Así me siento. Bueno casi…

Blue Murder era un grupo fundado por el antiguo guitarrista de la banda Whitesnake, John Sykes, junto con el increíble baterista Carmine Appice y el bajista Tony Franklin. Se caracterizó por largas canciones épicas, sin ser Zeppelin o Meatloaf, pero tampoco sin ser Whitesnake o algún otro grupo de hard rock de los ’90. Su debut tuvo buena acogida, pero el segundo fue un fracaso, y se disolvieron poco después. Del primer disco se sacan temas como Valley of the Kings, Jelly Roll, Sex Child y la canción que les presento ahora, Outta Love. No pidan una traducción, no pidan una explicación, de hecho no me hagan preguntas. Ni esperen otro post al respecto. Esta canción, una poderosa balada que era casi obligatoria en todo disco de hard rock que se apreciara en los ’80 y a principios de los ’90, describe mi estado de ánimo ahorita casi perfectamente (yo no estoy que me arranco las tripas como el hombre de la canción), y eso es todo lo que tengo que decir. Aquellos que quieran, les puedo mandar un mp3 de la canción.
OUT OF LOVE
Letra: John Sykes
I’m standing here looking at your photograph
I can’t believe I’m all alone and you’re not coming back
On and on we rode the storm
I sometimes wish I’d never been born
Alone here crying out for love
When times were hard we struggled through
A long long time ago
But things have changed much more than this
I never thought you’d go
Taken in my tears subside I’m feeling lost
Can I survive without you,
I’m outta love again
Out of love
Chorus
All the nights when you held me tight
Life was good and love seemed right
And now I’m here I can’t believe you’re gone
You used to say love would never die
But you were wrong and I’ve just died inside
I’m outta love again-I’m outta love again
The love we shared will never ever die inside my heart
I swear I never dreamed that we would ever drift apart
Taken in my tears subside
I’m feeling lost, can I survive without you
I’m outta love again
Chorus
All the nights when you held me tight
Life was good and love seemed right
And now I’m here
I can’t believe you’re gone
You used to say love would never die
But you were wrong and I’ve just died inside
I’m outta love again-I’m outta love again

Esa locura divina que es ser novio

Dedicado a toda mujer que alguna vez me dio el honor de ser su pareja, y a la que me da ese honor y felicidad aún hasta estos dias.

Y bien, aquí estamos: el mes del amoooor.

No tienen idea cuánto tiemblo cuando llega este mes. No porque no creo en el amor, no porque mi novia no lo crea, sino porque es demasiado fácil ponerse cursi en estos días. Y si no te pones cursi, entonces te vas al otro extremo, el de ser al que muchas amistades le dicen “ay pero tú sí eres odioso…” En otras palabras, no hay tonos de gris en este mes; todo tiene que ser blanco o negro.

El año pasado me gané un viaje al lado oscuro con más de una por lo que dije del Día de la Amistad (véanlo
aquí), de modo que pensé con cuidado sobre qué iba a hacerlo este año. Y entonces decidí entrar en terreno aún más pedregoso; hablaré sobre relaciones.

Nop, no pienso tratar mi relación actual. ¡Ustedes ya saben demasiado de esa!

Es hablar de… Dios mío, ¿en qué estado estaba Dios cuando creó a la mujer? Ahí es donde realmente vemos al Todopoderoso. Primero creó a un ser básico, simple. Lo complementó creando a un ser de infinitas complejidades, convencido de que si llegáramos a entenderlo, no nos parecería tan fascinante. Porque sí, chicos, acéptenlo: las mujeres son fascinantes. Estudiar la mente de una mujer ha llevado miles de años, millones de escritos y no pocos recluidos. Y aún así, hay pobres ingenuos que insisten en querer entenderlas.

Chicos, estoy aquí para decirles: las mujeres deben ser queridas y respetadas, jamás comprendidas. Al menos, no del todo. Es una labor demasiado titánica. Cuando yo digo que “entiendo” a las mujeres, es que las conozco como personas, tengo una idea de cómo piensan. Una IDEA, más nada. Porque sé que en cualquier momento harán o dirán algo que hará que uno tenga que empezar a estudiar de nuevo.

Permítanme ilustrarlos con hechos de la vida misma. Por supuesto, no daré nombres para proteger a las inocentes, y a mi persona, OF COURSE.

Las mujeres critican que, al instante que los hombres ven que la relación se pone demasiado seria, huyen por la derecha. Pues bien, en el 2000, yo pagué por todos los hombres que han aplicado esa regla. No una, sino dos veces. Seguidas.

La primera, una niña bella y simpatiquísima que me sedujo. Un mes después, se desparece del mapa, porque yo no soy parte de sus planes de irse del país. Y ese viaje se hizo… UN AÑO DESPUÉS.

La segunda, una ex que volvió a mi vida. Me dio siete meses maravillosos, para luego decir que ·esto se está poniendo demasiado serio…. no te puedo querer más de lo que ya te quiero, y eso me da rabia..” Sin ton ni son, ahí me quedé yo con mis ganas.

Otra ex que tenía yo compartía algo con muchas mujeres allá afuera: un incontrolable deseo de nunca estar lista a tiempo. Por ello me convencí: 80% de las mujeres tiene un concepto distinto del tiempo. Para ellas, cinco minutos no tiene el mismo significado que para nosotros. (Por cierto chicos, recuerden esto: dime de qué presumes y te diré de qué careces. Muchas mujeres sí saben cuánto son treinta centímetros.) Una vez, ya sabiendo de su fama de impuntual y su evidente rechazo a cambiar eso, decidí repicarle al celular, unos diez minutos antes de llegar a su casa. No hablia manera que esperaría más de cinco minutos, ¿verdad? Pues, al parar el carro, esta mujer –que vivía en la más incómoda de las calles ciegas– logró hacerme esperar QUINCE minutos.

El episodio más divertido que he tenido con una ex tiene que ver con ese empeño que tienen ciertas –no pocas– féminas con las “indirectas”. “¡Es que es más bonito cuando sale de ellos!” Cierto, pero si no tenemos ni idea de lo que quieren…!!!!

En fin, esto era en la época que estaba recién graduado y aún no trabajaba. Mi ex estudiaba en la Metropolitana, que, para los que no viven en Caracas, es una universidad que está cerca de las faldas del cero El Ávila, la montaña que rodea a la ciudad. Yo vivo, sin tráfico, como a quince minutos de ella. Pero como siempre hay tráfico, en realidad vivo a media hora.

Bueno, el caso es que yo estoy en mi casa, muy tranquilo, como a las 10 de la mañana. Curiosamente, ya vestido. Y suena mi teléfono, y oigo la voz agitada de mi antigua consorte.
“¡Gordo socorro!”

Yo, hombre preocupado que soy, asumo algo realmente grave. Un accidente. Quizá una muerte en la familia. Así de angustiada estaba. “¿Qué pasó, corazón?”

“¡Mi mamá se llevó el carro esta mañana, y tengo que llegar a la universidad, y no sé cómo voy a hacer! ¡Estoy desesperada!”

Pausa. Yo estoy esperando a que salga algo más. Después de dos segundos, vuelve. “Ya va, amor, cálmate. ¿Y tu mamá sabía que tienes clase? ¿No sabes a qué hora vuelve?”

“¡Ni idea! ¡Tengo clase a las once y media!” Yo veo el reloj. Está apretado, ella vive en La Florida, a mitad de camino entre la universidad y yo. “¿Gordo, qué voy a hacer?”, con un poquito más de drama del necesario.

Y ahí es cuando caigo. Quiere que yo la lleve. Obviamente, yo estoy más que dispuesto. Olvídense del hecho que cuando terminamos (terminé) ella hizo una escena en pleno McDonald’s y casi se lanza frente a un carro. Eso no vendría por otros tres meses. Yo la quería mucho, y soy un caballero. Habría hecho cualquier cosa por ella. Además, no me costaba nada. Pero en vez de llegar y pedírmelo, se lanza una arenga para hacer la cosa más dramática. Perdiendo tiempo que podría haber invertido en pedirme de una vez que la llevara. En algún punto, mencionó que iba a perder la materia, que se iba a tener que retirar, que cómo su mamá le hacía esto… En una de esas respira profundo, y me digo, OK, ahora es cuando me lo va a pedir. ¿Pero qué es lo que sale de su boquita? “Gordo, ¿qué voy a hacer? ¿QUÉ VOY A HACER?”

Y aquí es donde todas las mujeres dirán ERES EL PEOR y los hombres dirán BIEN HECHO. Pero por Dios, ¿por qué no llegar y decir las cosas de frente y ya?

Sonrío pícaramente. Y con toda mi calma (sí, reconozco que lo hice adrede), le digo: “Tranquila, amor, estoy seguro que si agarras un taxi llegarás a tiempo.” Ella se detiene. “¿Perdón?” Pausa estratégica. “Claro, cielo. ¿O no tienes plata?”

Lo único que escuché del otro lado de la línea fue cómo todo el oxígeno de su apartamento fue absorbido. Yo me mordí el labio procurando no reírme. Y luego, retumbó “¡¡¡ES EL COOOLMOOO!!!” Pongo mi mejor voz de yonofui: “Bueno, mi cielo, como no me LO HAS PEDIDO, yo estoy asumiendo que no quieres que te vaya a buscar.”

Oigo el prinicipio de un rezongue. Está debatiéndose entre seguir regañando, la urgencia por irse, y por Dios, la razón que tengo y no me digan que no. Y entonces: “Gordo… ¿Será que me puedes llevar a la universidad?”

Y en mi voz más radiante, le contesto: “Mi vida, para mí será un placer. Voy saliendo.”

Dos días después, esta niña absorbente –que una vez pretendía que yo agarrara un carrito por puesto, agarrara metro, caminara con ella a su casa y luego me devolviera SOLO a las ocho de la noche– intenta presentar su caso a mi madre. Claro, mujer como ella, iba a entender, ¿no? “¿Sabe lo que hiozo su hijo? ¡Pretendía que me fuera en TAXI a la universidad!” Y mi madre, mujer sabia como pocas aunque no lo demuestre, le pregunta: “Pero, ¿y por qué no le pediste la cola?” La mirada de shock no estuvo normal. Y menos mi mirada triunfante. “¡Si yo se lo pedí! ¿Pero no es más bonito cuando nace de ellos?” “Ay, no, mija, si quieres algo con urgencia, pídelo. No esperes.”

Y ahí le tengo que dar la razón. Chicas, la mayor parte de las cosas nosotros les damos las cosas sin que ustedes nos la pidan. ¿Por qué? Porque son tan maravillosas que no queremos sino montarlas sobre el trono de nuestro corazón, y asegurarnos que nos quieran y nos amen como nosotros a ustedes. Sí, hay bolsiclones que en algún momento no apreciarán el trabajo que Dios hizo al hacerlas , y nosotros nos quejamos por su impuntualidad, sus pequeñas manías y esos momentos en que nos exigen atención. Pero la verdad es que la vida sin las mujeres sólo puede ser dura, gris, aburrida y, realmente, no es vida. En este día del amor, gracias por cada momento que me hacen vivir, desde las que simplemente nos pasan al lado hasta la dueña de mi corazón.