Voten, por Dios, VOTEN

El tema de la reforma ha sacado algo que por lo visto no terminamos de aprender: la oposición está dividida y hay algunos que no quieren terminar de aprender que así nunca vamos a salir de este desastre. Doctor Hermán Escarrá, esto es con usted. Yo le admiro profundamente, le tengo un gran respeto, pero creo que con un Escarrá radical tenemos. Me permito ser tan atrevido como para predecir lo que pasará si en efecto se logra la Marcha Para No Volver que usted y el Comando Nacional de la Resistencia están organizando. Tendrán una acogida inicial, sí, pues de radicales estamos llenos, pero esta es la misma gente que cuando estaba el paro petrolero en 2002, pagaban hasta 70.000 bolívares por un bidón de gasolina, cuando no hacían tres horas de cola para llenar el tanque, y después corrieron en lo que el Sambil abrió. De modo que a la mañana siguiente se pararán, se bañarán y volverán (quizá). ¿Y sabe qué? El domingo 2 de diciembre, igualiiiito va a haber referéndum. Suponiendo, claro, que los miles de recursos en contra de dicho referéndum no pasen.

Creo que ya deberíamos haber aprendido que con abstención no se gana nada. En todo caso, mostraremos que hay un gran desinterés por votar, y eso es todo. ¿Qué creen, que si hay un 70% de abstención Chávez va a decir «Coño… qué va… mejor renuncio…»? ¿O que la OEA o afines van a venir a suspenderlo tal vez? No, señores. Seguirá mandando igualiiiito.

Si no nos hubiéramos abstenido, es muy probable que Enrique Mendoza siguiera siendo gobernador de Miranda. Si hubiéramos votado, Carlos Ocariz muy probablemente fuera alcalde del Municipio Sucre. Y coño, si no hubiéramos cometido la torpeza de 2005, tendríamos al menos unos 25 diputados de partidos tradicionalmente de oposición allá en la Asamblea. Súmenle a los de Podemos, que aún no entiendo qué mosca les picó pero pienso que «a caballo regalado…», y este bodrio que se hace llamar reforma, o no habría pasado así tan fácil, o al menos estaríamos yendo a votar por ella con 33 preguntas distintas. ¿Todavía se quieren abstener?

Si todavía contestaron «sí», les doy un dato. Yo leí un cable de agencia hoy (me imagino que saldrá mañana en los periódicos) donde declararon dos representantes de encuestadoras: Luis Vicente León, de Datanálisis, y Alfredo Keller, de Keller y Asociados. León declaró que más del 50% de los que simpatizan con el chavismo NO ESTÁN DE ACUERDO CON LA REFORMA. Pero no se atreven a votar en contra de Chávez. Y Keller dice que apenas un 32% votaría «sí» con la bendita reforma. También les añado esto: también vi la información de otra encuestadora (no puedo decirles cuál, la información no salió pública) que entre los que no irían a votar y los que votarían «no», suman más del 60% del electorado. Y estas son las tres encuestadoras que, en las elecciones del año pasado entre Manuel Rosales y Hugo Chávez, predijeron correctamente una diferencia de cerca de 20 puntos porcentuales entre los dos candidatos. ¡¿Coño, qué más quieren, por amor a Cristo?!

Yo sí quisiera que este referéndum se retrasara. Lo digo de todo corazón. Yo sí quisiera que todos los recursos que se han introducido en su contra fueran aceptados y pensáramos en la bendita reforma por allá en febrero, o en marzo, para que realmente podamos sentarnos, analizar la bendita reforma y hacernos una opinión seria y verdadera. Hay muchas cosas en la reforma que valdría la pena considerar (distintas propiedades privadas, más poder para los consejos comunales mientras no sea en detrimento de las alcaldías), otras ignoradas (la jornada laboral no necesita ser reducida por reforma, sino por decreto ley), otras más definitivamente abolidas (gobernadores elegidos por el Presidente, falta de autonomía del Banco Central, período presidencial de siete años, reelección continua e inmediata, falta de derechos a la información en estado de excepción) y otras más consideradas que no están allí (una segunda vuelta electoral). Pero como las posibilidades de que eso ocurra son pocas, entonces, como dice Rafael Osío Cabrices en su blog, ya olvidémonos de la desconfianza (muy justificada, quizá) que le podamos tener al CNE, a rumores de Noticiero Digital y al síndrome del abstencionismo. Si nosotros tenemos seis personas y ellos tres, somos mayoría, pero de nosotros sólo vota una y de ellos votan los tres, ¿quién creen ustedes ganaría?

Un compañero dijo: “Yo no pretendo que se sigan burlando de mí así; yo no voy a votar.” Me recordó un chiste que escuché una vez: por dársela de macho, el hombre dice: “¡No señor! ¡Mi mujer no va a trabajar! ¡Yo trabajaré, yo me esforzaré, yo proveeré a esta familia yo solo sin ayuda!”, a lo que la mujer, con sonrisa en su cara, simplemente asiente. ¿De quién se están burlando aquí? Yo por mi parte, que al menos hagan el esfuerzo de robarme el voto, si en efecto lo van a hacer. Éste que está aquí, va a votar. Y tú también deberías.

En mi opinión, democracia es…

Todo lo que se ha vivido en estas últimas semanas es algo que no se veía en Venezuela desde 1928, cuando las marchas masivas en contra de la dictadura de Juan Vicente Gómez. Lo divertido es que en esta ocasión el Gobierno no sabe cómo rayos lidiar con ellos. La participación de los estudiantes de la UCV, Metropolitana y la UCAB en la Asamblea Nacional el día de hoy fue excelente ejemplo. Los estudiantes habían pedido un derecho de palabra. Los asambleístas le propusieron «debatir» con los estudiantes que apoyaban «el proceso». Sospechoso.

Cuando los estudiantes llegaron, se encontraron dos cositas: toda la Guardia Nacional cuidando el Hemiciclo de la Asamblea como si nos fueran a invadir. Y segundo, se les hizo claro que sólo podría ir una pequeña comisión. Pero los del oficialismo se trajeron hasta una barra. Olía a show mediático, una forma de ponerlos en ridículo. Ciertamete en desventaja. Pero en mi humilde opinión, los estudiantes de oposición jugaron con sus reglas, en vez de caer en el juego del gobierno.

Todos llegaron vestidos de rojo. Douglas Barrios, estudiante de la Universidad Metropolitana, leyó su discurso, y dijo, palabras más o menos, que estemos en una sociedad donde no se tenga un uniforme. Acto seguido, todos se quitaron su franela roja. Habló entonces Andreína Tarazón, una estudiante de la UCV, hablando a favor del gobierno. Mucho antivalor, mercantilismo, capitalismo, manipulación, y otras palabras clásicas del discurso pro-chavista, como «imperialismo norteamericano», «luchas de Bolívar», etc. Y luego se paró Yon Goicoechea, quien ha sido uno de las estrellas en este movimiento. E incluso ha empezado a recibir los dardos por ello, por una situación que involucra su padre. Pues Yon se paró, dijo que ya habían expresado lo que querían, y ahora se retiraban. El debate se hará, pero en las universidades y en la calle. «No vinimos a hacer política, eso les toca a ustedes», dijo, señalando a los parlamentarios. Y así como así, los muchachos se pararon y se fueron.

Cilia Flores, la presidente de la Asamblea, se indignó, y obviamente empezó a hablar de manipulación, que no tienen nada que decir, etc. Pero como si nada. Sus palabras no llegaron. Y en efecto hablaron los otros estudiantes. En cadena nacional. Todos loas al proceso revolucionario. En efecto, un show mediático. Y los muchachos no cayeron en eso.

Pero todo esto me impulsa a considerar todas las posiciones que he visto y he oído. Como las que vi el día de la marcha del 3 de junio, donde así como vi a algunos de los personajes más pobres (de recursos económicos, no de espíritu) ondear banderas chavistas, vi lo más aparentemente encopetado de la sociedad gritar el equivalente a «largo de aquí». Para mí, eso es democracia, que todos tengamos el derecho a expresarnos y por sobre todo el derecho y también deber de defender nuestras creencias. Pero las posiciones radicales siempre son dañinas. Todos vivimos en un mismo país, señores. Si Chávez se fuera mañana, sus seguidores aún quedarían aquí. ¿Qué hacer? ¿Exterminarlos? ¿O creen que en lo que se vaya el hombre sus seguidores van a cambiar? Ni «patria socialismo o muerte» ni «muera Chávez». Acá necesitamos sentarnos, hablar y solucionar. No en condiciones de desventaja para ningún lado, que era a lo que los muchachos se enfrentaban en la Asamblea. Igualdad para todos.

Aclaropara los que no me conocen: yo sí quiero que haya un cambio de gobierno. De hecho, casi que lo necesito. Pero no quiero ni que se vuelva a la antigua política, ni que se caiga en una política que excluya a nadie. Los estudiantes –que yo siempre me he enorgullecido decir que aún lo soy– están haciendo lo que tienen que hacer. Sigamos así.

Mucho más que RCTV

Hoy es un día histórico, pero no en el sentido que lo anunció nuestro «ilustre» canciller, NIcolás Maduro, en entrevista a CNN En Español. Hoy el país amaneció sin el canal más antiguo del espectro. Síp… el ejecutivo cumplió: ayer salió del aire la señal de Radio Caracas Televisión, después de 53 años y 6 meses.

Ese cierre fue anunciado el 28 de diciembre de 2006, por un Presidente recién reelecto que saludaba a las tropas, vestido como estaba de uniforme militar. Anunció que pronto cerraría ese canal «golpitsa», sin dar otro alegato sino que se le vencía la concesión. Aún si fuere cierto, no dio ningún alegato legal para no renovársela. Si no me lo creen, apenas el sábado 26 esa concesión fue renovada al prinicpal competidor de RCTV, Venevisión, y a la televisora estatal, Venezolana de Televisión.

Después de lo anunciado por el ocupante de Miraflores, empezaron las excusas de los ministros. Que si violaba la Ley de Responsabilidad Social de Radio y Televisión, por dar contenido violento y degradante. Que incitaba a la violencia contra el gobierno. Que no representaba al pueblo venezolano. Bullshit, muchachos. Si revisaran lo que sale en Venevisión, vieran que la programación (hasta hace dos años más o menos) no era muy distinta a la RCTV. Y la violencia que promulgan los invitados y el conductor de al menos un programa en VTV (Mario Silva) es mucho mayor que cualquier cosa que RCTV haya podido hacer. No nos confundamos hijos: esto es un caso de retaliación política, pura y sencilla.

¿Por qué lo digo? Porque aparte de Globovisión (el equivalente a CNN acá en Venezuela), RCTV era el único canal que se mantenía 100% crítico al gobierno. Quizá en algunos momentos exageraba su pasión, pero mostraba lo que pasaba. Todos los otros canales simplemente lanzaban lisonjas, como si este gobierno fuera infalible. No les digo que hacía sólo cosas malas (aunque las que hace SON malas), nada que ver, ha hecho cosas muy buenas, se lo reconozco. Pero RCTV y Globovisión se mantenían independientes a sus influencias, y sus reporteros no tenían miedo de hacer las preguntas duras.

Y el caso puro y simple es, suponiendo que a mí me de la gana de ver un canal que critique al gobierno, ¿quién me dice a mí que no puedo hacerlo? Y si a mí alguien me dice que quiero ver nada más noticias, ¿por qué rayos no puedo? Yo rara vez veía RCTV, lo admito, yo siempre he sido más de ver cable. Pero si a mí me daba la gana de ver RCTV, ahí estaba, esperándome. Me recibió incluso una vez cuando concursé en Quién Quiere Ser Millonario. Y cuando fui en estos días a entrevistar a una de sus empleadas más antiguas, en asignación para el periódico que trabajo, se sentía la fraternidad entre las personas que trabajaban allí. Lo importante aquí no es si se cierra un canal o no, que ya es grave, que de por sí acepto que soy minoría, pues la penetración del cable aquí es mínima. Lo importante es que ahora tenemos menos de dónde escoger, que poco a poco se nos está obligando a ver lo que se nos dice que veamos.

Maduro dijo que ayer se presenciaba «el fin de la dictadura mediática». Más allá de que si estoy de acuerdo o no (que no lo estoy), más me preocupa otra posible dictadura que pueda empezar ahora. Que Dios nos agarre confesados.

Elecciones 3D: ¡Vaya día! (y III)

Bien: las elecciones llegaron y se fueron. al día siguiente, las calles por donde yo pasé parecían de un pueblo fantasma. En el trabajo reinaba un silencio absoluto, nadie quería hablar.

Y fue entonces cuando la realidad me llegó: la mayoría de este país quiere un líder como Chávez, uno que les diga qué hacer, que les dé las cosas en la boca, que sea un papá, pues. Y es ése el país en el que tenemos que vivir.

Me empecé a enfocar en lo positivo de la experiencia:

  • La abstención llegó a su punto más bajo en casi diez años: 24,5%.
  • Muchos jóvenes votaron, aunque aún no son suficientes.
  • Dependiendo a quién se le crea, la elección sacó entre 37 y 43% de los votos. Aún si nos limitamos a la cifra oficial, esos son más de 4 millones de personas.
Y sobre eso hay que trabajar. Este post será más breve que los anteriores, por cuanto ya todo lo que se tenía que decir se ha dicho en otros blogs, otras publicaciones y miles de periódicos. Pero sí lo cierro con ún parafraseo de Fausto Masó, que escribió en su columna «El Método del Discurso» en El Nacional del 2 de diciembre: lo único seguro después del domingo es que llegará el lunes, luego el martes, y cuando llegue enero, que estaremos todos sin plata, más gordos y por consiguiente amargados, sí estaremos dispuestos al debate que significa la nueva situación del país.

Ah y otra cosa: hoy, mañana y siempre… ¡ME ATREVO!

Elecciones 3D: ¡Vaya día! (II)

A las 5 de la tarde, mi jefa del periódico, Dora Paredes, me escribe para que vayamos a la Quinta la Esmeralda, donde el comando de campaña de Manuel Rosales se había instalado. «Es que la vibra está en la calle», me dice. No me lo tiene que decir mucho. Le digo a mi madre, que en tres segundos me anima a ir, me dice que le da miedo, me dice que no le pare, se angustia y me vuelve a decir que me vaya.

Llegamos allá, y a la altura de la Torre KPMG hay una enorme caravana de seguidores del oficialismo con una Cherokee delante de ellos. Ya a esta hora, el ambiente se respiraba tenso. Claro, hasta que llegabas a la quinta.

A los cinco minutos que llegamos, carnet de prensa en la mano, Roberto Smith se dirige a los presentes para informar que dentro poco estaremos dando unas cifras «muy bonitas». Se respira un ambiente de gran felicidad, o al menos de tranquilo optimismo. William Echeverría, Carlos Acosta, Kico… Hay unos cuantos. Dora y yo nos encontramos al Príncipe Negro Rolando Peña, un artista plástico amigo de Dora, y nos quedamos, simplemente esperando. ¿Qué más íbamos a hacer?

Como a las 8:30, llegó Teodoro Petkoff, director del diario Tal Cual y prominente miembro del comando de campaña, rodeado de gente y con su habitual cara de circunspecto. Y, casi como si lo hubiera estado esperando, arribó al sitio un caballero de barba con una gorra beige, gritando de voz en cuello con voz evidentemente alterada: «¡Vengo en nombre de la sociedad civil a decir que estamos ARRECHOS con Manuel Rosales! ¡La Plaza Altamira está tomada! ¡Mi esposa está allá! ¡Manuel Rosales tiene que aparecer!»

De allí el ambiente cambió completamente. La tensión se apoderó de todo el mundo. Supongo que ello obligó a Teodoro a tomar escenario y dirigirse a los medios. «Manuel Rosales se dirigirá a la nación cuando tenmga que hacerlo», enfatizó. Dijo que los únicos que pueden ejercer las leyes son los miembros de mesa, y soltó una de las suyas, en vivo: «Cualquier otra persona que quiera ejercer al ley está pelando bolas. ¡Pelando bolas!» Lo dijo muy en serio, pero su comentario aligeró un poco el ambiente.

Pero algo me decía que él ya sabía algo que nosotros no.

Después de eso, Dora decidió que mejor nos fuéramos a nuestras casas. La lluvia azotaba, y las calles vacías contribuían al clima de evidente tensión. Qué contraste.

Cuando llegué a la casa, el agotamiento finalmente me alcanzó. Y decidí ver otra televisión opor un rato, luego de pedirle a mi familia que por favor me avisara cuando dieran el primer boletín.

Cuando llegó, dando los resulatdos conocidos para todos, yo lo que más escuché fue el amargo llanto de mi madre.

Elecciones 3D… ¡Vaya día! (I)

4:50 am. Me levanté a una hora ridículamente temprana para un domingo, pero la enorme responsabilidad me lo exigía, qué iba a hacer… Me desayuné, me vestí, y a hacer mi cola. MI centro de votación está a menos de media cuadra de mi casa. Y ya por el balcón, iluminados por los faroles de la calle, veo gente como espectros caminar decididos hacia arriba.

5:15 am. La cola es de concierto. ¿De dónde rayos salió tanta gente? Y les digo, la mayor cola es de gente de la tercera edad. Y todos esos abuelos y abuelas están cubriendo más de una cuadra. ¡Y el Sol ni ha salido! Eso sí, las estrellas están en el cielo, y las alegres chácharas que se oyen indican el entusiasmo.

5:32 am. Mando un mensaje, y veo que me quedé sin saldo. ¿Quéeeee? ¡Hoy no me puedo quedar sin saldo! Bueno, nada. A caminar hasta el kiosko. Lo comento en voz alta, y la señora que está delante del señor que está delante mío me dice, «Tranquilo, hijo, ve y te guardamos tu puesto.» El señor que está detrás mío ratifica, «Total, mano, de aquí no nos vamos antes de las 10.» Palabras proféticas.

6:12 am. Me lanzo las tres cuadras hasta el kiosko. José, el kiosquero, acaba de abrir, pero ya hay como cinco personas. Un hombre joven agarra el Meridiano que proclama abiertamente lo grande del Magallanes, mi equipo de béisbol, y dice «Lo voy a comprar nada más que por este titular». La hija de José, que le va al Caracas, su enconado rival, se ríe igual. Hay buen humor en el ambiente. Compro mi tarjeta y el Últimas Noticias. Trato de ignorar el titular de los periódicos oficialistas. Y me regreso a mi cola.

6:46 am. La gente empieza a entrar. Yo tengo no menos de 50 personas adelante. Gracias a Dios por Stephen King. Pero claro, empiezan a oirse los rollos. La mesa 5 tiene un problema; la máquina no arrancó, o algo. Esperan el cotillón electoral de Santa Rosa de Lima para que empiecen a votar manual mientras el técnico pelea con ella. Y con todo y eso, la gente forma su bochinche.

8:05 am. Mi hermano está en la mesa 3, yo en la 6. Yo llegué media hora antes que él. ¡¿Entonces alguien me quiere explicar por qué rayos pasa él primero?!

9:15 am. Al fin, primero en la fila. La gente aplaude cada vez que pasa alguien nuevo. La mesa 7 protesta, la cola ya está que alcanza casi una cuadra. Caras que no se veían desde hace años, y eso que vivimos en la misma cuadra.

9:32 am. Entro. Una señora se acerca a mí y al que tengo detrás y nos dice que si podemos subir a una anciana en silla de ruedas. Decimos que cómo no. Cuando llegamos allá, le dicen que ya la subieron. «Pero pasen a la captahuella de una vez.» Hay una cola de casi q2uince personas antes de nosotros. Yo me rehúso de plano, pero el otro duda un momento. «Los saqué de su cola y los traje acá arriba, no los voy a hacer regresarse. No te pongas así», me dice. La gente me mira con una mezcla de respeto y compasión. «Dale, hijo», alguien me dice. Muerto de pena, y buscando apro9bación, paso a la miserable captahuella. «Total, no hay nadie en tu mesa», me dice alguien más. Pero me siento sucio igual.

9:40 am. Y ahí estoy, frente a la bendita máquina. Estoy buscando a Un Nuevo Tiempo, pero los miembros de mesa me presionan tanmto que cedo. Termino votando por Convergencia. Espero que nos e me devuelva. ¡Todo sea por Rosales!

10:05 a. Después de haberme echado un baño, salgo a la aventura que es salir de mi casa, porque tengo que buscar a mi tía Adriana a su casa en San Luis. Ella tiene un serio foco de artitritis en la espalda y no se puede mover mucho. De paso voy a buscar a la comadre de mi mamá. Chévere, así aprovecho y veo la movida por afuera. De paso, voy a acompañar a María Antonieta a votar.

10:45 am. Qué peo para llegar. Las calles vueltas nada, las colas en los colegios, me tardé más de tres veces lo que normalmente me tardo en llegar de un lado a otro. Pero bueno, hay un gentío en la calle, eso es bueno.

11:05 am. Como dije en los cinco mensajes que me mandó, llego puntual a mi cita con Mara. Su primera elección, ¿qué tal? Igual la de su hermana… si saliera en el REP. «Yo no sé ni qué pasó, yo salía hace un mes», protesta. Pero bueno, ni modo. Vamos al Cecilio Acosta, un colegio que queda a dos cuadras de su casa.

11:20 am. Llegamos al Cecilio Acosta. Y soy testigo de tres cosas: uno, la gente está aún más tranquila que en Cumbres de Curumo, a pesar de que seguramente algunos llevan más de seis horas en cola; dos, vi a alguien que logró pasar porque alguien en su familia estaba trabajando por allí (vivan los contactos); y tres, es mala idea traer una niña de seis años a hacer la cola. Tal vez no tenía otra opción, lo sé, pero Dios…

12:45 pm. Luego de un rato con Mara, me regreso a mi casa. Pasé por otros centros en el este. Me siento optimista, a pesar de todo. Ahora viene la parte realmente dolorosa: tratar de seguir todo por TV.