La inutilidad del panda, o por qué necesitamos lo tierno

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Adorable. ¿Pero para qué te mantenemos?
Foto: Sheilalau at English Wikipedia – Transferida desde en.wikipedia a Commons., Dominio Público, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=2266960

A finales del año pasado, luego que subí una foto de un panda de origami a mi cuenta en Instagram, celebrando la noticia que el adorable osito blanco y negro ya no es considerado una especie en peligro de extinción (sino vulnerable), una muy querida amiga me escribió con su inusual sentido del humor: “Hola. El panda es el animal más inútil del mundo. Gracias”.

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¡Si George Clooney pudo!

Creo que para nadie que sea fanático de George Clooney (y a estas alturas, díganme quién no lo es, ñoesumadre) sepa que hasta 2006, el actor de Ocean’s Eleven y Michael Clayton fue el orgulloso dueño de Max, un cerdo vietnamita que llegó a pesar 150 kilos, durante 18 años. Lo quería con pasión, de hecho quizá fue la relación más cercana que el hombre ha tenido. Max murió de causas naturales en 2006, mientras Clooney promocionaba The Good German. Fue un golpe para él, y es algo que yo comparto plenamente.

Yo he admitido ante gustos extraños en este blog antes, y leyendo ese post tengo que revisar esa lista de animales favoritos. Antes ponía a las serpientes en segundo lugar, pero admito que han caído un poco en desfavor; supongo que ya tengo suficiente contacto con mujeres (mi madre está bien gracias, jejejeje). Los loros continúan de primeros, y de verdad ya les debo un post hace rato. Pero la medalla de plata va, sin duda, a los cerdos. Y procedo a exponer mi caso.

De todos los animales domésticos, es el cerdo (Sus scrofa domesticus) el que quizá tenga la imagen más negativa. Todos tenemos la imagen fuertemente engranada en nuestra cabeza: un cerdo grande y gordo revolviéndose en barro y sus… ejem… materias fecales y comiendo todo lo que se le pare enfrente que parezca semi-comestible. Ello ha llevado a calificar a una persona de… ejem… escasos hábitos de higiene como un “cochino”, y a alguien que tiene un apetito más que saludable “come como un cochino”.

Incluso, nuestro querido sinónimo de mentira o tontería, “mojón”, tiene un equivalente en inglés (sí, aparte de “bullshit” y “horseshit”) que es “hogwash”, que tiene un origin muy interesante. Un cerdo macho es llamado swine en inglés (“verraco” en español; las hembras, o cochas/gochas, siempre son sows), hasta que es castrado para engordarse y es entonces llamado hog. Luego de la castración, el cerdo tiene que ser ampliamente lavado, y el agua sobrante, por ser inútil, debe ser botada. También se dice que es un sinónimo para describir lo que se da para comer a los cerdos, que tiene cero valor nutritivo. Por lo tanto, “hogwash” ahora se usa para describir algo ilógico, inválido o estúpido.

Y sin embargo, en años relativamente recientes se han hecho varios descubrimientos que están reconciliando al cerdo en el imaginario popular, aún más allá de lo que Clooney pueda decir a su favor. Se ha descubierto que son animales inteligentes, cariñosos, que son más selectivos para comer de lo que se pensaba… ¡y que en realidad son animales limpios!

Hay 73 razas reconocidas y 2 billones de cerdos domésticos en el planeta, todos descendientes del jabalí europeo (por eso es que algunos machos tienen los colmillos desarrollados, no es coincidencia) que van desde el pequeño cerdito barrigón de Vietnam, del que Max era raza, que pesa entre 50 y 150 kg., hasta el Poland China, que pasó a la fama por Big Bill, un humilde cerdito que pesó 1.157 kg en una feria en Tennesse en 1933. Han sido domesticados desde el 9.000 AC en todo el mundo, e incluso ocupan un lugar (el último) entre los doce signos del Zodíaco Chino (sí, yo soy signo Cerdo o Jabalí; somos considerados “nobles, abiertas y sociables, muchas veces detallistas y exigentes, aunque según la astrología por el defecto es identificada por la pasividad”).

Sí, es cierto, los cerdos se revuelcan en el lodo, pero es porque no tienen la facilidad para rascarse. Una vez que están cubiertos, esperan a que el lodo se seque, y luego se bañan en agua, o se quitan el lodo rascándose contra piedras para eliminar parásitos que estén en la piel. También, como no tienen glándulas sudoríparas, usan el lodo y el agua para enfriarse y como protector solar. ¿Y glotones? Claro que comen y mucho, y de todo; incluso, bajo severo estrés, puede recurrir al canibalismo. Pero un cerdo tiene unas papilas gustativas muy desarrolladas; más de un dueño de cerdo ha visto que su mascota no comerá algo no importa cuántas veces se lo ponga en el plato. Así que sinceramente no creo que coman su propia mierda, si me preguntan a mí.

También les tengo esta noticia: está científicamente demostrado que un cerdo es más inteligente que un perro o gato. Claro, todos hemos visto un perro entrenado atrapando una pelota, abriendo puertas y así, pero les cuento. En cierta ocasión (lo sé gracias a Animal Planet) se les presentó a un perro y a dos cerdos un experimento en que tenían que mover una pelota en una pantalla con una palanca, muy a lo Atari o PlayStation más básico, hacia una zona blanca, para luego recibir comida. El perro aprendió a mover la palanca, pero había que señalarle hacia dónde mover la pelota en la pantalla. Los cerdos resolvieron hacia dónde mover la pelota ellos solos, y tardaron en resolver el asunto en cinco minutos. Y para mayor prueba, vean este video de un cerdito particularmente inteligente en un programa de concursos.

Luego está el hecho de que a todo el mundo le encantan los cerdos. ¿O es que ya hemos olvidado las dos películas de Babe? ¿Tan poquita gente así se acuerda de la Telaraña de Charlotte y su estrella Wilbur? Y no me digan que nos e acuerdan de Porky Pig y su descendiente Hamton en Tiny Tunes. Cierto, los judíos y los musulmanes consideran a los cerdos animales impuros para comer, pero tampoco es como si así pensara todo el mundo. Si no pregúntenle a cualquier fanático de morcilla, mortadela, chuleta o jamón. Y bueno, a mí no me podía faltar mostrarles un ejemplo de un cerdito en origami (el modelo es “Wilbur”, hecho por Michael LaFosse; foto cortesía de Gilad Aharoni).

Y a todas estas..,. ¿a qué vino esta repentino deseo por defender a nuestros amigos los chanchos? Pues nada, el sábado pasado llevé a mi novia y a su sobrina a Expanzoo, el zoológico de contacto que está ubicado en Lomas de la Lagunita acá en Caracas. (Pueden ver las fotos de mi visita en mi página de Flickr.) Y tienen una abundante muestra de cerditos enanos, incluyendo a la amiga que gracia la foto inferior. Debo estar claro en algo: cierto, un cerdito no es para todo el mundo, no importa cuan fácil sea alimentarlos. Necesitan un jardín (pues su tendencia natural es a escarbar) y no les gusta que los carguen, so pena que chillen como… bueno, como un cerdo. Pero son animales cariñosos, simpáticos, inteligentes y únicos como mascotas. Ojalá tenga la suerte de tener uno algún día. Si acaso como viejo. Digan que no se enamorarían de esta carita. Llámenme loco, ¡pero me encantan!

Crueldad pura y sencilla

Del Twitter del president de Conviasa @rvaraguayan

Dependiendo del día, hay titulares que a cualquier otro quizá lo lea, sacude la cabeza y ya. Pero este titular me llena de mucha rabia y tristeza. Del diario El Tiempo de Margarita: “Mataron a pedradas a tortuga cardón que salió a desovar. 

Esto ocurre a un mes exacto de otro evento parecido en Margarita, donde se encontró el cadáver de otra tortuga cardón en Playa El Agua. Esta también murió por causas humanas; en este caso, una gente la sacó del mar jalándola por una cuerda atada al cuello que la estranguló.

Yo he sido amante de los animales desde que tengo uso de razón; siento una extraña afinidad con casi todos ellos, y la muerte inconsciente de alguno me da una mezcla de rabia, impotencia y tristeza que sólo siento cuando es un crimen particularmente brutal o incomprensible. Más cuando no hay forma de justificarlo.

La tortuga cardón (Dermochelys coriacea) es el mayor reptil marino que existe, como ven en la foto. El récord en tamaño fue un ejemplar encontrado en una playa de Gales que medía un poco más de 3 metros de largo y pesaba unos 900 kg (el promedio son 550). También pueden bucear hasta 1.200 m. de profundidad y nadar a casi 35 km/h. Las dos hembras muertas aquí tenían unos 25 años, pero se calcula que pueden llegar a los 80 y quizá hasta 100. Y a menos que esté en el mar abierto, nunca se verá sino una hembra de esta o cualquier otra especie de tortuga marina, pues sólo ellas regresan a tierra firme cada tres o cuatro años a poner sus huevos.Todos hemos visto en algún momento un documental que muestra las pequeñas tortugas reciéjn nacidas corriendo al mar mientras una horda de depredadores los ataca. De ciento y tantos bebés que nazcan, si acaso dos llegarán a adultos, suficiente para mantener la especie… hasta ahora.

Pero consideremos que la población de esta especie se ha reducido en 95% desde mediado de los ochenta. No es tan comestible como las otras especies de tortugas ni su coraza (única en estar cubierta con una piel parecida al cuero en vez de placas como la tortuga carey), pero los huevos aún son buscados en ciertas playas, otras son víctimas de la incursión humana en su hábitat… y otras más, como las dos de aquí, son víctimas de la estupidez humana.

Que la gente se indigne de ver una cucaracha, una rata, lo puedo entender. Pero que la reacción de ver un animal que no hace daño a nadie sea enseguida atacarlo hasta el punto de matarlo, sólo puede ser calificado de barbarie. Más cuando es un animal en peligro de extinción, incapaz de defenderse y, por si fuera poco, una hembra a punto de desovar.

Quizá exagero un poco al ponerme así por un animal, pero bueno, así es como pienso. También creo que debería alertar sobre el estado al que estamos llegando los seres humanos. Digo, si somos así de insensibles con los seres con los que compartimos el planeta, que la vida salvaje nos importa tan poco, ¿qué queda para los seres humanos más necesitados?

Los animales lloran. in memoriam Steve Irwin

Yo no creo ser como muchos de ustedes, ya que yo soy asiduo —asiduo— televidente de Animal Planet. Desde bebé he sentido una fascinación por los animales que no puedo explicar. Sufro con ellos, me río con ellos, y no es nada raro que pase un domingo en la tarde viendo documentales sobre ellos. De modo que sé muy bien quién era Steve Irwin, el Cazador de Cocodrilos, y sentí una enorme tristeza ese 4 de septiembre cuando supe que había dejado este mundo. Para aquellos que no lo sepan, su nombre completo era Stephen Robert Irwin, y nació un 22 de febrero de 1962 en Essendon, a las afueras de Melbourne, Australia. Cuando era muy niño se mudó con sus padres a Queensland, donde ellos tenían un pequeño zoológico. Su padre, Bob Irwin, era un herpetólogo (científico interesado en reptiles), y su madre Lyn era una “rehabilitadora de animales”. Bob le enseño a Steve todo lo que sabía, hasta tal punto que ya a la edad de nueve años, cuando yo estaba ocupado jugando con muñequitos y leyendo Snoopy, él estaba manejando cocodrilos junto con su padre. Después que se graduó de bachillerato, se dedicó a atrapar cocodrilos que se encontraban en zonas habitadas y que podrían convertirse en problemáticos. La única condición era que los situara en su zoológico de la familia, el cual pasó a su cargo en 1991.

Permítanme hablarles un segundo de esos cocodrilos que Steve manejaba. Ellos son cocodrilos estuarinos o de agua salada (Crocodylus porosus) y son los reptiles más grandes de la Tierra, alcanzando fácilmente los cinco metros de largo y pueden pesar más de una tonelada. El record es una bestia de 8,14 m matada en Queensland. Cuando les digo que son monstruos, no exagero: pueden picar a una persona en dos de un solo mordisco. Y lo divertido es que, a pesar de su amor por los animales, por recibir muchos mordiscos, Steve admitía sentir temor… por los loros.

Pues bien, esas fieras eran los animales favoritos de Steve. Y eso, combinado con su exuberante personalidad, su (a veces) sobre-entusiasmo y el hecho de que estuviera permanentemente vestido en khakis lo hacían ver como loco. No ayudó un cierto incidente que le dio mala prensa, pero eso viene después. En fin, Steve ya manejaba el zoológico (llamado ahora Australia Zoo) y hacía demostraciones diarias educando a los visitantes sobre los animales en Australia. En una de esas conoció a una americana llamada Terri Raines, y se casaron un año después. Al tiempo tuvieron una hija que llamaron Bindi Sue, por una hembra de cocodrilo llamada Bindi y una perrita de Steve llamada Sui. Qué les puedo decir…

Una cosa que Steve sí podía decir era su gran pasión por la conservación. Él y Terri fundaron una organización llamada Wildlife Warriors, y la multitud de series sobre la conservación como El Cazador de Cocodrilo, Archivos de Cocodrilo y otras lo hicieron una estrella internacional. Incluso hubo una película, pero fue un fracaso en el cine.

Y por supuesto hubo una controversia cuando Steve tomó a su hijo Bob, de un mes, en sus brazos, y alimentó a un cocodrilo de cuatro metros. Muchos de ustedes leyeron eso y seguramente se estremecieron. En especial después que les enseñe la foto:

Pero hay que entender una cosa. Steve no llevaba una vida normal. Este hombre manejaba cocodrilos como otro puede manejar perritos desde hace más de 30 años. Y ese cocodrilo era uno viejo (si se fijan verán que no tiene dientes) que tenía muchos años en el zoológico, de modo que Steve lo conocía a la perfección. De modo que yo sí estoy seguro que ese bebé nunca estuvo en ningún peligro real. Además, el hombre era famoso por ser un devoto padre de familia para sus dos hijos; yo dudo mucho que pusiera a su bebé en una situación donde no lo pudiera proteger.

Pero como siempre he leído sobre personas que trabajan con animales, ya sean fotógrafos, trabajadores de zoológico o naturalistas, lo único absolutamente seguro es que son impredecibles. Lamentablemente, Steve lo confirmó el 4 de septiembre de este año. Estaba grabando un documental en un arrecife coralino al norte de Australia, y pasó demasiado cerca de una pastinaca o sting ray (NO una mantarraya; vean las fotos que enlacé con los nombres). Estas rayas son seres sumamente pacíficos, que sólo atacan con su aguijón venenoso (que está en la base de la cola) cuando se sienten amenazadas. La raya levantó su aguijón, y atravesó el pecho de Steve, que se le clavó en el corazón y le produjo un infarto que le acabó la vida casi instantáneamente.

Muchos dirían que fue una muerte estúpida: el hombre manejó animales peligrosísimos toda la vida (su primer especial para Animal Planet fue la búsqueda de las diez serpientes más venenosas del mundo), y lo mató un animal sumamente tranquilo en un incidente que es fatal muy rara vez. Yo digo que más estúpido es la serie de pastinacas muertas que se han encontrado en las playas de Queensland unas semanas después de la muerte de Steve. Si acaso, es prueba de lo mucho que la gente lo quería, pero ni que las rayas tuvieran la culpa.

Obviamente el hombre murió como él hubiera querido morir, pero él quería vivir. Estaba lleno de vida, lleno de amor por el mundo animal que lo rodeaba. Y mucha gente compartía su entusiasmo; el hombre era imposible de no querer, no importa cuánto desesperaba. En un acto conmemorativo, muchas personalidades alrededor del mundo le rindieron tributo, como Russell Crowe, Hugh Jackman, Cameron Díaz, Justin Timberlake, Kevin Costner, David Wenham y su hija Bindi, quien llamó a su papá “su héroe”.

Me uno al sentimiento de un hombre que hizo tanto por los animales como el famoso español Félix Rodríguez de la Fuente, y su muerte ha entristecido al mundo. Como alguien en su funeral dijo: “No estén tristes por él, pues él está en paz; estén trsites por los animales, pues han perdido a su mejor amigo.”

Hay un wallpaper conmemorativo que Animal Planet sacó para conmemorar la vida de Steve. Dice: “Te extrañaremos, amigo. Steve Irwin: 1962-demasiado pronto.”

Y con ustedes… Los Beetles!

Yo tengo, lo admito, los gustos más extraños. Y me di cuenta hablando con un grupo de amigas de la universidad. Una le tiene pánico a los gatos. Otra dice que las palomas son, y cito: “ratas con alas”. Y todas temen a las serpientes. (¿Celos profesionales?) Y me divertía muchísimo, porque ante todos sus comentarios yo simplemente sonreía incrédulo. ¿Gatos? Me fascinan (aunque prefiero a los perros). ¿Palomas? No son mis favoritas, pero me divierten. ¿Serpientes? Les reto a buscar una imagen más sexy que Salma Hayek bailando con una pitón envuelta en la película From Dusk Till Dawn (Del Crepúsculo al Amanecer). (Si la quieren juzgar, pues vean aquí…. no es la mejor foto, pero…) Ante la evidente flexibilidad de mis gustos por animales rechazados, mi grupo de amistades me increparon: “No, m’ijo, ¿a qué le tienes asco tú?” Confesé que las cucarachas eran algo que yo no podía soportar, aunque aún así las admiraba. Y luego procedí a confesar cuáles eran mis animales favoritos. De primero (y único aceptado) el loro, a quien le dedicaré una entrada aquí someday. El segundo, las ya mencionadas serpientes. Y el tercero y más extraño… los escarabajos.


Sí. Me encantan los escarabajos. Cuando en mi casa entra un conocido coquito, mientras que mi mamá pega gritos, yo simplemente sonrío y espero agarrarlo. Me fascinan estos bichitos porque, si evaluamos el éxito por número de especies, son sin duda la especie más exitosa del mundo. De hecho, al naturalista J. B. S. Haldane se le preguntó qué había descubierto sobre la naturaleza el Creador al estudiar su obra. Éste respondió: “Una afición desordenada por los escarabajos.”¿Qué tanto? Cuatro de cada diez animales es un escarabajo, y cada año se encuentran especies nuevas. Y lo más asombroso es que, aunque todas tienen un diseño básico, hay pocos seres con una variedad tan increíble en diseño, color y extravagancia de adorno. Como todos los insectos, los escarabajos tienen seis patas articuladas y un cuerpo dividido en tres: cabeza, tórax y abdomen. Y como la mayoría de los insectos, tienen cuatro grandes alas que les permiten volar. La diferencia, es que el par anterior está endurecido y se llaman elitros, que protegen el par anterior y el resto del cuerpo. Son tan duros que cuesta mucho atravesarlos con un alfiler. Es éste novedoso diseño a prueba de casi todo que los escarabajos han podido conquistar toda clase de hábitats excepto las frías tierras de la Antártida.

Los escarabajos pueden comer de todo, desde los inocentes y vegetarianos coquitos hasta los terribles escarabajos tigre y los escarabajos peloteros que comen, pues, estiércol (pupú, para los menos entendidos), y en tamaño desde monstruos más grandes que una mano humana hasta seres más diminutos que el punto al final de esta oración. También hay bellísimas joyas aladas que parecen hechos de metal, y espectaculares titanes con cuernos y mandíbulas que usan para atraer a una pareja y defender su territorio. Un vistazo a las fotos que están abajo les darán una idea. (Todas fueron sacadas de Internet, así que (r)copyright lo que sea con ellas.)

Obviamente, el hombre no puede ignorar un vecino tan abundante en su mundo. De modo que los escarabajos han abundado en nuestra cultura. Los más famosos son los escarabajos sagrados de Egipto, representados por el dios Khepri. Los egipcios decían que el escarabajo llevaba el Sol hasta el cielo, y el Sol era representado por Ra, el dios principal. Más recientemente, el carro más popular de la Historia fue comisionado en 1934 por Adolf Hitler al ingeniero Ferdinand Porsche. 22 millones de unidades después, el Volkswagen, cariñosamente llamado “escarabajo” (beetle, en inglés), apodado así porque un reportero americano dijo que parecía un escarabajo de tan redondo que era, fue finalmente retirado del mercado, antes e ser sustituido por el New Beetle en el 2003. Y a finales de los años ’50, un joven inglés hizo un juego de palabras con la palabra “beat” (ritmo) y decidió cambiar el nombre de su banda The Quarrymen a… The Beatles. Así, John Lennon, Paul McCartney, Ringo Starr y George Harrison ayudaron a afincar el nombre en inglés de los escarabajos aún más.

(Ah, y por supuesto, el mundo del origami asombra con los escarabajos, ya que ya parecen salidos de papel de cierta manera. Robert J. Lang ha escrito dos libros dedicados a los insectos, y su escarabajo Hércules y escarabajo Samurai son dos de los mejores modelos en origami que he visto.)

De modo que ahí tienen un pequeño abrebocas sobre mi tercer animal favorito. Son criaturas de verdad fascinantes, además de tener hábitos bien curiosos, como verán en las fotos de abajo. Simplemente, uno no puede juzgar algo por su carácter; todas las criaturas del mundo tienen algo de admirar de ellos. Piensen en eso la próxima vez que quieran pisar un coquito.