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Esa locura divina que es ser novio
Y bien, aquí estamos: el mes del amoooor.
No tienen idea cuánto tiemblo cuando llega este mes. No porque no creo en el amor, no porque mi novia no lo crea, sino porque es demasiado fácil ponerse cursi en estos días. Y si no te pones cursi, entonces te vas al otro extremo, el de ser al que muchas amistades le dicen «ay pero tú sí eres odioso…» En otras palabras, no hay tonos de gris en este mes; todo tiene que ser blanco o negro.
El año pasado me gané un viaje al lado oscuro con más de una por lo que dije del Día de la Amistad (véanlo aquí), de modo que pensé con cuidado sobre qué iba a hacerlo este año. Y entonces decidí entrar en terreno aún más pedregoso; hablaré sobre relaciones.
Nop, no pienso tratar mi relación actual. ¡Ustedes ya saben demasiado de esa!
Es hablar de… Dios mío, ¿en qué estado estaba Dios cuando creó a la mujer? Ahí es donde realmente vemos al Todopoderoso. Primero creó a un ser básico, simple. Lo complementó creando a un ser de infinitas complejidades, convencido de que si llegáramos a entenderlo, no nos parecería tan fascinante. Porque sí, chicos, acéptenlo: las mujeres son fascinantes. Estudiar la mente de una mujer ha llevado miles de años, millones de escritos y no pocos recluidos. Y aún así, hay pobres ingenuos que insisten en querer entenderlas.
Chicos, estoy aquí para decirles: las mujeres deben ser queridas y respetadas, jamás comprendidas. Al menos, no del todo. Es una labor demasiado titánica. Cuando yo digo que «entiendo» a las mujeres, es que las conozco como personas, tengo una idea de cómo piensan. Una IDEA, más nada. Porque sé que en cualquier momento harán o dirán algo que hará que uno tenga que empezar a estudiar de nuevo.
Permítanme ilustrarlos con hechos de la vida misma. Por supuesto, no daré nombres para proteger a las inocentes, y a mi persona, OF COURSE.
Las mujeres critican que, al instante que los hombres ven que la relación se pone demasiado seria, huyen por la derecha. Pues bien, en el 2000, yo pagué por todos los hombres que han aplicado esa regla. No una, sino dos veces. Seguidas.
La primera, una niña bella y simpatiquísima que me sedujo. Un mes después, se desparece del mapa, porque yo no soy parte de sus planes de irse del país. Y ese viaje se hizo… UN AÑO DESPUÉS.
La segunda, una ex que volvió a mi vida. Me dio siete meses maravillosos, para luego decir que ·esto se está poniendo demasiado serio…. no te puedo querer más de lo que ya te quiero, y eso me da rabia..» Sin ton ni son, ahí me quedé yo con mis ganas.
Otra ex que tenía yo compartía algo con muchas mujeres allá afuera: un incontrolable deseo de nunca estar lista a tiempo. Por ello me convencí: 80% de las mujeres tiene un concepto distinto del tiempo. Para ellas, cinco minutos no tiene el mismo significado que para nosotros. (Por cierto chicos, recuerden esto: dime de qué presumes y te diré de qué careces. Muchas mujeres sí saben cuánto son treinta centímetros.) Una vez, ya sabiendo de su fama de impuntual y su evidente rechazo a cambiar eso, decidí repicarle al celular, unos diez minutos antes de llegar a su casa. No hablia manera que esperaría más de cinco minutos, ¿verdad? Pues, al parar el carro, esta mujer –que vivía en la más incómoda de las calles ciegas– logró hacerme esperar QUINCE minutos.
El episodio más divertido que he tenido con una ex tiene que ver con ese empeño que tienen ciertas –no pocas– féminas con las «indirectas». «¡Es que es más bonito cuando sale de ellos!» Cierto, pero si no tenemos ni idea de lo que quieren…!!!!
En fin, esto era en la época que estaba recién graduado y aún no trabajaba. Mi ex estudiaba en la Metropolitana, que, para los que no viven en Caracas, es una universidad que está cerca de las faldas del cero El Ávila, la montaña que rodea a la ciudad. Yo vivo, sin tráfico, como a quince minutos de ella. Pero como siempre hay tráfico, en realidad vivo a media hora.
Bueno, el caso es que yo estoy en mi casa, muy tranquilo, como a las 10 de la mañana. Curiosamente, ya vestido. Y suena mi teléfono, y oigo la voz agitada de mi antigua consorte.
Yo, hombre preocupado que soy, asumo algo realmente grave. Un accidente. Quizá una muerte en la familia. Así de angustiada estaba. «¿Qué pasó, corazón?»
«¡Mi mamá se llevó el carro esta mañana, y tengo que llegar a la universidad, y no sé cómo voy a hacer! ¡Estoy desesperada!»
Pausa. Yo estoy esperando a que salga algo más. Después de dos segundos, vuelve. «Ya va, amor, cálmate. ¿Y tu mamá sabía que tienes clase? ¿No sabes a qué hora vuelve?»
«¡Ni idea! ¡Tengo clase a las once y media!» Yo veo el reloj. Está apretado, ella vive en La Florida, a mitad de camino entre la universidad y yo. «¿Gordo, qué voy a hacer?», con un poquito más de drama del necesario.
Y ahí es cuando caigo. Quiere que yo la lleve. Obviamente, yo estoy más que dispuesto. Olvídense del hecho que cuando terminamos (terminé) ella hizo una escena en pleno McDonald’s y casi se lanza frente a un carro. Eso no vendría por otros tres meses. Yo la quería mucho, y soy un caballero. Habría hecho cualquier cosa por ella. Además, no me costaba nada. Pero en vez de llegar y pedírmelo, se lanza una arenga para hacer la cosa más dramática. Perdiendo tiempo que podría haber invertido en pedirme de una vez que la llevara. En algún punto, mencionó que iba a perder la materia, que se iba a tener que retirar, que cómo su mamá le hacía esto… En una de esas respira profundo, y me digo, OK, ahora es cuando me lo va a pedir. ¿Pero qué es lo que sale de su boquita? «Gordo, ¿qué voy a hacer? ¿QUÉ VOY A HACER?»
Y aquí es donde todas las mujeres dirán ERES EL PEOR y los hombres dirán BIEN HECHO. Pero por Dios, ¿por qué no llegar y decir las cosas de frente y ya?
Sonrío pícaramente. Y con toda mi calma (sí, reconozco que lo hice adrede), le digo: «Tranquila, amor, estoy seguro que si agarras un taxi llegarás a tiempo.» Ella se detiene. «¿Perdón?» Pausa estratégica. «Claro, cielo. ¿O no tienes plata?»
Lo único que escuché del otro lado de la línea fue cómo todo el oxígeno de su apartamento fue absorbido. Yo me mordí el labio procurando no reírme. Y luego, retumbó «¡¡¡ES EL COOOLMOOO!!!» Pongo mi mejor voz de yonofui: «Bueno, mi cielo, como no me LO HAS PEDIDO, yo estoy asumiendo que no quieres que te vaya a buscar.»
Oigo el prinicipio de un rezongue. Está debatiéndose entre seguir regañando, la urgencia por irse, y por Dios, la razón que tengo y no me digan que no. Y entonces: «Gordo… ¿Será que me puedes llevar a la universidad?»
Y en mi voz más radiante, le contesto: «Mi vida, para mí será un placer. Voy saliendo.»
Dos días después, esta niña absorbente –que una vez pretendía que yo agarrara un carrito por puesto, agarrara metro, caminara con ella a su casa y luego me devolviera SOLO a las ocho de la noche– intenta presentar su caso a mi madre. Claro, mujer como ella, iba a entender, ¿no? «¿Sabe lo que hiozo su hijo? ¡Pretendía que me fuera en TAXI a la universidad!» Y mi madre, mujer sabia como pocas aunque no lo demuestre, le pregunta: «Pero, ¿y por qué no le pediste la cola?» La mirada de shock no estuvo normal. Y menos mi mirada triunfante. «¡Si yo se lo pedí! ¿Pero no es más bonito cuando nace de ellos?» «Ay, no, mija, si quieres algo con urgencia, pídelo. No esperes.»
Y ahí le tengo que dar la razón. Chicas, la mayor parte de las cosas nosotros les damos las cosas sin que ustedes nos la pidan. ¿Por qué? Porque son tan maravillosas que no queremos sino montarlas sobre el trono de nuestro corazón, y asegurarnos que nos quieran y nos amen como nosotros a ustedes. Sí, hay bolsiclones que en algún momento no apreciarán el trabajo que Dios hizo al hacerlas , y nosotros nos quejamos por su impuntualidad, sus pequeñas manías y esos momentos en que nos exigen atención. Pero la verdad es que la vida sin las mujeres sólo puede ser dura, gris, aburrida y, realmente, no es vida. En este día del amor, gracias por cada momento que me hacen vivir, desde las que simplemente nos pasan al lado hasta la dueña de mi corazón.
Paseos por la calle de la memoria
Si creen que es mentira, ¿con qué moral? Una de dos, o ustedes son TAN viejos que ya ni recuerdan esas comiquitas, o andan con una ridiculez de «esas son etapas quemadas». No les discuto: un tipo de más de 25 que se la pase viendo dibujos animados en televisión es el afiche para «loser». Pero díganme que de vez en cuando, en esos momentos que andan haciendo zapping, en el momento que se topan con uno de esos dibujos animados que veían pegados los sábados en la mañana sin falla, no se instalan aunque sea unos minutos. Yo sí. De hecho, hay días en que no tengo nada que hacer y ahí me verán, instalado viendo el Coyote caerse por un barranco, o a Huckleberry Hound persiguiendo a un gorila, o –alto placer– ver a Mazinger derrotar a los malos.
Es fácilmente explicable. ¿No vivimos metidos en el estrés del día a día? Esas comiquitas nos recuerdan una época en que la vida era más sencilla, donde la decisión más grande que teníamos que hacer era qué caramelo nos podríamos comer, o cuál era la mejor hora para salir a jugar. Cuando la tarea aparecía, sabíamos que había en algún canal alguna recompensa por nuestra ardua labor.
OJO, yo no soy partidario del escapismo, del negarse a todo cuanto es responsabilidad en nuestra vida. Eso es parte de crecer y madurar. Pero no busquen enterrar todo cuanto recuerden de su infancia tras un muro de madurez. ¿Dónde queda el sentirse más humano, y todo eso? Sin nuestra infancia, sin estar en contacto con el niño que llevamos dentro, ¿no seríamos más propenso a vivir amargados?
De esaépoca, una de las cosas que más recuerdo es la competencia entre hombres y mujeres por las comiquitas más vistas. RCTV transmitía Candy Candy para las niñas, Venevisón transmitía Mazinger Z para los varones. Aún así, yo he encontrado féminas que deliraban por el robot gigante, y un macho «comprobado» que admitió botar su lagrimita cuando Candy sufría. Era comprensible: Candy Candy era una auténtica telenovvela para chamos, mientras que Mazinger Z eran guerras, batallas y acción. Obviamente yo era partidario por las aventuras de Koji Kabuto, al punto que grababa los episodios y hubo uno u otro que lo vi en conjunto con un grupo de amigos. De hecho, no estoy apenado en admitir que hice fiesta cuando el canal La Tele comenzó a retransmitir la serie entera. ¡Este sábado me calé un episodio completico!
Claro, soy un buen comicólogo, así que también supe de las aventuras y desventuras de la pequeña niña huérfana desde que sale del Hogar de Pony y empieza a trabajar de enfermera voluntaria, comienza a saluir con Anthony y Terry hasta que uno de ellos se muere trágicamente en un accidente de equitación (¿fue Terry, verdad? Como dije, no la veía, así que no recuerdo). Demasiado para mí. siguiente por favor.
Otra cosa que recuerdo con recuerdos agridulces es el Festival de Robots . Digo agridulce, poruqe tenía series excelentes: El Vengador, El Gladiador, El Galáctico y Super Magnetrón, junto con otras (no de robots) como Capitán Futuro y Super Agente Cobra. Lo que me duele es que eran transmitidas por el canal 8, que en esa época era tremendo canal, que competía en el rating con los dos monstruos que eran RCTV y Venevisión. Pero dejémoslo así…
Ahora, no se crean que yo era un macho insensible que sólo veía robots gigantes. También me calé casi completicas Heidi y Marco. Lágrimas incluidas. También vi varios capítulos de Ángel, la niña de las Flores y Honey Honey. Y no eran nada más películas japonesas: He-man y los Amos del Universo (recientemente remozada), She-Ra, princesa del poder, G.I. Joe, Archi (sip, el mismo de las comiquitas del domingo de El Nacional), Thundercats, Silverhawks, las comiquitas basadas en cómics de Marvel como Thor, Iron Man (en español, El Hombre Invencible), Hulk…. Había una contribución española, el inocente Calimero, y varias de la Hanna Barbera: el Super-Fisgón, Pixie, Dixie y el gato Jinx (¡que por cierto, cabe destacar, estas comiquitas me gustan mucho más en su versión doblada! Díganme quién no ha dicho «eso mardito roedore»…)
En fin, ese paseíto por el camino de los recuerdos siempre es un tripeo, para usar una palabra que me haga sentir más joven de lo que estoy. Si quieren, no más, TODA la información (entra la voz de Iván Loscher) de comiquitas de todos los años, y darse su propio paseíto, les recomiendo visiten Comics.com.ve, la antigua Comiquitas.net, una fuente absurdamente completa de información. Y no lo nieguen, ustedes contyemporáneos conmigo, SABEN que lo han hecho antes. Si no, háganlo, que les hace falta.
P.D.: Si leyeron el último post, saben que una de mis resoluciones era empezar un blog de cuentos o novelas. Bueno, aquí está: http://cuentosdecaracas.blogspot.com. Espero que lo disfruten tanto como yo he disfritado escribir. Lali, espero tus comentarios.
Japi Niu Yir
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Cumpliré lo que me propongo: el Ávila, las resoluciones, la última de las cuales en particular.
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Renunciaré a Loscher.
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Viajaré un fin de semana. Muy bien acompañado. A la playa.
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Dejaré de ser tan paternalista.
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Arreglaré mi carro. Con lo que me paguen cuando renuncie a Loscher.
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Trabajaré en un estudio de doblaje.
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Averiguaré cómo ser más ahorrativo.
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Perderé peso. Unos 500 gramos para empezar suena bien.
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Me compraré un pantalón nuevo. Y trataré de que sea al menos uno por año de aquí en adelante.
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Empezaré un nuevo blog. Quiero escribir una novela ocuentos cortos. ¡Sí, en serio!
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Haré algo grandioso. No sé, algo. Cuando lo sepa lo haré y se enterarán.
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ESPERO comprar un reproductor nuevo. (Hmmmm…)
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Estaré más pendiente de mis amistades, aquienes he descuidado muchísimo.
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Y la más importante, la que pienso cumplir por sobre todo: nunca volveré a escribir mis resoluciones. ¡Dios, qué responsabilidad siento!
Redescubriendo un personaje
Acabo de terminar de ver Diarios de Motocicleta (2003), un film de Walter Salles nominado el año pasado al Oscar como Mejor Películña en Lengua Extranjera. Está basada en la juventud de una figura harto conocida en Latinoamérica, Ernesto «Che» Guevara, el comandante argentino que se convirtió en la mano derecha de Fidel Castro durante la Revolución Cubana. Específicamente, está basada en un libro publicado bajo el mismo nombre, hecho del diario que el joven Ernesto escribió durante un viaje entre 1951 y 1952 que él y su amigo Alberto Granados hicieron por Latinoamérica. Quiero que nos olvidemos un momento de todo lo que sepamos o creamos saber del «Che» Guevara. Quiero que cualquier odio o admiración que sintamos por la figura del revolucionario argentino la dejen a un lado. Vamos a concentrarnos primero en la película, y segundo, en el mensaje.
La película empieza como una de esas «road movies» que de tanto en tanto aparecen en el cine americano, ya sea hablando de la vida del poeta Jack Kerouac o simplemente «buscando» algo. Y es que la travesía es algo que es tan frecuente en la literatura y en el cine que uno espera que casi todos los grandes personajes de la historia hayan tenido esta clase de viajes. Los ayuda a forjar su carácter. En el caso de Ernesto, este viaje le dio la oportunidad de ver las grandes diferencias que hay en América Latina. En Chile, los amigos ven el sufrir de los obreros de las minas de diamantes. En Perú, conocen varios granjeros echados de sus tierras por los paytrones y ve, en el barco en el que viajan, un bote más pequeño que arrastra a los más pobres. Las actuaciones son muy buenas: Gael García está dejando de ser el niñito lindo de México para establecerse como un auténtico actor. Y la química que comparte con Rodrigo de la Serna (primo segundo del Che Guevara, by the way) se siente muy auténtica. La fotografía es muy buena, mostrando toda la belleza de América Latina: los Andes argentinos y chilenos, la majestuosidad de Macchu Pichu, la Amazonia peruana… Lo que comenzó siendo una aventura se transforma en un viaje de descubrimiento, donde Ernesto y Alberto ven un continente que en igual medida está lleno de dolor y de esperanza. Al final, Ernesto se transforma en el Che Guevara, mano derecha de Fidel Castro, y tratará de llevar su revolución por toda América Latina, hasta que es detenido en Bolivia y fusilado, con la ayuda de agentes de la CIA. Pero antes de eso, vemos a un joven que lucha por ayudar a los excluidos a sentirse queridos, a sentirse humanos, y en el proceso descubrir su propio lado humano.
Me levanté de esta película con el deseo de hacer ese viaje. Claro, al revés: yo iría de norte a sur. Pero sería con el mismo propósito que ellos. Sé mucho de la gente de Latinoamérica, y a la vez sé tan poco. Pero más que nada, la dejé con la sensación de que nos hace falta más personas como ese joven Ernesto, antes de que se convirtiera en el guerrillero que todos conocemos quien, aunque ciertamente luchó por sus ideales, llevó esa lucha a un extremo nefasto. Necesitamos gente que se preocupe por atravesar ese río, a donde están los excluidos, y pasarse un tiempito con ellos. Necesitamos, empezando por nuestro país.
Yo sabía muy poco sobre el «Che» Guevara antes de la película. Ahora sé un poquito más, por algunas lecturas que hice. ¿Que Fidel Castro estuvo detrás de su ejecución? Mira, no me extrañaría, pero no hay pruebas. Sabemos que fue la CIA seguro, pero en fin. ¿Que el hombre fue un reaccionario patán? Sí, pero en algún momento realmente se interesó en eliminar las diferencias entre los pueblos de Sudamérica. Ahora quisiera tener la facultad de atravesar este magnífico continente como él y Alberto lo hicieron, conociendo su gente, y ver si puedo convencer a nuestros pueblos de una verdadera integración, no donde haya un solo protagonista y todo sea dinero, dinero, dinero.
¿Estoy siendo demasiado serio para ustedes? ¿Muy reflexivo? Tranquilos. Ya vendrán otros días. 😉
El desastre de los venezolanos (uno serio)
| Ahora sí podemos todos los venezolanos hacernos una pregunta: ¿Y AHORA QUÉ?El domingo 4 de diciembre, están pautadas para celebrarse las elecciones para diputados de la Asamblea Nacional del país. Son elecciones importantísimas, pero aquí todo el mundo como que ya perdió toda noción de eso. Empezando por el mismo gobierno, quien en mi humilde opinión debería ser el primero en entender que esta situación le perjudicaría a él de primero.Para resumir la situación, a los que no la sepan: Desde siempre, las elecciones en Venezuela han sido manuales. Cuando se juramentó, hace dos años, el nuevo Consejo Nacional Electoral (CNE), uno de los primeros cambios que hizo fue automatizar las elecciones, lo cual fue cuestionado dentro y fuera de Venezuela por expertos y partidos políticos. No conformes con eso, el CNE introdujo unas máquinas llamadas «captahuellas», que aseguraban que el elector no votara dos veces. El problema es que aparentemente también revelaban quién había votado por quién. Las máquinas captahuellas eran uno de los puntos más polémicos de las elecciones que comprometían lo más sagrado del voto: su anonimidad. Por consiguiente, los partidos opositores peleaban largo y tendido para eliminarlas. Y de hecho, el domingo pasado, en un raro gesto, el CNE acordó eliminar las máquinas captahuellas… PARA ESTAS ELECCIONES. Principalmente, porque se descubrió un problema con el software que en efecto vulneraba la anonimidad del voto. Esto buscaba mejorar la confianza el el órgano electoral y aumentar la participación. Lo que logró fue todo lo contrario. El CNE estaba empujado a la calle con los pantalones abajo. Y los partidos de oposición reaccionaron. Acción Democrática (AD), el más antiguo partido de Venezuela, que incluso aceptó ir a elecciones con una dictadura confesa como fue la de Marcos Pérez Jiménez (1953-1958), retiró todos sus candidatos. COPEI, el tradicional contrario de AD, hizo lo mismo. Poco a poco, los principales partidos opositores declinaban participar de lo que llamaban una pantomima. Sólo quedaba Primero Justicia, un partido bastante joven pero con una fuerte presencia política en el país. Era tal la polarización, que hasta la tarde de ayer se pensaba que incluso se podrían dividir. Hasta que ayer a las ocho de la noche, su secretario general, Gerardo Blyde (diputado por el circuito al que yo pertenezco) anunció el retiro también del grupo, sosteniendo que no podían defender el voto de quienes los apoyaban. (Pueden leer la noticia aquí en la página de El Universal.) Eso me llevó a la única conclusión posible. Algo que nunca pensé que haría. Pues no voy a votar. ¡Si no hay por quién! Esta sería apenas la segunda vez en mi vida que yo no voy a ejercer mi derecho al voto. Yo siempre me he rehusado a ser indiferente a las pocas cosas que puedo hacer por mejorar mi país. Si no voto, ¿con qué moral voy a quejarme de lo mal que están ahciendo los dirigentes? Si son de los que ayudé a elegir, tengo todo el derecho del mundo de reclamarles. Si yo los puse ahí, los puedo quitar. Y si son de los que no recibieron mi apoyo, podría alegar que «no es culpa mía, yo no voté por él.» Técnicamente. Aún en estas pobres condiciones para elegir, yo pensaba votar hasta ayer a las 9:30 de la noche cuando Primero Justicia leyó su comunicado. No estoy tampoco seguro de que retirarse dos días antes de las elecciones haya sido la mejor idea tampoco, pero nadie puede creer en una Asamblea que apoye una sola ideología es realmente democrática. El gobierno va a ser el primer perjudicado que ya casi el 70% de la oposición se haya retirado, y seguro que ha visto las encuestas que dicen que 55% de los que apoyan la gestión del presidente se van a quedar en su casa el domingo. En palabras de Teodoro Petkoff, editor del diario Tal Cual: «En el año 2000 fueron pospuestas las elecciones por arzones técnicas. Hoy, la gravedad de la crisis política abierta aconsejaría, con mayor razón, una postergación. Este no es un momento para la arrogancia sino para la sensata búsqueda de soluciones. El gobierno se siente muy seguro de su victoria electoral. Si es así, obténgala pues, pero en buena lid.» (Editorial Tal Cual, 01/12/05). Que Dios nos agarre confesados. |
Una contribución de afuera
Por primera vez, decidí publicar algo escrito por alguien más. Me pareció demasiado hermoso para quedármelo yo. Sólo espero que su autora no se moleste por estarlo haciendo. Le tengo que agradecer a la persona que me lo mandó, que lentamente se ha convertido en una muy buena razón para seguir escribiendo. Claro, si quiere que no publique esto, que me lo diga, y escribiré algo propio en su lugar. 😉 Disfruten, y dile gracias a tu amiga, Lali.
«Imposible atravesar la vida…sin que un trabajo salga mal hecho, sin que una amistad cause decepción, sin padecer algún quebranto de salud, sin que un amor nos abandone, sin que nadie de la familia fallezca, sin equivocarse en un negocio.Ese es el costo de vivir. Sin embargo lo importante no es lo que suceda, sino, como se reacciona. Si te pones a coleccionar heridas eternamente sangrantes, vivirás como un pájaro herido incapaz de volver a volar. Uno crece…Uno crece cuando no hay vacío de esperanza, ni debilitamiento de voluntad, ni pérdida de fe. Uno crece cuando acepta la realidad y tiene aplomo de vivirla. Cuando acepta su destino, pero tiene la voluntad de trabajar para cambiarlo. Uno crece asimilando lo que deja por detrás, construyendo lo que tiene por delante y proyectando lo que puede ser el porvenir.Crece cuando supera, se valora, y sabe dar frutos. Uno crece cuando abre camino dejando huellas, asimila experiencias… ¡Y siembra raíces!Uno crece cuando se impone metas, sin importarle comentarios negativos, ni prejuicios, cuando da ejemplos sin importarle burlas, ni desdenes, cuando cumple con su labor.Uno crece cuando se es fuerte por carácter, sostenido por formación, sensible por temperamento…¡Y humano por nacimiento!.. Uno crece cuando enfrenta el invierno aunque pierda las hojas. Recoge flores aunque tengan espinas y marca camino aunque se levante el polvo. Uno crece cuando se es capaz de afianzarse con residuos de ilusiones, capaz de perfumarse, con residuos de flores…¡Y de encenderse con residuos de amor…!Uno crece ayudando a sus semejantes, conociéndose a sí mismo y dándole a la vida más de lo que recibe. Uno crece cuando se planta para no retroceder… Cuando se defiende como águila para no dejar de volar… Cuando se clava como ancla y se ilumina como estrella. Entonces… Uno Crece».
¡¡¡Partida de ingratos, miserables y mocosos!!!
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«No tengo tiempo.»
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«Estoy cansado.»
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«Me da flojera.»
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«Tengo otras cosas que hacer.»
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«¿Para qué?»
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«Prefiero hacer otras cosas.»
Estas son las excusas favoritas que he escuchado en clase. Esto dicho ante la petición de que hagan tarea, estudien, o practiquen fuera de su casa. Y por parte de ADULTOS, ¿pueden creerlo? Pero la peor de todas:
«ME CUESTA MUCHO.»
Y eso lo usan de excusa para no intentarlo más. ¡¿Pueden creerlo?! Ajá, te cuesta mucho. OK. ¿Y crees que vas a conseguir un cassette, CD o afín, te lo vas a incrustar en el cerebro, y así te va a costar menos? ¿¿¿O es que repentinamente estamos viviendo todos en The Matrix, y cualquiera se puede enchufar y que se le baje algo en el cerebro, que de repente todos diremos «I know kung-fu»???
Lamentablemente (para este caso) yo soy una persona muy de emociones. Si no me siento bien haciendo algo no voy a poder disimularlo. Y es por eso que los más jóvenes a veces no disfrutan una clase mía. De hecho, ya entre muchos soy un terror, el coco, «the boogeyman». Definitivamente tengo que aprender que (y valga la rebundancia), son menos los que están allí para aprender que porque papá y mamá no los quieren en la casa. Vergüenza les debería dar.
Anyway, me tengo que ir. Tengo a un grupo ahorita que pareciera que sí quiere aprender. ¡Eso hay que aprovecharlo!
Poemas para…
A aquellos que no tienen una particular sensibilidad, odian la poesía o no la comprenden, lo que están por leer les parecerá la más perfecta forma de perder espacio en la web. Para todos los demás, esto es un raro acontecimiento al que acaban de acceder. Antes yo escribía mucha poesía, pero lo limitaba a raros momentos y eran mucho al estilo «las rosas son rojas…» Pero como todo lo oriental, la poesía japonesa llamada haiku siempre ha tenido un espacio en mi corazón. Es una forma muy básica (no necesita rimar, ni llevar título), pero por lo sencilla es difícil de escribir. Consiste en diecisiete sílabas, cinco en la primera estrofa, siete en la segunda, y cinco en la última. Y debe evocar un sentimiento, o lo que se percibe en la realidad del momento. (Si quieren más información, les recomiendo El Rincón del Haiku.)Ahora que los ubiqué, hoy me picó el bicho raro que es la musa, y quise escribir un par de haikus. Disfruten.
El viento sopla,
Trae su voz hacia mi…
Así es el amor.
Nunca preguntes
El por qué de las cosas.
Averígualo.
Nadie podría
Conocer tu corazón
Si nunca se ve.
Canta un ave,
Sopla el viento; así
Te habla Dios hoy.
¿Cuanto mejor es
Evadir la tormenta
Que soportarla?
La vida siempre
Es mucho más preguntas
Que simples dudas.
Reach out and touch some one… aunque sea sin querer
Fíjate tú.. tenía desde julio que no escribía nada en el blog. Y me siento un poquito mal, porque era un hábito que tenía muy arraigado. Pero de repente la vida me alejó un poquito de él, y bueno, lo tenía abandonado. Me siento como si hubiese dejado de llamar a un buen amigo. Y hoy pasó algo que me impulsó a volver.
El título era un slogan de una compañía telefónica en EE.UU. y se traduce «estira la mano y toca a alguien». Lo puse porque resulta que una muchacha llamada Lali leyó mi blog y por lo visto algo la inspiró para poner un comentario. Y lo que más me impactó fue que me dice que lo leyó en un momento importante en su vida, y que mis comentarios la ayudarán.
¡WOW!
¿Por qué inicia uno un blog? En mi caso en particular, porque siento que de vez en cuando tengo algo que quiero decir y en ese momento no tengo a nadie con quién opinar. Además, estoy estudiando comunicación, tengo que practicar escritura en algún lado, ¿no? Pero la verdad es que las palabras afectan a la gente. De múltiples maneras. En especial si es gente cercana a tí. Una amiga, Waleska, me envió un email muy hermoso diciendo lo mucho que la conmovieron algunas de mis entradas, así que Lali no está sola. ¿Cuánta gente ha leído este blog y se ha visto igualmente afectada pero sin comentarios? Es una prueba más de la responabilidad que tenemos aquellos que nos dedicamos a escribir para trabajar, para vivir o porque nos gusta. Uno nunca sabe cuando algo que consideramos inofensivo puede ser el mayor insulto para otra persona, o ser la diferencia entre seguir adelante o dejarlo todo. El poder de la palabra escrita.
Para Waleska: Sabes lo lindo que pienso sobre tus sentimientos. Me alegro que te dejen un sentimiento positivo.
Para Lali: Estoy sumamente conmovido por tus palabras. De verdad espero que te ayudado de cualquier forma posible. Recibe un abrazo muy grande.
Para todos: Yo sigo pensando que casi todo lo que escribo es paja. Gracias a aquellos que opinan lo contrario.