Mañas de mañas

Y ¿por qué miras la mota que está en el ojo de tu hermano,
y no echas de ver la viga que está en tu ojo?
Evangelio según San Mateo, Cap. 7, Vers. 3

Qué fácil es criticarle las mañas a alguien más. Muchas veces nos encaramamos en un pedestal y desde ahí vemos a los “pobres mortales” que nos rodean, y pensamos que nosotros no tenemos nada que nos critiquen.

Qué RIÑONES.

Gente, el ser humano es un animal divertidísimo de observar. Especialmente cuando no sabe que es observado. La cosa es cuando soltamos la lupa y recogemos el espejo. Auch. No siempre nos gusta lo que vemos, pues nos damos cuenta que, después de todo, somos gente.

Bien, aquí es donde respiro profundo y agarro ese espejo. Y confirmo algo que ya yo sabía: soy un maniático. Y considero que estoy dentro de lo maniático normal. s decir, no soy un obsesivo compulsivo ni nada… ¿verdad?

Voy con mi primera manía. Soy un animal de rutina, como todo ser humano, pero a veces la llevo al extremo. En las mañanas, dicha rutina es como procede:

  1. Despertarse.
  2. Sentarse en la cama.
  3. Prender el televisor.
  4. Ir a Animal Planet.
  5. “Ver” cualquier programa en el mencionado canal por diez minutos (lo logré reducir de los veinte originales).
  6. Ir al baño.
  7. Mirarme al espejo y arrepentirme.
  8. Vaciar la vejiga.
  9. Lavarme manos y cara.
  10. Cepillarme los dientes.
  11. Preparar el desayuno.
  12. Recoger el periódico.
  13. Sentarme en el extremo derecho del mesón de la cocina.
  14. Extender el periódico a lo largo del mesón.
  15. Leer el periódico mientras desayuno.

Si es día de semana o sábado, que tengo que trabajar:

  1. Dirigirme al cuarto para escoger qué me voy a poner.
  2. Bañarme.
  3. Salir del baño para terminar de vestirme (disculpen que les deje esa imagen en su cabeza).
  4. Prender el televisor y “verlo” mientras me visto.
  5. Al estar listo, agarrar –en ese orden– cartera, estuche de celular y (si voy a trabajar) bolígrafo.

Si es domingo o día feriado:

  1. Dirigirme al cuarto.
  2. ECHARME en mi cama.
  3. Hacer zapping, en este orden por número de canal (tengo Supercable): 3, 4, 5, 6 (pausa), 7, 8 (rápidamente, aunque sé que va a tener que cambiar por la carrera), 9, 10, 11 (pausa), 12, 13 (pausa), 25 (pausa), 26, 27 (pausa), 29, 31 (pausa), 32, 33, 34, 35, 38, 39 (pausa), 40, 41, 42 (pausa), 43, 47 (pausa), 48 (pausa), 49, 50 (ocasional pausa), 51 (pausa), 52 (ocasional pausa), 53, 54 (pausa), 57 (ocasional pausa), 59 (pausa), 60 (pausa), 61 (ocasional pausa), 62, 63, 64, 65 (larga pausa)… y vuelta al tres para empezar todo de nuevo.

¿Suena divertido? Aquí viene lo preocupante: cualquier cosa que altere este orden (que casi siempre es el periódico llegando tarde) me desequilibra. Una vez el periódico llegó m,edia hora tarde, y me tuve que ir sin leerlo. Y no pude pararme en un kiosko a comprarlo, no recuerdo por qué. Pasé el día como un perrito buscando un hidrante donde orinar. Estaba casi amargado, por Dios. ¿Preocupante? ¡Júralo!

Otra manía que necesito deseperadamente cambiar: a veces soy persistente al punto de LADILLA. Una vez, porque no me caía la llamada, llamé a un número catorce veces. Claro esto fue durante todo el día (no como ALGUIEN que yo conozco que al ver que le decía “MENSAJE NO ENVIADO” me mandó un mensaje de texto VEINTISIETE VECES…). Y ni se diga si han habido dificultades para que una chama y yo nos veamos. Antes me volvía como loco; ahora me tomo las cosas un poco más calmado. Siempre trato, pero no llego al extremo de antes, que rastreaba hasta el teléfono de su casa. En serio, una vez lo hice. Otra vez, como la señorita en cuestión no terminaba de asincerarse conmigo, la seguí hasta su edificio. Su perro me convenció de que había sido una mala idea. Nunca me pusieron una orden de restricción ni nada, pero supongo que es porque era un chamo de 17 (con la primera) y de 21 (con la segunda). (No te asustes, L. 😉
Por ahora, no recuerdo (¿o no quiero recordar?) alguna otra manía, excepto la siguiente. Y esta es con cariño, porque es la que más me ha durado y la que, creo, es la más inofensiva de todas.

Me he dado cuenta que toda la vida he coleccionado… algo. Si no eran los clásicos caracolitos, conchas y demás que creo que todo el mundo hace, por mi pobre cuarto han pasado:

  • colecciones de hojas de árbol
  • colecciones de postales
  • colecciones de otras postales
  • colecciones de carritos Matchbox
  • colecciones de piedras
  • colecciones de libros sobre colecciones (en serio)
  • colecciones de figuras de acción
Una vez incluso intenté empezar una colección de insectos, y hasta de lagartijas vivas. En serio. Hasta logré convencer a mi papá que me comprara la pecera para tenerlas. Hasta logré capturar un tuqueque una vez, pero se me escapó.

Hasta ahora, sólo han sobrevivido dos colecciones: una de tarjetas de teléfono, y lo que considero mi colección de libros. Han llegado al punto que recojo tanto tarjetas como libros de la basura. ¡¡¡De la basura!!! También considero mis CD’s como colección, pero eso es demasiado fácil. Además, que me ha costado seguir comprándolos, porque me REHÚSO a comprar Cd’s pirata. NEGADO A HACERLO. Nunca lo haré. Y creo que ustedes tampoco, pero bueno…

Hay algunos que sugieren que el que colecciona es ligeramente osbesivo-compulsivo, e incluso hay quien sugiere que es indicativo de una enferemedad llamada síndrome de Diógenes, que se caracteriza por un descuido personal extremo, miseria doméstica y retracción social. Para lo que he oído de algunos coleccionistas, ambas pueden ser ciertas. Lo bueno es que, como saben, no estoy solo en esa extraña manía por coleccionar. Si están interesados, y si comparten esta extraña manía/hobby/enfermedad/afición, encontré este artículo que trata el tema. Bastante interesante. También hay muchas web sobre coleccionistas:

Odalys.com
El coleccionista

Estén pendiente de A&E Mundo, canal 47 en Supercable, de una serie llamada “El Coleccionista Incurable”. Qué más decir…