El poder de la música

Me he dado cuenta esta semana, una vez más, que la música tiene un efecto poderosísimo. Sea cual sea la música, y cual sea el sentimiento, es increíble el efecto que la canción correcta puede tener en el momento adecuado.


Mientras que 2010 viene a un merecido y piadoso final –creo que nunca he querido que un año termine más, desde 2000–, empiezo a ver todos los problemas que tuve en el primer trimestre se están resolviendo al fin, poco a poco y con aparente seguridad. El año entrante está lleno de esperanzas, proyectos y planes que son tan importantes que marcarán el resto de mi vida, así de fácil, y ya quiero que estos mugrosos 12 meses terminen de una buena vez para empezar a trabajar en ellos.

Causalmente, en estos días, redescubrí la canción “Rock Star” del grupo canadiense Nickelback, una sarcástica y humorística oda a la vida de las estrellas de rock que casualmente fue el sencillo de rock más vendido de 2007 e, irónicamente, los volvió a convertir en estrellas. Yo había escuchado esta canción por primera vez en el podcast de mi pana Javier Chaurán el año pasado, y ciertamente me había gustado mucho, pero hasta ahí.

Bueno, esta semana, no recuerdo por qué, la recordé nuevamente, y decidí buscar el video. Eso fue el viernes. He visto ese video o escuchado esa canción ahora no menos de cinco veces al día. Puse el coro como repique de mi celular, bajé el video a mi iPod, y ahora tengo el ritual de escucharla antes de empezar la jornada, y una vez antes de irme de la oficina. He descubierto que ahora trabajo mejor, me comunico más fácilmente, me amargo con mucha más dificultad (si es que lo hago) y mis ánimos han estado por las nubes. ¿Qué rayos tiene este video que tanto efecto positivo tiene sobre mí?



Primero, me pareció una idea genial de la gente de Nickelback confiar tanto en su canción que decidieron ni siquiera salir en su propio video. Segundo, hay mucha gente que admiro o me agrada o me cae bien del mundo de la música (Nelly Furtado, Gene Simmons, Ted Nugent, Kid Rock), la televisión (Elisa Dushku, Cindy Taylor, Federico Castelluccio de Los Soprano, los panas de American Chopper) y el deporte (el basquetbolista Grant Hill, el luchador Chuck Ridell, la leyenda del hockey Wayne Gretzky, el corredor de NASCAR Dale Everheardt, Jr.).

Pero tercero y más importante es la gente “de la calle” que escogieron para salir. Son gente estadounidense o inglesa normal y corriente, algunos más excéntricos que otros, pero que se están tripeando el hecho que están en un video que van a ver millones. Hay un obrero metalúrgico, un policía, adolescentes de diversas etnias, un trabajador de la bolsa… Son gente que a lo mejor de verdad sueña con ser estrellas de rock, “vivir en casas de la colina y manejar 15 carros”, o “esconderse en la sala privada con el último diccionario y el quién es quién de hoy en día, que conseguirás cualquier cosa con esa malvada sonrisa, donde todo el mundo tiene un jíbaro en marcado instantáneo”. Pero si no lo consiguen, son gente feliz (o al menos parece serlo). Son gente que se para todos los días a ir a su trabajo, abrazan a sus seres queridos, salen a divertirse, sufren, lloran, viven, traen y corren. Hay días en que están en el suelo, pero se levantan, se sacuden y siguen soñando que son estrellas de rock. ¿Qué mejor ejemplo para seguir?

“Rockstar” se mantendrá mi canción favorita probablemente hasta que termine el año, se mantendrá como favorita de todos los tiempos. Estoy que le mando una carta a Chad Kroeger agradeciéndosela. Pero no ha sido la primera canción que me ha ayudado a salir de una depresión.



Durante mucho tiempo se destacó “Hard Times Come Easy”, de Richie Sambora…

…”Before I Forget” de Slipknot…



…o “Rock & Roll Jesus” de Kid Rock.

El poder de la música, mi pana. Hay que reconocerlo.

(Hace tiempo puse 30 canciones que describen diversos estados de humor y afines en mi Tumblr, si lo quieren revisar.)

¿Qué canciones los ayudan a ustedes a superar un momento difícil?

Hoy hace 10 años: Metallica en el Poliedro

Es difícil creer que hoy ya son diez largos años desde esa noche arrechísima (no puedo decir “mágica”, “increíble”, ni mucho menos “espectacular”; sólo una palabra justifica esa noche…). He ido al menos a cuatro conciertos más desde entonces, y ese sigue siendo el único que ha llenado al Poliedro y el que más emocionante ha sido. He escuchado a algunos que dicen que el reciente concierto de Iron Maiden en Colombia (al que mi hermano tuvo el gustazo de ir) parecía más bien uno de Alejandro Fernández o algo, porque más de uno lloraba; sé de lo que hablan, pues yo lloré de la emoción más de una vez. Eso fue sencillamente… brutal.

Ya el día prometía ser especial por un acto de caridad que todos hicimos con un compañero. Benito era cubano y tenía unos ocho años en el país. Él escuchaba los discos de rock que podía conseguir en el mercado negro, y su banda favorita es –of course– Metallica. Cuando se enteró que vendrían, no pensaba que iba a poder ir porque no le alcanzaba la plata. Sus compañeros de trabajo no íbamos a permitir eso. Moviendo cielo y tierra (ya era la última etapa de preventa), le logramos conseguir una entrada. El Beno no se lo podía creer.

Llegamos y yo no podía creer el espectáculo a la entrada. Si han ido al Poliedro (o a cualquier otro sitio público de espectáculos), esperan ver gente afuera, simplemente hanging around o pendiente de comprar/vender una entrada. Esta vez, habían docenas de pobres diablos con carteles al estilo “Will work for food”. Pero estos decían “Compro una entrada. Pago lo que sea.” Un chamo tenía un cartel que decía “Te pago 180.000 bolívares. No me importa si es en el baño” Y lo pagó, según decía El Nacional del día siguiente: 180.000 bolívares por una entrada que costó 45.000 en su etapa más cara (yo pagué 25.000, en la primerita etapa; sí, la imagen no es de mi entrada, aunque igual aún la conservo). Mi amiga Annalee vio a un pana pagar 160.000: 120 en plata, y el resto con un reloj y los zapatos. Bien coñoemadre el carajo que se la vendió, ¿no?

Fuimos un grupo del trabajo: José Luis, Annalee, por supuesto Benito, un pana al que lamentablemente olvidé su nombre Francisco Caldas quien fue el que empezó a hacer la cola porque llegó de primero, y un gordito al que también he olvidado el nombre llamado Pablo. Llegamos como a las 5:30, y de pana que qué rica es esa vibra, esos momentos antes de entrar a un concierto al que de verdad has esperado ir con impaciencia. No hay nada que se le pueda comparar.

El siguiente espectáculo que presencié tampoco me lo podía creer. El Poliedro de Caracas, en su mejor época, tiene una capacidad para unas 12.000 personas. Los más críticos decían que llenar el Poliedro es toda una hazaña, pues como la plata es corta lo pensamos bien para pagar una entrada. Pues bien, los únicos asientos vacíos en esta ocasión eran los que estaban detrás del escenario. Jamás había visto el Poliedro así de lleno. Ni siquiera en los Gaitazos a los que he ido de fecha más reciente, ni con Maná, ni con ningún otro grupo. Sólo Metallica ha logrado llenar el Poliedro a rabiar. (Bueno, capaz uno de esos encuentros de reggae
ton… Puaj…)

A las 8 de la noche, se abrió el acto telonero: Paul Gillman. Opinión muy personal: hay que admirar un carajo que ya tiene más de 30 años tocando rock pesado en un país como el nuestro. Que recientemente se haya metido a chavista radical era otra cosa; en ese entonces simplemente era (es) un pana con un ego que no cabía dentro de ese recinto. Tenía varios días diciendo que se retiraría, que éste sería su último concierto, que nadie le interesaba ya lo que ahcía. Pues bien, el día antes, en su programa de radio “La Esencia” (buena música, si aprendiera a callarse la boca), dice que si el día del concierto de Metallica veía 100 banderas de Venezuela, se quedaría.

Bien.

Como dije, el hombre se vino en escena a las 8 de la noche, y durante media hora, se paseó por todo su repertorio: “Dr. Kanoche” es la única que recuerdo, excepto la última. Durante “Levántate y Pelea”, dijo “¡Este es el momento! ¡Quiero ver esas banderas!” Miren, a este punto, yo ni recuerdo si hubo 100 banderas o no. Pero el hombre hizo como si contara, y lo siguiente que dijo fue: “¡Gracias criaturas de la noche! ¡Gillman… SIGUE!”

Ah, que bien.

Eso sí, será un bolsa egomaniático, pero Gillman se sabe mover en escena (o lo sabía hacer). Y su banda es (¿era?) de lo más talentoso que se puede encontrar. Fue un preámbulo decente para lo que venía.

Y oh, lo que venía…

A las 9 en punto, empezó a sonar la música que Metallica ha venido usando en el previo de todos sus conciertos: el tema inicial de El Bueno, El Malo y El Feo. Las luces comenzaron a bajar, y en el punto más climático, de repente, sin avisar, el trueno de una guitarra, el golpe de un bajo, y un solo grito de más de diez mil almas que habíamos esperado este momento desde hace décadas.

Con “Breadfan”, Metallica había llegado a Venezuela.

Como ya les dije, yo lloré.

Metallica se paseó por todo el repertorio que sus fanáticos añorábamos escuchar, como me dirái Benito después; se repartieron todo por partes iguales desde Kill ‘Em All hasta Reload, con nada más una de Garage, Inc., el álbum que apoyaban en esta gira. (Yo extrañé “Turn The Page”, pero ése sólo soy yo.) Qué grupo de tipos tan de pinga, tan compenetrados con su audiencia; los tipos pertenecen en un escenario. Y el sonido de 80.000 vatios nunca falló, y por supuesto toda la pirotecnia que se puedan imaginar. Este es el tracklist de esa noche:

  • “Breadfan”: Qué entrada tan perfecta.
  • “Master Of Puppets”: No tengo que decirles que la casa se vino abajo con esta vaina)
  • “Of Wolf And Man”: El bajista Jason Newsted jodió un ratico con nosotros: “Ok, Caracas, let’s hear some wolves out there…”
  • “The Thing That Should Not Be”
  • “The Memory Remains”
  • “Bleeding Me”
  • “The Four Horsemen”
  • “For Whom The Bell Tolls”: Cliff Burton era un rey, QEPD; pero sería muy injusto no decir que Newsted se le mide en este tema (claro, ayudado con una uña)
  • “King Nothing” (mi favorita de Reload)
  • “Wherever I May Roam”
  • “Nothing Else Matters”: James Hetfield cantó esta sentado en gran parte sobre un banco, iluminado él solo. Una atmósfera bien surrealista. Sí, hubo encendedores.
  • “Sad But True”
  • “Creeping Death”: Newsted compartió vocales con Hetfield como habían hecho en su gira en apoyo al álbum negro.
  • “One”: Coño, me acuerdo de ese momento y me erizo. Qué increíble fue… El sonido de ametralladoras y bombas se escuchan, con un juego de fuegos artificiales y demás. Kirk Hammett y Lars Ulrich, que habían dejado el alma hasta aquí, de verdad ahcen de esta canción suya: Ulrich con su doble bombo que te retumba en el cráneo, y Hammett con una guitarra a mil por hora.

Un recuerdo muy particular durante esta canción. Yo vi todo el concierto en la olla, porque así es como considero que se debe ver un concierto así (de hecho, toda la olla se volteó a los asientos especiales y gritaban, “¡Mariquito VIP! ¡Mariquito VIP!”; antes compartía esa ideas, pero ¡tampoco así!). Bueno, en pleno peo de “One” (al menos creo que era durante ella), estoy en pleno “moshing”, cuando de repente me tropiezo con un muro de carne. Dos panas que parecían los hijos perdidos de Pie Grande con un luchador de sumo estaban ahí dándose duro con la música. Uno de ellos me llevaba toda una cabeza de altura. Bueno, este señor se llevó un… ejem… cigarrillo a la boca, aspiró hasta dejarlo por la mitad, y botó todo su humo en mi cara. No tengo que decirles que me “tripée” los siguientes minutos, ¿verdad?

  • “Die Die My Darling”: Como se darán cuenta, lo único que tocarían de Garage, Inc. Sí, yo tampoco lo entendía; pero díganme, ¿se habrían quejado?
  • “Battery”: Un cierre absolutamente perfecto. Yo no sé cómo salí vivo de esa olla, jejejeje.

Y así terminó. A las 11:15, los cuatro panas se juntaron, James jodió un ratico con un roadie que trataba de volver a poner las uñas en el stand de micrófono más rápido de lo que él las lanzaba al público, Lars lanzó unas baquetas, Jason y Kirk saludaron a los que estaban cerca, y nos despedimos. Yo estaba totalmente bañado en sudor, tanto que al salir empecé a temblar por el aire frío. Pero mirábamos alrededor, y lo único que veíamos eran caras de felicidad. Era como si nada malo nos pudiera volver a ocurrir jamás, o si nuestras vidas simplemente empeorarían desde este punto porque nada podría superar esto.

Básicamente, Metallica había tocado en Caracas. ¿Cómo superabas eso?

My Life: OST

Este tiene que ser uno de mis memes favoritos en mucho tiempo. Lo hacen así: 1. Abran la biblioteca de tu reproductor de audio y video predilecto (iTunes, Winamp, Media Player, iPod, etc) 2. Aplican la modalidad Shuffle o Aleatorio 3. Presionan Play 4. Por cada pregunta, responden con la canción que se escuche 5. Cuando vayan a responder la siguiente pregunta, presionan el botón Next 6. No se caigan a cobas y pongan lo que es.

And here we go…

  • Créditos Iniciales: Lullaby – A Perfect Circle
  • Despertar: Was It A Dream – 30 Seconds To Mars
  • Primer día de clases: Transporte – Jorge Drexler
  • Al enamorarse: Superunknown – Soundgarden
  • Escena del beso: Take My Scars – Machine Head
  • Canción de pelea: People = Shit – Slipknot
  • Graduación: Laura (Take 2) – Charlie Parker
  • Mi Gran Ruptura: Breakdown – Daughtry
  • Shockeo mental: Take A Number – Stone Sour
  • Canción Para Manejar: (Don’t Fear) The Reaper – Blue Öyster Cult
  • Reconciliación: You Will Be A Hot Dancer – Incubus
  • Flashback: Cigarettes – King’s X
  • Boda: Treefingers – Radiohead
  • Nacimiento de mi Hij@: Just What I Needed – The Cars
  • Pagando deudas: Grow Old With Me – Postal Service
  • Momento del triunfo final: I Will (Los Angeles Version) – Radiohead
  • Escena de muerte: Roxanne – The Police
  • Escena del funeral: Paradise By The Dashboard Light – Meatloaf
  • Créditos finales: Who You ArePearl Jam

¡Esto fue demasiado extraño! Hay algunas que pegaban perfecto, pero imagínense el romance de darse un tierno beso al ritmo de Machine Head… o yo muriéndome mientras al fondo Sting canta “You don’t have to SELL YOUR BODY TO THE NIGHT…” ¡Eso estuvo genial!

(Bonus: si quieren escuchar todas estas canciones y otras que tengo en biblioteca, les recomiendo abran una cuenta en Nutsie y me busquen por mi nombre de usuario, Jaycer17, y busquen “My Life: OST”. O búsquenme en Last.fm por el mismo nombre.) Esto va para… bueno, el que quiera hacerlo. ¡Anímense!

Mis pasiones (II): La música

Es como obvio, ¿no? Digo, ¿a quién no le gusta la música? ¿Quién quiere estar permanentemente en silencio (más allá de lo que diga Alfredo Escalante)? La música es algo que nos rodea en todo lo que hacemos, ya sea porque la ponemos, porque la escuchamos o porque la recordamos. Y si no hay música, hay ritmo, que es el previo a la música.

Para mí, música es como un escape, un cálido hogar a donde escaparme para olvidar el caos que me rodea. O el pana que me ayuda a lograr lo que quiero con la pareja, si saben a qué me refiero. O la dosis de adrenalina que necesito cuando no hay otra forma de descargar una arrechera. De cualquier forma, amo la música; es una amante que no falla, y sabe cómo actuar en cada ocasión.

Escoger cinco temas que realmente me gusten es poco más que imposible, pues han habido demasiados temas que significan demasiadas cosas en mi vida, o que sencillamente me gustan porque sí. Así que les pondré algunos videos y algunas tonadas que son particularmente significativas para mí. Gracias a Dios por YouTube…

5.- Concierto de Brandenburgo No. 3: i-Allegro Moderato. Johann Sebastian Bach. Interpretado pro la Orquesta Barroca de Freiburg, Austria. Los que me conocen de antes están ahorita quizá impactados. ¿De cuándo acá yo oigo música clásica? ¡¿Y me sé nombres?! Pues sí. Esta es la música que me ayuda a concentrarme, y es la que prefiero para relajarme. ¿O creen que voy a lanzarme Shadows Fall un domingo en la mañana para desayunar?

Los Conciertos de Brandenburgo son seis piezas distintas compuestas por Bach a partir de 1721, por encargo del joven margrave (marqués) Christopher Ludwig de Brandenburgo, pero no trascendieron pues el joven no parecía tener músicos que lo interpretaran. Cuando Ludwig murió en 1734, sus manuscritos fueron vendidos por el equivalente a US$22 y finalmente interpretados como era debido a principios del siglo XIX. Cualquiera de los conciertos es muy hermoso; escog{i el número tres por azar.

4.- Mo’ Better Blues. Terence Blanchard y Branford Marsalis. ¿Otra sorpresa? Quizá. Para momentos de relax o romance, a mí me encanta el jazz. Hay algo inherentemente sexy en una buena interpretación; el saxofón es uno de tres instrumentos que mucho me frustra no haber aprendido. Esta es una de mis canciones favoritas del género (del que admito no conocer mucho). El clip es de una película de Spike Lee del mismo nombre, con Denzel Washington y Wesley Snipes haciendo de músicos de jazz en conflictos personales. Por mucho talento que tengan ambos, no están realmente tocando; el saxofón es tocado por Branford marsalis, y la trompeta por Terrence Blanchard. Disfruten.

3.- (I Can’t Get No) Satisfaction. The Rolling Stones. Esto empieza a parecerse más a mí, ¿no? Yo oigo absolutamente de todo, como pueden ver, pero ante todo, soy rockero. Y el rock clásico me entusiasma desde hace rato, pues es poco lo que se pudiera hacer hoy en día sin lo que se hizo en aquel entonces. Además, hay algo en la música de esa época que no se ha podido reproducir hoy en día (aunque el grupo Jet de Australia hace un buen trabajo). Y esta es una de esas canciones que no podrán olvidarse nunca.

El guitarrista Keith Richards cuenta que escuchó la tonada original en un sueño en mayo de 1965, despertándose a mitad de la noche para grabarla en un grabador de cassette. La grabó con el cantante Mick Jagger un par de días después, salió como sencillo un mes después y luego en el disco Otis Blues de 1966. La revista Rolling Stone la llamó la No. 2 de sus 500 Más Grandes de la historia –detrás de “Like A Rolling Stone”, de Bob Dylan–, pero para mí esta será uno de los eternos himnos del rock.

2.- El cantante. Héctor Lavoe. Si hay una canción que estoy seguro dejará en el suelo a mi familia que me conoce más como rockero. Y es cierto, yo descubrí el gusto por la salsa sólo recientemente, aunque por supuesto “Pedro Navaja” nunca se ha podido ignorar. Ante todo, soy latino; la salsa, el merengue (dominicano y venezolano), el joropo hasta el vallenato (puaj) y algo que detesto tan profundamente como el reggaeton son cosas netamente de esta parte del planeta que uno se emociona de escuchar cuando está lejos.

Esta canción la redescubrí gracias a la película que se hiciera sobre la vida de Héctor Lavoe el año pasado, y estoy sumamente feliz de ello. Compuesta especialmente para él por su luego amigo Rubén Blades a finales de los ’70, describe perfectamente por lo que estaba pasando Lavoe en ese momento de su vida: “Y nadie pregunta/ si sufro o si lloro/ si cargo una pena/ que hiere muy hondo/ yo soy el cantante/ y mi negocio es cantar…” Se los digo: nadie ha vuelto a hacer salsa así. La salsa erótica es una aberración; ésta es la verdadera salsa.

1.- I DISAPPEAR. Metallica. Lo admito de pana y todo: cuando entré a mi adolescencia yo lo que escuchaba era “Thriller” de Michael Jackson. Cuando por primera vez escuche Metallica (“One”)… no me gustó. El primer disco de rock pesado que me compré fue Hysteria de Def Leppard; el primer CD (de lo que sea) que compré fue Rust In Peace de Megadeth, unos cinco años después. Y luego empezó esa relación de fidelidad que tengo con Metallica, al punto que soy de esos fanáticos para los que no hay forma que los tipos lo hagan mal. ¿St. Anger? Admito que no es ni cerca de su mejor trabajo, pero es bueno igualito. “The Unnamed Feeling” es de lo mejor que hayan grabado.

Escogí poner “I Disappear” porque sin saberlo, este tema marcaría varios hitos en la historia del grupo: fue la primera canción que hicieron específicamente para una película (Misión: Imposibe II); fue por el que empezó todo su pleito con Napster; y este video sería el último que grabarían con el bajista Jason Newsted, quien se retiraría de la banda un año después. Aún hoy en día, la escucho y veo que Metallica sigue siendo para mí, todo lo bueno que hay en la música: no importa el estado en que estoy, ella siempre está ahí para confortarme. O ponerme lo suficientemente agresivo como para agarrar el bate. 🙂

MENCIÓN HONORÍFICA

BEFORE I FORGET. Slipknot. En este momento, es esta banda de nueve dementes enmascarados de Iowa que me trae re-enfiebrado. Si no los conocen, es porque no les gusta el metal. Yo había comprado su primer disco, y era impresionante el nivel de agresividad y pesadez que puede traer un grupo. Recuerdo que para cuando los escuché dije que al lado de ellos Pantera era The New Kids on the Block (que no me oigan, coño…). Pero en medio de su fuerza, su evidente locura, las máscaras y demás, estos panas saben tocar. Hay melodías ocultas en temas como “Wait & Bleed” de su disco debut o “The Heretic Anthem” de su segundo, Iowa. Este video es de “Before I Forget”, de su tercer disco, Subliminal Verses: Vol. 3, por el que se ganaron un Grammy el año pasado. Esta presentación fue en el Download Festival en Donnington en 2005. Algo particular es que faltó uno de los percusionistas: Shawn “Clown” Crahan, que estaba ausente porque estaba atendiendo a su esposa enferma. Les digo clarito, escuchar a Slipknot es una de dos: o los aborreces a la primera o te enganchan de una. No hay para dónde más escoger. Disfruten… si pueden.

OTROS TEMAS:

  • “Si La Ves”, Franco de Vita & Sin Bandera: Ey, uno tiene que tener un lado sensible. La gran canción contra el despecho masculino: si la ves, me estoy cogiendo a veinte, y ni una se parece a ella…
  • “Oye Como Va”, Santana: Una de las grandes genialidades de Carlso Santana fue mezclar el rock con ritmos latinos. Esta versión del tema de Tito Puente fue la única canción en español que pegó en Woodstock. ¿Qué tal?
  • “Beat It”, Michael Jackson: Digan lo que les de la gana, pero este disco (Thriller) marcó hito en la vida de más de uno. Y el solo de Eddie Van Halen en este tema hizo historia.
  • “Wish You Were Here”, Pink Floyd. Esta pertenece más a mi hermano, que es fanático de ellos. Pero esta canción es sumamente melancólica, sumamente profunda, y puede ser peligrosa de escuchar durante una depresión.