El desastre de los venezolanos (uno serio)

Ahora sí podemos todos los venezolanos hacernos una pregunta: ¿Y AHORA QUÉ?El domingo 4 de diciembre, están pautadas para celebrarse las elecciones para diputados de la Asamblea Nacional del país. Son elecciones importantísimas, pero aquí todo el mundo como que ya perdió toda noción de eso. Empezando por el mismo gobierno, quien en mi humilde opinión debería ser el primero en entender que esta situación le perjudicaría a él de primero.Para resumir la situación, a los que no la sepan: Desde siempre, las elecciones en Venezuela han sido manuales. Cuando se juramentó, hace dos años, el nuevo Consejo Nacional Electoral (CNE), uno de los primeros cambios que hizo fue automatizar las elecciones, lo cual fue cuestionado dentro y fuera de Venezuela por expertos y partidos políticos. No conformes con eso, el CNE introdujo unas máquinas llamadas “captahuellas”, que aseguraban que el elector no votara dos veces. El problema es que aparentemente también revelaban quién había votado por quién. Las máquinas captahuellas eran uno de los puntos más polémicos de las elecciones que comprometían lo más sagrado del voto: su anonimidad. Por consiguiente, los partidos opositores peleaban largo y tendido para eliminarlas. Y de hecho, el domingo pasado, en un raro gesto, el CNE acordó eliminar las máquinas captahuellas… PARA ESTAS ELECCIONES. Principalmente, porque se descubrió un problema con el software que en efecto vulneraba la anonimidad del voto.
Esto buscaba mejorar la confianza el el órgano electoral y aumentar la participación. Lo que logró fue todo lo contrario. El CNE estaba empujado a la calle con los pantalones abajo. Y los partidos de oposición reaccionaron. Acción Democrática (AD), el más antiguo partido de Venezuela, que incluso aceptó ir a elecciones con una dictadura confesa como fue la de Marcos Pérez Jiménez (1953-1958), retiró todos sus candidatos. COPEI, el tradicional contrario de AD, hizo lo mismo. Poco a poco, los principales partidos opositores declinaban participar de lo que llamaban una pantomima. Sólo quedaba Primero Justicia, un partido bastante joven pero con una fuerte presencia política en el país. Era tal la polarización, que hasta la tarde de ayer se pensaba que incluso se podrían dividir. Hasta que ayer a las ocho de la noche, su secretario general, Gerardo Blyde (diputado por el circuito al que yo pertenezco) anunció el retiro también del grupo, sosteniendo que no podían defender el voto de quienes los apoyaban. (Pueden leer la noticia aquí en la página de El Universal.)
Eso me llevó a la única conclusión posible. Algo que nunca pensé que haría. Pues no voy a votar. ¡Si no hay por quién!
Esta sería apenas la segunda vez en mi vida que yo no voy a ejercer mi derecho al voto. Yo siempre me he rehusado a ser indiferente a las pocas cosas que puedo hacer por mejorar mi país. Si no voto, ¿con qué moral voy a quejarme de lo mal que están ahciendo los dirigentes? Si son de los que ayudé a elegir, tengo todo el derecho del mundo de reclamarles. Si yo los puse ahí, los puedo quitar. Y si son de los que no recibieron mi apoyo, podría alegar que “no es culpa mía, yo no voté por él.” Técnicamente. Aún en estas pobres condiciones para elegir, yo pensaba votar hasta ayer a las 9:30 de la noche cuando Primero Justicia leyó su comunicado.
No estoy tampoco seguro de que retirarse dos días antes de las elecciones haya sido la mejor idea tampoco, pero nadie puede creer en una Asamblea que apoye una sola ideología es realmente democrática. El gobierno va a ser el primer perjudicado que ya casi el 70% de la oposición se haya retirado, y seguro que ha visto las encuestas que dicen que 55% de los que apoyan la gestión del presidente se van a quedar en su casa el domingo. En palabras de Teodoro Petkoff, editor del diario Tal Cual: “En el año 2000 fueron pospuestas las elecciones por arzones técnicas. Hoy, la gravedad de la crisis política abierta aconsejaría, con mayor razón, una postergación. Este no es un momento para la arrogancia sino para la sensata búsqueda de soluciones. El gobierno se siente muy seguro de su victoria electoral. Si es así, obténgala pues, pero en buena lid.” (Editorial Tal Cual, 01/12/05).
Que Dios nos agarre confesados.

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