Planeta P

La mujer, de por sí, es una de las cosas más fascinantes que Dios ha creado. Y sólo nuestro Señor pudo haber creado un ser tan complejo, que aún después de años de conocer te das cuenta que no conoces sino la superficie. Aunque ojo, aunque fascinante es admirar el Coliseo, las pirámides de Chichen-Itzá, un atardecer en la playa u oír una melodía, fascinante también resulta estudiar la maldad de Stalin o Hitler, o los problemas en Oriente Medio, o cosas por el estilo.

El caso es que no podemos dejar de admirar a las mujeres, desde algo tan sencillo como lo bien que se pueden ver en trajebaño –y es impresionante cómo puede hacerlo la que menos te imagines– hasta los extremos a los que son capaces de llegar por lograr su objetivo o complacer a sus seres queridos. Madres, tías, abuelas, primas, novias, hermanas, amantes, esposas, jefas, compañeras, amigas, madrinas, doctoras, cantantes, simples desconocidas que nos pasan al lado…. Todas se merecen en algún momento el reconocimiento de los hombres. El verdadero reconocimiento, no las babosadas que se hacen pasar por piropos que algunos Neandertales sueltan en la calle. Y no me refiero nada más a obreros, que bien decentes que he conocido (pocos, pero los hay). Pero eso es otro post.

Bueno, entre los amigos de la universidad, el mayor reconocimiento que tú le puedes hacer a una mujer es decirle que tiene que venir de fuera de este mundo; es decir, del planeta P.

El nombre será algo que explique en un minuto. Mientras, ¿qué debe hacer una fémina para merecerse semejante elogio? Y les digo, es algo que no se da fácilmente. En cuatro años de carrera, y el término se inventó hace uno, más o menos, sólo cinco han obtenido el honor. Yo tengo mi propia candidata para el próximo, pero así como para conseguir la Santidad a una persona debe certificársele un número determinado de milagros, a una habitante del planeta P se le deben comprobar ciertas cosas antes de lograr su “ciudadanía”.

Antes que nada, debo aclarar algo: uno no tiene que estar enamorado de una mujer que salga de este planeta. Por supuesto, es difícil resistirse a ellas con este cúmulo de atributos; pero, al menos en mi caso, les puedo asegurar que lo único que me une a las cinco candidatas que conozco, en especial a la que le dio el nombre al término, es una hermosa amistad. Claro, me sentiría honrado si ello cambiara, para bien, pero sé que eso es algo fuera de mis posibilidades. No porque sean demasiado para mí, sino que simplemente esos no son los sentimientos predominantes.

Ahora sí. ¿Cómo reconocer a una habitante del planeta P?

  1. Debe ser hermosa. En ciertos casos, bella. Eso creerán que es lo fácil; total estamos en Venezuela, país que definió a la mujer hermosa. Pero debe ser hermosa sin buscar que los demás se lo digan. Una habitante del palneta P debe ser capaz de lograr una mirada aunque esté recién despertada y enferma. El maquillaje debe complementar su belleza o aumentarla, no ser su belleza.
  2. Debe tener conversación interesante. Ojo, no pedimos una Madame Curie, pero superficialidades todo el tiempo tampoco. Total, eso delata la siguiente cualidad.
  3. Debe cuidar su apariencia, pero no obsesivamente. Lo primero para ella debe ser su crecimiento personal, aún si ello significa sacrificar el aspecto amoroso. Ello sólo la hará más merecedora del momento en que llegue el que es.
  4. Debe ser amiga incondicional. Hacer cosas que ni tú te sabías capaz de hacer por los panas. Es decir, que uno pueda contar con ella aún en los momentos más negros y oscuros. Por ende, quieres ser su amigo condicional.
  5. Esta es condición de los que la rodean: debe hacer a los que están con ella sentirse bien. Que su sola presencia los haga sonreír, que su conversació te quite todo lo malo. Digo que es condición de los demás, porque obviamente esto es percepción personal, pero la personalidad de esta hermosísima mujer ayuda.
  6. Debe ser divertida. Que le guste compartir con sus amigos, los que tienen la suerte de llamarla así. Puedes disfrutar de un simple café o puedes estar en tremendo bonche, pero ella debe disfrutarlo de sobremanera.
  7. Por último, debe ser modesta. No debe admitir abiertamente nada de lo que se dijo aquí, que se crea que, a pesar de lo extraordinaria que es, la persona más normal sobre la tierra.


Ahora, explico el nombre. El nombre no es P, pero respeto el derecho a anonimato de la persona por la que se bautizó el planeta. Es una muchacha que estudia con nosotrso en la uni. Esta niña –que de niña no tiene nada, aunque por su cara nunca lo adivinarían– no solo es una belleza física, es super preparada e inteligente, estudiosa, y una amiga a toda prueba. Nos hemos alejado un poco, más por decisión de ella que de nosotros, pero el cariño que siento por ella sigue igual. Ella ha hecho cosas por nosotros que nunca creí que alguien podría hacer, cosas por las que yo he llorado conmovido. Y lo peor es que ella ha pasado por cosas tan duras, que ella para nada se merece. Pero fiel a su madurez, las ha superado, muy poco a poco, concentrándose en su carrera y su trabajo. Ahora la veo sonreír más, y su sonrisa no tiene el tinte triste de hace tiempo. Me alegro mucho por ella.

Si tú, fundadora del planeta P, lees esto, disculpa si me he pasado un poquito en alabanzas, pero siempre me he sentido así por tí. Sólo espero que así como nos has llenado la vida de luz y color por habernos dado el placer de conocerte, espero que tu vida se te llene de luz y color como sé que quieres. Te quiero muchísimo, mi eterna amiga.