Un poquito de esperanza

En 2006, Chávez derrotó a Manuel Rosales en proporción 60-40. Muy parecido a lo que resultó este domingo pasado. En ese entonces, la depresión era grande. Una amiga a quien le agradezco infinitamente este gesto me pasó este escrito de un amigo suyo reflexionando sobre esa derrota. Creo que aplica bien ahora también. Quisiera compartir ese análisis ahora con todos ustedes. Adapto las cifras a lo de ayer, y le pasé algo de edición por cuestiones de tamaño y realidad, pero de resto, aquí está todo igualmente. No sé si sirva de consuelo para ustedes, pero que sea esto mi pequeña contribución para recordar que nunca —NUNCA— debe dejar de trabajarse por un futuro mejor, no importa las adversidades.

Mis Queridos:

Anoche el Pueblo habló. La Venezuela que estableció la mayoría de votos ayer Domingo es la Venezuela que tenemos, la que en cierta forma heredamos. Ya es hora de aceptarlo. Es nuestra realidad. Sin duda cada Pueblo tiene el Gobernante que se merece. Quizás lo que más nos molesta es que hay dos países y lamentablemente Chávez quiere uno solo. 54% de los venezolanos se merecen a Chávez.

Eso tiene una explicación. 54% de los venezolanos son Tradicionales y 46% son Modernos. Esta segmentación está claramente tipificada en el libro Detrás de la Pobreza de Luis Pedro España y otros excelentes autores. Les recomiendo de corazón que compren y lean este libro. Creo que es la mejor forma de entender la Venezuela de hoy y de los próximos años. Es una obra maestra.

Los Tradicionales en general se resisten a la modernidad y consideran que no tienen control sobre su realidad y su destino. Piensan que las oportunidades llegan y no se buscan, dependen de la suerte y del azar. También sienten que para lograr algo se necesita la ayuda de alguien. Tienen muy poca educación formal, la mayoría no han terminado bachillerato. Para ellos al tutoría del Estado es fundamental para cambiar su situación. Para ellos Chávez es el Estado y lo ven como a un padre que impone disciplina con autoritarismo.

Según el estudio Detrás de la Pobreza, ellos son el 60%. Los Modernos reconocen que hay un control personal sobre su destino y su futuro. Son confiados en si mismos y en los demás como individuos. Confían parcialmente en las Instituciones y eso los hace desarraigados, con una orientación claramente individualista. El Modernismo es consecuencia de un proceso de crianza en familia, socialización y educación. El modernismo se afianza en la interacción del individuo con ambientes colectivos como el laboral y el público. Los Modernos aprenden a competir y aceptan sus consecuencias. Han aprendido a ganar y a perder. Según el estudio Detrás de la Pobreza somos el 40%.

Para nosotros los Modernos es muy difícil aceptar lo que pasó anoche. Por eso los invito a entender que Chávez gobierna para los Tradicionales y desprecia a los Modernos. Todo lo hace para los Tradicionales. Sin embargo, esos mismos tradicionales rechazan a Cuba y al Comunismo en un 90%.

Pienso que Chávez atrae a los Tradicionales despreciando a los Modernos y por eso nos ataca constantemente. A los Modernos no nos gusta que nos digan lo que tenemos que hacer y mucho menos viniendo del Estado. Eso nos molesta y nos hace reaccionar emotivamente en vez de racionalmente. Chávez mantiene a los Modernos a raya atemorizándolos con conceptos como comunismo, adoctrinamiento, guerra, violencia, restricción de libertades etc. Y a los Modernos nos encanta comer casquillo con esos conceptos porque los rechazamos profundamente. Eso nos hace reaccionar exagerada y emotivamente. Ese es el poder que Chávez tiene sobre nosotros y lo usa a diario. No aprendemos… Nos tiene aterrorizados sicológicamente. Eso nos hace erráticos e irracionales.

Les propongo que seamos más racionales y menos emotivos para enfrentar lo que viene. Por más que Chávez quiera que haya un sólo País los Modernos seguirán existiendo y serán la clase Productiva de Venezuela. Ese es nuestro poder: el trabajo, la empresa, la familia, la educación. Una vez que Chávez les de a probar a los Tradicionales alguno de estos ingredientes, se volverán Modernos y dejarán de apoyarlo.

Personalmente creo que no vamos al comunismo, que no van a adoctrinar a nuestros hijos, que no nos quitarán la propiedad privada ni la libertad de expresión. Sin duda habrán ataques quirúrgicos a ciertos grupos empresariales y políticos porque son inconvenientes para el régimen. Pero aparte de eso pienso que viene más de lo mismo…. ¡Pura paja, ineficiencia, incapacidad, corruptela, incoherencia y estupidez!

¡El gran problema de Chávez es que tiene un gran rancho en la cabeza! Es un hombre brillante, pero lamentablemente es mediocre y acomplejado. Esa es su gran debilidad. Puro sudor y Peo como dicen los gochos. Un fenómeno electoral y político que no sabe gobernar ni gerenciar. Esa es su desgracia. ¡De los tradicionales es el más Tradicional de todos! Por eso se rodea de tanta mediocridad e incompetencia. ¡El Modernismo lo aterra!

Eso sí, ahora más que nunca tenemos que hacer Responsabilidad Social para ayudar de muchas más formas a los Tradicionales, para inyectarles Modernidad. No descuidemos eso… Se lo debemos a Venezuela.

Aceptemos nuestra realidad, seamos ahora más racionales y no aceptemos más distracciones de Chávez… ¡El no las merece!

Seamos ahora la mayor de las minorías. La del trabajo silente pero muy efectivo. La del bajo perfil pero de alto calibre. Vamos a defender nuestros territorios y espacios y vamos a crear nuevos. Vamos a evangelizar la Modernidad para transformar a Venezuela.

Sé que estamos tristes, pero la vida debe seguir. Ahora estemos con nuestra familia, y trabajemos por nuestro país. (Este pedacito es de Juan Carlo.)

Carpe Diem

César

Einstein tenía razón

Albert Einstein dijo unas cuantas perlas en su vida, para demostrar que era la mente más brillante del siglo XX. Bien, el martes tuve pruebas de que una de sus máximas era oh tan cierta, Señor… Y no, no me refiero a E=mc². Me refiero a esta:

“Hay dos cosas infinitas en esta mundo: el Universo y la estupidez humana. Y no estoy tan seguro sobre el Universo”.

Querámoslo o no, la burocracia existe en el mundo por una razón, pues ayuda a mantener el orden de una forma u otra. Pero por amor a Cristo, eso no da excusa para agarrar el sentido común y golpearlo hasta matarlo.

Mi padre tenía su carro en el taller y tenía que llegar a la Universidad Metropolitana para corregir unos exámenes (mi padre es profesor de la escuela de Ingeniería de dicha casa de estudios). De modo que me toca llevarlo, con gusto. Para los que no lo sepan, yo vivo en la zona sureste de la ciudad, y la Unimet queda en el este, de modo que ya sin cola es un trayecto de más o menos media hora, quizá un poco menos, sin cola. Esto era a las 7:30 de la mañana, hora pico. Cuando llegamos a la universidad, eran las 8:20.

Hay una redoma por la cual me debo devolver para dejar a mi viejo. Y cuando me dispongo a hacerlo —está por la vía que usamos para llegar allá— un vigilante nos detiene y dice, en ese extraño español que usan los vigilantes venezolanos, que si queremos pasar “tiene que mojtrarme el calnecito”. Bien, mi papá lo muestra, no big deal. Lo dejo, y procedo a devolverme por donde entré. Y para mi gran sorpresa, el otro vigilante me dice que no puedo salir por ahí. Que me tengo que devolver por la muy empinada subida para salir por la OTRA salida.”Ej que eta salía ya no está cobrando a esta hora, señó, tiene que salí po la otra”, me dice. “’¡Pero si no estuve ni cinco minutos, no tengo que pagarte!”, le clamo desesperado. “Lo siento señó, se tiene que devolv{e, me discurpa”, dice. Me sigue diciendo alguna estupidez, pero mi irritación no me permite escucharlo. Me devuelvo, con mucho esfuerzo (¿han tratado de retroceder en una subida en un sincrónico?), atravieso la universidad de marras, salgo por la otra taquilla, y procedo a calarme un recorrido de treinta segundos en diez minutos por la cola para agarrar la vía que me interesa.

Llego a Plaza las Américas, un centro comercial al sureste de la ciudad (sí, está como a quince minutos de mi casa, sin cola. Pero tengan en cuenta, “sin cola” aplica sólo después de las 9:30 de la noche en la semana y los domingos en la mañana. Es decir, utopía). Tengo un par de diligencias que hacer en el correo y en un par de bancos. Plaza es un centro comercial único pues está dividido en dos partes: una vieja que ha estado casi sin cambiar desde los ’70, y una nueva construida en el estacionamiento de la vieja a mediados/finales de los ’90. Son las 9:45 am.

Entro al estacionamiento de la zona nueva, tercer nivel. Mis objetivos están en la zona vieja, planta baja. Paro el carro, al lado de la puerta. Cosa rarísima, ¡qué bueno! Claro, el hecho que la puerta a acceso al centro comercial esté cerrada, pues… Le pregunto a un tipo que anda por ahí parado que qué pasó, y me dijo que abrían a las 10. Pana, ¿y tienen que cerrarlo desde el estacionamiento también? Lo cumbre: mi vejiga comienza a pedirme atención.

Bueno tampoco hay rollo. Hay baños en la zona vieja, cuál es el r—

Coño, los están remodelando. SHEEEEET…

Haciendo el clásico baile del que está urgido, voy a donde están los vigilantes. Que tienen acordonada el área a la parte nueva, por cierto. Claro, si el centro comercial no abre a las 10, ¿para qué van a estar deambulando por ahí? Le pregunto al señor vigilante, ya que los baños en la zona vieja están cerrados por remodelación, y estos están cerrados por ahora, si pudiera decirme dónde hay otros baños en el gran centro comercial.

“Lo siento amigo, el único que funciona es el que está en el restaurant allá abajo”, me dice. (Sí, este hablaba el español “normal”.) Ah claro: iré al restaurant, no compraré nada, pero usaré el baño. El sueño de todo ciudadano. Sea pendejo, me aguanto como un hombre. Me voy a pagar el correo.

Pago. Son las diez. Ya no puedo pensar en otra cosa:

aycoñomememeoaycoñomemeoaycoñomemeoaycoñomemeoaycoñomemeoaycoñomemeoaycoñomemeoaycoñomemeoaycoñomemeoaycoñomemeoaycoñomemeoaycoñomemeoaycoñomemeoaycoñomemeoaycoñomemeo… aaaaaaaaah….

Bien, superada la emergencia, voy al banco. Quiero averiguar en cuánto me quedarían las cuotas si aplico un préstamo por política habitacional. Ey, tengo 37 años, no quiero vivir con los viejos toda la vida. Bien, espero mi turno.

“Buenos días señor”, le digo al ejecutivo con cara de obstinado. Sí, ya a las diez y pico de la mañana. “Quisiera averiguar requisitos para aplicar la ley de política habitacional”.

“Lo siento amigo”, me dice. Y ya con eso, pierdo mi fe en la humanidad. “Esos datos sólo se están dando en la sede principal”.

Este… ¿cómo?

“Perdón, pero, todavía para consignar los documentos, pero… ¿nada más para pedir la información tengo que ir a la sede principal (que queda en el centro de la ciudad)?”

“Sí señor”.

Respiro profundo. Coño de su madre. Respiro profundo otra vez. Este tipo no tiene la culpa. Respiro profundo una vez más. Y hablo. “¿No hay nada que me pueda decir ahora?”

Me dio la información generalizada —se da hasta un 70% del precio del inmueble, 30 años para pagar, esas cosas—, y me dijo que estaban revisando esa información, y que era por eso que no se daba la información en las sedes. Bue, ni modo.

Pana, es en estos casos en que yo me tengo que preguntar: ¿la burocracia se hizo para facilitarle la vida al público, o a los que trabajan en estos sitios? Mano, en efecto, a veces pareciera que la estupidez humana no tuviera límites.