Elecciones 3D… ¡Vaya día! (I)

4:50 am. Me levanté a una hora ridículamente temprana para un domingo, pero la enorme responsabilidad me lo exigía, qué iba a hacer… Me desayuné, me vestí, y a hacer mi cola. MI centro de votación está a menos de media cuadra de mi casa. Y ya por el balcón, iluminados por los faroles de la calle, veo gente como espectros caminar decididos hacia arriba.

5:15 am. La cola es de concierto. ¿De dónde rayos salió tanta gente? Y les digo, la mayor cola es de gente de la tercera edad. Y todos esos abuelos y abuelas están cubriendo más de una cuadra. ¡Y el Sol ni ha salido! Eso sí, las estrellas están en el cielo, y las alegres chácharas que se oyen indican el entusiasmo.

5:32 am. Mando un mensaje, y veo que me quedé sin saldo. ¿Quéeeee? ¡Hoy no me puedo quedar sin saldo! Bueno, nada. A caminar hasta el kiosko. Lo comento en voz alta, y la señora que está delante del señor que está delante mío me dice, “Tranquilo, hijo, ve y te guardamos tu puesto.” El señor que está detrás mío ratifica, “Total, mano, de aquí no nos vamos antes de las 10.” Palabras proféticas.

6:12 am. Me lanzo las tres cuadras hasta el kiosko. José, el kiosquero, acaba de abrir, pero ya hay como cinco personas. Un hombre joven agarra el Meridiano que proclama abiertamente lo grande del Magallanes, mi equipo de béisbol, y dice “Lo voy a comprar nada más que por este titular”. La hija de José, que le va al Caracas, su enconado rival, se ríe igual. Hay buen humor en el ambiente. Compro mi tarjeta y el Últimas Noticias. Trato de ignorar el titular de los periódicos oficialistas. Y me regreso a mi cola.

6:46 am. La gente empieza a entrar. Yo tengo no menos de 50 personas adelante. Gracias a Dios por Stephen King. Pero claro, empiezan a oirse los rollos. La mesa 5 tiene un problema; la máquina no arrancó, o algo. Esperan el cotillón electoral de Santa Rosa de Lima para que empiecen a votar manual mientras el técnico pelea con ella. Y con todo y eso, la gente forma su bochinche.

8:05 am. Mi hermano está en la mesa 3, yo en la 6. Yo llegué media hora antes que él. ¡¿Entonces alguien me quiere explicar por qué rayos pasa él primero?!

9:15 am. Al fin, primero en la fila. La gente aplaude cada vez que pasa alguien nuevo. La mesa 7 protesta, la cola ya está que alcanza casi una cuadra. Caras que no se veían desde hace años, y eso que vivimos en la misma cuadra.

9:32 am. Entro. Una señora se acerca a mí y al que tengo detrás y nos dice que si podemos subir a una anciana en silla de ruedas. Decimos que cómo no. Cuando llegamos allá, le dicen que ya la subieron. “Pero pasen a la captahuella de una vez.” Hay una cola de casi q2uince personas antes de nosotros. Yo me rehúso de plano, pero el otro duda un momento. “Los saqué de su cola y los traje acá arriba, no los voy a hacer regresarse. No te pongas así”, me dice. La gente me mira con una mezcla de respeto y compasión. “Dale, hijo”, alguien me dice. Muerto de pena, y buscando apro9bación, paso a la miserable captahuella. “Total, no hay nadie en tu mesa”, me dice alguien más. Pero me siento sucio igual.

9:40 am. Y ahí estoy, frente a la bendita máquina. Estoy buscando a Un Nuevo Tiempo, pero los miembros de mesa me presionan tanmto que cedo. Termino votando por Convergencia. Espero que nos e me devuelva. ¡Todo sea por Rosales!

10:05 a. Después de haberme echado un baño, salgo a la aventura que es salir de mi casa, porque tengo que buscar a mi tía Adriana a su casa en San Luis. Ella tiene un serio foco de artitritis en la espalda y no se puede mover mucho. De paso voy a buscar a la comadre de mi mamá. Chévere, así aprovecho y veo la movida por afuera. De paso, voy a acompañar a María Antonieta a votar.

10:45 am. Qué peo para llegar. Las calles vueltas nada, las colas en los colegios, me tardé más de tres veces lo que normalmente me tardo en llegar de un lado a otro. Pero bueno, hay un gentío en la calle, eso es bueno.

11:05 am. Como dije en los cinco mensajes que me mandó, llego puntual a mi cita con Mara. Su primera elección, ¿qué tal? Igual la de su hermana… si saliera en el REP. “Yo no sé ni qué pasó, yo salía hace un mes”, protesta. Pero bueno, ni modo. Vamos al Cecilio Acosta, un colegio que queda a dos cuadras de su casa.

11:20 am. Llegamos al Cecilio Acosta. Y soy testigo de tres cosas: uno, la gente está aún más tranquila que en Cumbres de Curumo, a pesar de que seguramente algunos llevan más de seis horas en cola; dos, vi a alguien que logró pasar porque alguien en su familia estaba trabajando por allí (vivan los contactos); y tres, es mala idea traer una niña de seis años a hacer la cola. Tal vez no tenía otra opción, lo sé, pero Dios…

12:45 pm. Luego de un rato con Mara, me regreso a mi casa. Pasé por otros centros en el este. Me siento optimista, a pesar de todo. Ahora viene la parte realmente dolorosa: tratar de seguir todo por TV.

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