Dios por las “pequeñas” cosas.

Pero esto me puso a pensar en mí. Claro, mi padre tiene varios kilómetros que recorrer antes que finalmente se apague su santa luz, pero ese día va a llegar. Y en este momento, nosotros no somos nada sin el viejo. No dependo de él ni remotamente cerca que hace menos de cinco años, pero ciertamente no estoy viviendo listo para irme de la casa en cualquier momento. De hecho, en lasociedad americana yo sería considerado una burla. Gracias a Dios por nuestra sociedad basada en la familia. Pero, ¿no es hora ya de que en, digamos, un año pueda cuidarme solo? ¿Pelar bola como un adulto y empezar mi propia familia? Creo que Juan tiene algo que pensar pronto. Mientras tanto, gracias a Dios que estás bien, viejo. Dios te bendiga.

¡Ucabista juventud!

Una de las pocas cosas buenas que se le puede atribuir a la brutal dictadura de Marcos Pérez Jiménez fue la aprobación de una nueva ley de educación, que eliminó la prohibición de universidades católicas en el país que estaba en vigencia desde el tercer gobierno de Antonio Guzmán Blanco (1886-1888). Eso permitió que el 24 de octubre de 1953 se fundara la Universidad Católica de Venezuela, que se llamaría así hasta el 7 de julio de 1954, cuando se cambió el nombre a Universidad Católica Andrés Bello.

Hoy, cuando se cumplen 50 años de la primera promoción de graduados de la universidad que me enorgullece llamar mi alma mater, me nació sentarme y analizar qué significó En ese entonces, se graduaron 75 profesionales en tres carreras (Farmacia, Ingeniería Industrial y Derecho); este año, entre diplomados y estudiantes de pre- y posgrado, nos graduamos casi 4.000 de 9 escuelas distintas. Y el universo de estudiantes es menos del 1% de la población estudiantil de Venezuela (en este momento en los cuatro núcleos –Caracas, Los Teques, Guayana y Coro– hay 20.000 estudiantes), pero quisiera que consideraran los alumnos más distinguidos (de una u otra forma) que se han graduado allí o están en proceso de hacerlo:

  • El maestro José Antonio Abreu, graduado en Economía, creador del Sistema Nacional de Orquestas
  • Robert Serra, en Derecho, dirigente estudiantil oficialista.
  • Freddy Guevara, en Comunicación Social, dirigente estudiantil de oposición.
  • José Gregorio Vielma Mora, posgrado en Gerencia del Sector Público en Relaciones Laborales, antiguo Superintendente del SENIAT.
  • Pedro Carmona Estanga, en Economía, antiguo presidente de Fedecámaras y presidente de facto durante los acontecimientos del 11 de abril de 2002
  • Yon Goicoechea, en Derecho, dirigente estudiantil de oposición.
  • César Miguel Rondón, en Comunicación Social, locutor y escritor.
  • Edgar Ramírez, en Comunicación Social, actor.
  • Julio Borges, en Derecho, dirigente político del partido Primero Justicia.
  • Luis Benshimol, en Administración, director de la Bolsa de Valores de Caracas

Además, algunos de sus profesores han sido la periodista Marta Colomina, el diputado Carlos Escarrá, el ex vicepresidente Jorge Rodríguez, y el locutor y productor de radio Juan Ernesto Paéz-Pumar (a quien llamo orgulloso padrino de mi promoción y amigo). De modo que nos hemos basado más en calidad que en cantidad (sin desmerecer para nada las otras universidades, ojo. Bueno, quizá una, pero le daré el beneficio de la duda y el anonimato.)

Haberme graduado en Comunicación en la UCAB fue un sueño de toda la vida mía; sólo lamento haberme tardado tanto en realizarlo. Ahora que lo logré, me enorgullece poder defender con conocimiento de causa muchos de los ataques que se le lanza hoy en día, acusándola de elitista, excluyente, desentendida de la realidad nacional y “nido de oposicionismo”.

Sí, las mensualidades son exhorbitantes en algunos casos (yo terminé pagando casi tres millones de bolívares semestrales). Pero tienen un activo servicio de becas y ayudas económicas que ha permitido a más de 10.000 personas y actuales profesionales graduarse y ejercer. De hecho, mucha gente que se graduó conmigo no hubiera podido hacerlo sin esa ayuda económica. Dios, quisiera yo haber sido una de ellas, pero agradezco tanto a mi padre sus sacrificios para pagarme la carrera.

También admito que muchos de los que estudian en la universidad son estudiantes de clase media y media alta, pendientes de la rumba y eso, pero hay muchísimos otros que no están allí nada más por volverse millonarios. Están ahí porque les gusta la carrera y quieren hacer una diferencia en nuestra sociedad. Sobre todo lo digo por algunos que estudiaron conmigo, que no están precisamente nadando en dinero. De todos modos la UCAB siempre ha tenido programas de voluntariado para atender las zonas más pobres de la ciudad, una de las cuales, Antínamo, que tenemos como permanente recordatorio en todo el frente de la sede en Caracas. Además, con la Ley de Servicio Comunitario del Estudiante de Educación Superior (que pueden descargar aquí si quieren), habrán más chamos concientes de las necesidades de las clases pobres de Venezuela. Nada malo con eso.

Cincuenta años después, en una Venezuela que tiene enfrentada a la gente cada vez más por cuestiones de política, me pongo a pensar en esos 75 jóvenes que se graduaron en un año en que nació la democracia en Venezuela, llenos de nuevos sueños y esperanzas que sus padres ni habían soñado. Esto es por ustedes, ucabistas como yo, que espero que entre todos sigamos dando nuestro granito de arena para lograr un país que queremos. Que seamos más como el maestro Abreu, que no ha hecho sino poner a nuestro país en alto. Que siempre nos enorgullezcamos de haber salido de la Univerwsidad Católica Andrés Bello.