Día internacional de los bloggers

Si leyeron mi post anterior, saben que hoy por segundo año consecutivo es el Día Internacional de los Blogueros. Felicidades a todos nosotros que nos hemos dedicado a mantener este medio lo innovador y libre que es.

Bueno pero he aquí lo divertido del asunto. Después que puse el post fue que leí la notica en sí. Ups.

En fin, el caso es que se supone que hoy todos los blogueros debemos recomendar al menos cinco blogs distintos que sean preferiblemente distintos a mi cultura, forma de pensar y posición en lo que sea. Yo soy sincero, yo tengo tiempo que no reviso los blogs de gente que no sean mis panas, así que me lancé una navegada por la blogósfera para ver qué podía recomendar. Y bueno, ahí encontré algunas cosillas.

Hands Off Venezuela. No podría estar en una línea más distinta a la mía, así que lamentablemente califica perfecto. Lo incluyo porque no quiero que se siga pensando que Chávez no tiene apoyo internacional, fuera de los locos en Asia. También considero que uno debe saber qué piensan incluso con los que estás en desacuerdo. Procedan bajo su propio riesgo. En inglés.

Mere Islam (en inglés) y La Guerra Eterna (en español). El primero incluye reflexiones sobre el Islam, y el segundo expone muchos puntos de vista sobre la situación en el Medio Oriente. El Islam es una religión que me parece fascinante, y es a veces doloroso que se asuma que todos los musulmanes son terroristas. Recordemos que las Cruzadas sucedieron por fanáticos cristianos. Y bueno, la situación del Medio Oriente es algo tan complejo, tan deprimente, que cualquier información que aparezca sobre ellos es bienvenida para mí.

Internet Política. No saben cuánto quisiera que la política no fuera un tema de importancia. ¿Pero cómo hacemos? A pesar de lo ladrón, deshonesto y maquiavélico que pueden ser muchos, lamentablemente son los políticos los únicos que saben cómo manejar un país. Qué les puedo decir…

Bocaditos. Me encantan los blogs literarios, pero nunca falta uno que realmente maree. Chequea éste a ver qué opinas. Uno que otro post está muy bueno, pero el estilo de escritura me hace doler la mirada.

Pues helos ahí. Los invito a hacer lo mismo, chicos. Ahí nos vemos!

El desahogo

Lo que ustedes van a ver es la nueva forma de desahogo bajo increíble frustración, rabia o tristeza. Funciona igual que bien que en vivo, y usted no sufrirá ningún daño.

Procedo.

¡¡¡¡GrrrrrrrrrrrrrrrAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAARRRRRRRRRRRGH!!!!

(golpes contra la pared)

¡¡¡¡¡¡¡¡¡AAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAARRRRRRRRRRGGGGGGH!!!!!!

(papeles son rotos, pedazos lanzados al espacio)

¡¡¡¡¡¡¡GRRRRRRRRRRRRRRRRAAAAAAAAAAAUUUUUUUUUURRRRRRRRRRGGGGH!!!!

(un vaso es lanzado a la pared, se hace mil añicos… DIOS qué bien se siente…)

¡¡¡¡¡¡¡¡¡RRRRRRRRRRRRAAAAAAAAAAAAAOOOOOOOOOORRRRRRRRG!!!!

(un puñetazo a la pared… el dolor hace que suba la rabia, y se procede a hacer algo sumamente estúpido…)

¡¡¡¡¡¡¡AAAAAAAAAAAAAAAAAARRRRRRRR–

¡CRACK!

(se acaba de correr contra la pared… cabeza primero.)

Snif…

(al recuperar la conciencia, asegurarse que no se partió el cráneo, la tristeza supera la rabia…)

(Y la calma.)

Le aconsejo siga usted este sencillo método (¿sí se entendió que debía ser todo por escrito, verdad?) antes de pararse y hacerlo de verdad. Evitará un infarto o una mano o cabeza rota. Y al final le aseguro que se sentirá mejor.

Gracias por la atención dispensada, y hasta logo…

La mirada al espejo

¡No muchachos! No estaba muerto. Ciertamente tampoco de parranda. ¡Simplemente hiper ocupado!

La triste verdad que he descubierto es que cuando escribes por trabajo, no encuentras mucha inspiración para escribir por placer. Y bueno, realmente extrañaba escribir en mi blog, pero no me puedo quejar. Verán, desde marzo he estado haciendo pasantías –aunque «trabajando» creo que es un mejor verbo– en un pequeño semanario llamado El Correo del Àvila. Es pequeño, limitado a noticias de Caracas, pero me ha dado una oportunidad increìble de estar en el medio. Y no me puedo quejar, me han dado las dos últimas portadas (es decir, los reportajes prinicpales). Ha sido una experiencia super gratificante. Aparte de eso, una muy querida amiga me ofreciò escribir una columna de cine en un periódico/revista juvenil llamado Letras. Total, no me puedo quejar en ese aspecto. La vida laboral parece prometedora.

Pero bueno, heme aquí de nuevo. Pasa que esta semana ha sido una de esas semanas en la vida de todo hombre. Es aquí donde uno tiene que echar una buena y larga mirada al espejo y decirse a sí mismo que no es un muchachito, que no puede seguir haciendo las vainas que hacía cuando tenía dieciocho (o las que dejó de hacer, en mi caso). Tambièn tiene que realmente preguntarse si le gusta el camino que está tomando su vida, y si la respuesta es negativa, tiene que decir qué demonios va a hacer para cambiarlo.

Yo no me considero un tipo particularmente atractivo. Tampoco feo, ojo, pero ciertamente hay tipos que son mucho mejor parecidos que yo. Pero bueno, admito que he tenido cierto éxito con las mujeres. Y siempre me he vanagloriado que las he tratado con respeto y sinceridad. Pero… desafortunadamente me he dado cuenta también que a veces ni eso es suficiente.

Si de algo me sirvió es para darme cuenta de algo: yo no me aprecio de la manera en que debería apreciarme. Dejé de estar seguro de lo que quería. De modo que este tiempo lo dedicaré a la persona a quien le he dedicado la menor cantidad de tiempo en tiempos recientes: a mí. Usaré este tiempo para hacerme la gran pregunta, como lo mencioné antes: ¿es éste el camino que quiero que lleve mi vida? ¿Es así que voy a cumplir mis metas? En el amor, ¿qué es lo que realmente quiero?

Cuídense todos.

Y se terminó El Mundial

Bueno… se terminó el Mundial. ¿Y ahora de qué rayos vamos a hablar?

Yo de lego del fútbol no tengo mucho. A mí no me digas que se debió poner a tal jugador y no a éste porque es delantero, o que tal es zurdo y lanza de derecha. Sé una que otra cosa: que Roberto Carlos y Beckham son especialistas en tiro libre, que Buffon es el propio muro, que cuando se hablan de esquemas 2-4-4 se está hablando de atacantes, mediocampistas y defensa. Pero me acabo de enterar de cuándo se está fuera de juego (porque lo consulté en esta página). Conozco nada más que a los jugadores más conocidos. Soy fanático del Real Madrid, pero no me pregunten qué posiciones juegan Ronaldo, Beckham, Roberto Carlos y Raúl (de hecho, ¿Raúl sigue en el Madrid?). Pero igualito me tripeo mi fútbol. Y qué importa que se acabó el Mundial; ya viene la Copa América para el año que viene, la Eurocopa en dos años (o la Copa América con plata) y siempre está la Liga de Campeones, la Liga Española, la Copa de Clubes… Eso es lo sabroso del fútbol: es como eterno.

Y les voy a comentar algo: estoy medio desilusionado con este Mundial. Más allá de que haya ganado Italia. (¡Sí! ¡No le voy, ni le he ido, ni le iré NUNCA a Italia!) Fue un Mundial aburrido. Sólo hay dos juegos que creo que realmente fueron emocionantes: el Argentina-México y (lo admito) el Alemania-Italia. Acá predominó el juego defensivo. Y eso me desespera, viejo. ¡Busquen ese gol! ¡Dejen la vida en el campo! Y ESA es la razón que no me gusta Italia. Bueno una de ellas. Me desespera que marcan UN pinche gol, y después TODOS son defensas. Supongo que eso hizo el juego contra Alemania más emocionante, había mucho más ataque. Pero en un Mundial donde apenas hubo 2,29 goles por partido, el segundo más bajo de la historia, qué desespero no ver a la gente tomar más riesgos. ¿Por qué lo importante debe ser nada más ganar? ¿Qué tal ganar y ganar BIEN?

Bueno he aquí mi humilde resumen de las mayores desilusiones de este Mundial. A ver qué opinan ustedes.

  1. Brasil. Como fiel hincha de la canarinha, les puedo decir que ustedes no saben cuánto la extrañé. Ahí jugaron leyendas vivientes del fútbol actual. Ronaldinho, Ronaldo, Kaká, Roberto Carlos (que jugó su último mundial), Cafú… ¿y dónde demonios estaban? Fueron nada más que a cumplir un trabajo. Ronaldinho acaba de ofrecer disculpas a la afición porque no dio lo que se esperaba de él, y que quiere volver a la selección para conquistar el título en el 2010 en Sudáfrica. Eso espero viejo, porque ya te tumbaron la estatua tuya en Brasil; si vuelves a meter la pata así, algo me dice que van a ir por tí.
  2. Lionel Messi. Era la gran promesa de Argentina. El chamo que de casualidad ha empezado a afeitarse lo hizo de una forma brillante en el juego contra Serbia y Montenegro (¿juego? ¡Práctica de goles, más bien!). Entonces, ¿alguien me quiere explicar que DEMONIOS hacía el carajito en la banca durante el juego contra Alemania? ¿Que acaso no pudo hacer una diferencia? ¿O estaban esperando permiso de la mamá?
  3. Costa de Marfil. Cualquiera que haya visto el juego contra Argentina estará de acuerdo que estos negritos merecían avanzar. Creo que fue el único equipo que perdió no por ser peor que su contrario, sino, porque ellos fueron mejores. ¡Cómo sudaron para avanzar!
  4. Estados Unidos y República Checa. Mucho quinto y cuarto lugar (respectivamente) en el último ranking de la FIFA (justo antes del Mundial). A EE.UU. le faltó lo que tuvo en las otras copas; a los checos no sé qué les pasó. Del tiro, ahora República Checa está en el décimo lugar, y los gringos bajaron al décimo sexto (ver todo el ranking aquí).
  5. El misterioso penal. Y mira que he visto las repeticiones. Y mira que no quiero parecer picado. Pero yo siempre tendré mis dudas sobre si el penal con el que Italia venció a Australia para pasar a cuartos de verdad fue un penal.
  6. Cristiano Ronaldo. El niñito malcriado del torneo. Yo fuera Luiz Felipe Escolari (el entrenador de Portugal) y le viviera cayendo a coquito. Pela un gol, y zapatea como haciendo berrinche. Le hacen falat, y casi que llora. Hijo, tienes talento, lo sabemos; ahora MADURA, coño. Y anda mosca, que Wayne Rooney todavía te está buscando.
  7. Zinedine Zidane. Yo siempre veo los Mundiales con dos objetivos prinicpales: uno, que gane Brasil (aunque había una parte mía que no quería que se llevaran la copa este año), y dos, que pierda Italia. Ahora lo puedo decir sin tapujos. De modo que el domingo, me tenía aprendida «La Marsellesa», decidí que ese día ni se comería pasta, ni se comería pizza, y me desayunaría un croissant. 😉 Bueno, el caso es que estoy viendo el juego, y por los tragos que me tomé en el almuerzo, medio cabecée, y me quedé medio dormido. Lo que me despierta es mi mamá (pro-italiana como pocas… y caraquista para más detalle… yo tengo que ser adoptado) pegando gritos de «¡Abusador, desgraciado, infeliz, cómo se te ocurre!» Y resulta que me entero después que ya el «Zizou» se transformó en «búfalou» y noqueó a Materazzi de un solo cabezazo. Ahora les digo: más allá de que no me guste el equipo italiano, que haya más de uno en ese grupo que me caigan como una patada en las que te conté (Vieri era el rey de los cazzo, para mí… Toti más o menos… Buffon es el único que siempre se merecerá todo mi respeto, por su talento y su calidad humana), en un partido de fútbol hay dos cosas que no se hacen: no insultarás a tu oponente refiriéndose a su familia, nisiquiera jugando, y JAMÁS agredirás a otro jugador. Esa despedida de Zidane del fútbol profesional fue, por decir lo menos, triste. ¿Cabezazo en el pecho? No, chico.

Yo le hubiera dado en la cara. }:> (Mentira.)

Ojo, también creo que hubo cosas buenas. Oye, es fútbol.

  1. Oliver Kahn. El hombre estuvo sentado casi todos los juegos de la selección alemana. Había sido el titular hace cuatro años, y brilló como nadie en ese Mundial, aún más que Gianluigi Buffon, pero se lo dieron al más joven Jans Lehmann. Pero el una vez llamado «King Kahn» nunca perdió su espíritu deportivo. Lo demostró en el que para mí fue el mejor momento de todo el torneo, cuando, en la tanda de penales contra Argentina, se acercó a Lehmann, a quien se rumora odia con pasión, y con calma y sinceridad, le susurraba lo que me imagino eran palabras de aliento. Y cuando jugó el tercer lugar contra Portugal, la última vez que se pararía sobre una cancha, era como si no hubeira pasado un día. Auf viedersen, Köenig Kahn. Te extrañaremos.
  2. Argentina-México. El mejor y más emocionante partido de todo el Munidal. Rápido, emocionante, agresivo y, sobre todo, limpio. Yo iba más por México, de hecho son uno de mis favoritos sentimentales, pero bueno, qué le vamos a hacer. De hecho, gracias a él doy el punto 3.
  3. El gol de Maxi Rodríguez. Yo ni sabía quién era Maxi Rodríguez hasta que hizo este portento contra México. Recibe el balón, lo para con el pecho, lo baja, y suelta un cañonazo que ni un muro hubiera parado. Es mejor verlo siquiera animado, así que visiten esta página coretsía del diario El Universal para que al menos se hagan una idea.
  4. Ricardo. Los arqueros tuvieron mucho protagonismo en este Mundial, lo que acrecienta la tesis que dominó el juego deportivo. El mejor fue de lejos Gianluigi Buffon (perdonen si no es el nombre), que permitió, en juego reglamentario, apenas dos goles en todo el torneo. Pero Ricardo, de Portugal, fue un héroe en mi libro. El juego contra Inglaterra se hizo rudo, que hasta hizo que expulsaran a Wayne Rooney por desgraciado, y llegaron a los penales. Y el Ricardo paró no uno, no dos, sino tres penales de una forma espectacular. Quién sabe, a lo mejor y lograban ganarle a Italia. We may never know. Pero el Ricardito lo hizo moito bem.
  5. El Mundial. No importa qué tan aburrido haya estado. No importa que no haya ganado ninguno de los que quise, sino el que menos quería. El hecho de que haya una Copa Mundial de Fútbol es ya algo maravilloso. Díganme que hay algo más sabroso que estar pendiente durante todo un mes de algo que a la vez alborota nacionalismos y crea camaradería donde sea. A mí también me gusta el béisbol (ya por ahí voy a sacar la franela que dice «Yo sí soy magallanero… ¿Y qué?»), pero nunca me apasionará como el fútbol. Y por muy fan de los Medias Rojas que sea, una Serie «Mundial» nunca se comparará a un verdadero Mundial.

En resumen, nada de lo que nos quejemos la Liga Anti-Italiana cambiará nada, así que salud a los victoriosos (no, no los voy a felicitar…) y disfruten sus cuatro años de felicidad. Ya veremos cuando estén en Sudáfrica qué hacen o dicen. Espero que Materazzi esté en banca con un ojo morado, no joda.

El Mundial, divino escape

Venezuela está como paralizada. En ciertas horas hay menos colas, más silencio en los alrededores de los sitios públicos. Cualquiera que esté saliendo de una cueva creerá que hay día de luto nacional o algo así. Hasta que, de un centro comercial, restaurant o ciertas urbanizaciones, se viene abajo el mundo por el único grito que se dice igual en todo el mundo:

«¡¡¡GOOOOOOOOOOOOOOOOOOOL!!!»

Y nuestro ermitaño dirá: «¡Ah, con razón! ¡Es el Mundial!»

Hay pocas cosas tan sabrosas para un venezolano como un Mundial de Fútbol. Es algo de lo que todo el mundo está pendiente, no importa de qué raza, clase social, sexo o edad tenga. Hay algunos que exageran la nota, y se ponen violentos (voy a hacer un esfuerzo MUY grande de no decir quiénes creo que se ponen así — objetividad por delante), pero en general ver un partido de equipos grandes en un sitio público tiene una energía inigualable. Si estás del lado ganador, tienes la ventaja de disfrutar de manera sana del dolor ajeno. Incluso, si eres del equipo perdedor, puedes tener el consuelo de un grupo. Y el arma de doble filo: no estás pendiente de nada de lo que está pasando en el país. Chávez puede estar decre3tando leyes que te van a obligar a vestirte de mujer los domingos o algo peor, y tú sólo te vas a enterar después del 9 de julio, cuando este peo termine.

Las emociones en el Mundial son diversas a niveles a veces absurdos. Yo soy el primero que grita, brinca, se rasca (no me pinto) cuando alguno de mis equipos gana, y si gana después de largo batallar mejor aún. Pero lo que me parece sencillamente ridículo es el nacionalismo exacerbado que se agitan en esos tiempos:

No le vayas a Brasil porque los garimpeiros nos viven invadiendo.
No le vayas a Colombia por la guerrilla.
No le vayas a Irán ni a Arabia porque son terroristas.
No le vayas a Estados Unidos porque son una cuerda de yanquis.
No le vayas a España porque son hediondos. (Juro que alguien dijo me dijo esto una vez.)
No le vayas a Italia por… bueno, son demasiadas las razones que me han dado. 😉

A ellos yo les digo: ni que fueron los garimpeiros que están jugando, viejo. Eso de mezclar deportes con política o con cualquier otra cosa, eso simplemente no me va. Tomarse demasiado en serio cualquier cosa que no sea vida o muerte es una buena manaera de acabar paraplégico por una apoplejía que te de. O en el menor de los casos, ser un ermitaño social.

Yo conocí una vez a un pana que vivía, moría, respiraba y sangraba fútbol. Era algo absurdo: iba más allá de ponerse la franela del equipo, tener el logo, saberse los nombres de los jugadores. Era de bañarse en cerveza cuando el equipo ganaba, y realmente pasar tres días amargado —amargado— cuando perdía. Y ni si te ocurra meterte con él si eso pasaba. Una vez vi a un tipo que se burló de él cuando su equipo le gano al de él, y estuvo a un paso de partirle una botella en la cabeza. Y una vez que le quisieron hablar de su «pasión», por llamarla de alguna manera, el tipo contestó con toda su calma: «No vale, si yo me tripeo mi vaina.»

¡Trozo ‘e loco!

En mi caso, yo no estoy ni cerca, pero igual estoy que me escapo de la oficina o clase cuando alguno de mis equipos va jugando. Como Cines Unidos tiene una promoción para ver los juegos en alguno de sus cines están que me pican las ganas por ir. Y lo admito, me divierto un mundo cuando el equipo «enemigo» pierde.|Y hago un esfuerzo porque no se me note que el equipo mío perdió. Donde sí agarraré la madre de las arrecheras es si ése equipo «enemigo» (¡¡¡no lo voy a decir, coño!!!) llega a ganar el Munidal. Es que me escondo por cuatro años, quién los va a aguantar, ¡¡¡NOOOOO!!!

Bueno, mientras, nos gozamos nuestro Mundial. Lástima que después del 9 de julio, back to reality. Pero hasta ese entonces, estaré pendiente de que Brasil, España, Inglaterra, México o Portugal alcen esa copa.

Y que ELLOS pierdan…

Planeta P

La mujer, de por sí, es una de las cosas más fascinantes que Dios ha creado. Y sólo nuestro Señor pudo haber creado un ser tan complejo, que aún después de años de conocer te das cuenta que no conoces sino la superficie. Aunque ojo, aunque fascinante es admirar el Coliseo, las pirámides de Chichen-Itzá, un atardecer en la playa u oír una melodía, fascinante también resulta estudiar la maldad de Stalin o Hitler, o los problemas en Oriente Medio, o cosas por el estilo.

El caso es que no podemos dejar de admirar a las mujeres, desde algo tan sencillo como lo bien que se pueden ver en trajebaño –y es impresionante cómo puede hacerlo la que menos te imagines– hasta los extremos a los que son capaces de llegar por lograr su objetivo o complacer a sus seres queridos. Madres, tías, abuelas, primas, novias, hermanas, amantes, esposas, jefas, compañeras, amigas, madrinas, doctoras, cantantes, simples desconocidas que nos pasan al lado…. Todas se merecen en algún momento el reconocimiento de los hombres. El verdadero reconocimiento, no las babosadas que se hacen pasar por piropos que algunos Neandertales sueltan en la calle. Y no me refiero nada más a obreros, que bien decentes que he conocido (pocos, pero los hay). Pero eso es otro post.

Bueno, entre los amigos de la universidad, el mayor reconocimiento que tú le puedes hacer a una mujer es decirle que tiene que venir de fuera de este mundo; es decir, del planeta P.

El nombre será algo que explique en un minuto. Mientras, ¿qué debe hacer una fémina para merecerse semejante elogio? Y les digo, es algo que no se da fácilmente. En cuatro años de carrera, y el término se inventó hace uno, más o menos, sólo cinco han obtenido el honor. Yo tengo mi propia candidata para el próximo, pero así como para conseguir la Santidad a una persona debe certificársele un número determinado de milagros, a una habitante del planeta P se le deben comprobar ciertas cosas antes de lograr su «ciudadanía».

Antes que nada, debo aclarar algo: uno no tiene que estar enamorado de una mujer que salga de este planeta. Por supuesto, es difícil resistirse a ellas con este cúmulo de atributos; pero, al menos en mi caso, les puedo asegurar que lo único que me une a las cinco candidatas que conozco, en especial a la que le dio el nombre al término, es una hermosa amistad. Claro, me sentiría honrado si ello cambiara, para bien, pero sé que eso es algo fuera de mis posibilidades. No porque sean demasiado para mí, sino que simplemente esos no son los sentimientos predominantes.

Ahora sí. ¿Cómo reconocer a una habitante del planeta P?

  1. Debe ser hermosa. En ciertos casos, bella. Eso creerán que es lo fácil; total estamos en Venezuela, país que definió a la mujer hermosa. Pero debe ser hermosa sin buscar que los demás se lo digan. Una habitante del palneta P debe ser capaz de lograr una mirada aunque esté recién despertada y enferma. El maquillaje debe complementar su belleza o aumentarla, no ser su belleza.
  2. Debe tener conversación interesante. Ojo, no pedimos una Madame Curie, pero superficialidades todo el tiempo tampoco. Total, eso delata la siguiente cualidad.
  3. Debe cuidar su apariencia, pero no obsesivamente. Lo primero para ella debe ser su crecimiento personal, aún si ello significa sacrificar el aspecto amoroso. Ello sólo la hará más merecedora del momento en que llegue el que es.
  4. Debe ser amiga incondicional. Hacer cosas que ni tú te sabías capaz de hacer por los panas. Es decir, que uno pueda contar con ella aún en los momentos más negros y oscuros. Por ende, quieres ser su amigo condicional.
  5. Esta es condición de los que la rodean: debe hacer a los que están con ella sentirse bien. Que su sola presencia los haga sonreír, que su conversació te quite todo lo malo. Digo que es condición de los demás, porque obviamente esto es percepción personal, pero la personalidad de esta hermosísima mujer ayuda.
  6. Debe ser divertida. Que le guste compartir con sus amigos, los que tienen la suerte de llamarla así. Puedes disfrutar de un simple café o puedes estar en tremendo bonche, pero ella debe disfrutarlo de sobremanera.
  7. Por último, debe ser modesta. No debe admitir abiertamente nada de lo que se dijo aquí, que se crea que, a pesar de lo extraordinaria que es, la persona más normal sobre la tierra.


Ahora, explico el nombre. El nombre no es P, pero respeto el derecho a anonimato de la persona por la que se bautizó el planeta. Es una muchacha que estudia con nosotrso en la uni. Esta niña –que de niña no tiene nada, aunque por su cara nunca lo adivinarían– no solo es una belleza física, es super preparada e inteligente, estudiosa, y una amiga a toda prueba. Nos hemos alejado un poco, más por decisión de ella que de nosotros, pero el cariño que siento por ella sigue igual. Ella ha hecho cosas por nosotros que nunca creí que alguien podría hacer, cosas por las que yo he llorado conmovido. Y lo peor es que ella ha pasado por cosas tan duras, que ella para nada se merece. Pero fiel a su madurez, las ha superado, muy poco a poco, concentrándose en su carrera y su trabajo. Ahora la veo sonreír más, y su sonrisa no tiene el tinte triste de hace tiempo. Me alegro mucho por ella.

Si tú, fundadora del planeta P, lees esto, disculpa si me he pasado un poquito en alabanzas, pero siempre me he sentido así por tí. Sólo espero que así como nos has llenado la vida de luz y color por habernos dado el placer de conocerte, espero que tu vida se te llene de luz y color como sé que quieres. Te quiero muchísimo, mi eterna amiga.

Furia al volante

Para aquellos que no lo sepan, soy estudiante de octavo semestre de periodismo en la Universidad Católica Andrés Bello en Caracas, Venezuela. Una de las materias es Periodismo III (oh sorpresa), donde nos dan dos semanas para hacer un auténtico reportaje sobre algún tema en particular. Y si alguno de ustedes llega a siquiera medio sugerir que es fácil, les digo que están tristemente equivocados. Es el trabajo parejo. Pero también es muy satisfaciente.

Este es mi segundo reportaje, una pequeña investigación sobre el fenómeno de «road rage», o furia al volante. Mi profesora no me lo ha corregido, así que si les gusta, bien, pero tengan en cuenta que lo más probable es que tenga errores. Disfruten.

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De manso peatón a fiera en el carro

Cuando la ira toma el volante

Manejar en una ciudad, ya un reto de por sí, se convierte en toda una aventura cuando se debe lidiar con esa misteriosa pero muy peligrosa condición conocida como “furia al volante”

JUAN CARLO RODRÍGUEZ

María Eugenia Marín comprobó una vez que manejar en Caracas puede ser, más que molesto, peligroso. La joven iba cierto día manejando el Volkswagen de la amiga que la acompañaba, hasta que llegaron a la una intersección en Altamira. Al cambiar el semáforo, ella quedó ligeramente atravesada. “En eso, el semáforo no había terminado de cambiar otra vez cuando siento que nos estamos moviendo. Cuando volteamos veo que es el tipo que está atrás, que venía en una camioneta, que nos está empujando. Y con los carros de adelante sin moverse, ya nos íbamos a montar encima de ellos.” Afortunadamente Marín logró meterse en su canal y moverse a su velocidad, y el evento no pasó a mayores.

Otro conductor, el señor P., no fue tan afortunado. Cuando cierto día de mayo este caballero de la tercera edad cambió de canal en el Boulevard de El Cafetal, ello no cayó bien en el conductor del Aveo que venía detrás de él. En seguida, el hombre del Aveo se bajó del vehículo gritando improperios, tomó al señor P. por la solapa y, sin importar la diferencia de veinte años de edad entre ambos empezó a golpearlo con fuerza en el suelo. Tuvieron que correr otros ocho hombres a detener lo que quizá pudo haber sido asesinato.

¿Increíble? Quizá, pero no precisamente inusual. El fenómeno que lleva a una persona aparentemente normal a cometer semejantes actos no es nuevo, y algunos dicen que va en aumento. Es el llamado road rage: furia al volante.

Estrés y tráfico: mala combinación

Psicológicamente, el fenómeno de furia al volante no está tan estudiado en nuestro país como en Estados Unidos, por ejemplo, como tema específico, sino que sería parte del estudio global del control de la ira. Según explica la psicóloga Lila Goncálvez, del Centro de Asesoría y Desarrollo Humano de la Universidad Católica Andrés Bello, estar en el carro es simplemente una excusa para manifestar la emocionalidad de la persona. “Alguien con un determinado estilo de personalidad o que por una serie de condicionamientos sociales ha tendido a reprimir la rabia en un período de tiempo puede explotar en cualquier momento. Pero están los que caracteriológicamente son más explosivos, más espontáneos, y siempre lo están poniendo en práctica.”

Una explicación para el fenómeno puede estar en el tipo de personalidad del conductor: uno puede ser tipo A, más acelerado y dinámico, o tipo B, más sereno y planificado. Se ha encontrado que existe una alta asociación del tipo A con patrones de hostilidad. También están los elementos de autocontrol: “Imagínate un gerente que en su oficina tiene que estar muy controlado, una vez que se monta en su carro no tiene ese control, esa restricción. Yo siento que la persona que está manejando el carro tiene la sensación de control de su carro, mas no el de su ira, y por ahí considero que está el problema”, explica Goncálvez. El relativo anonimato que brinda el vehículo contribuye, ya que uno se libera de las presiones de ser observado y evaluado por la sociedad. Que a su vez, también juega un papel: problemas personales, ya sea de su casa o el trabajo, y la situación de la ciudad, con sus colas y vías en mal estado.

Con esta combinación, un control de la ira es determinante, tanto a corto como a largo plazo: “las personas que son más propensas a la ira son las personas más propensas también a infartos, cardiopatías y otras enfermedades”, advierte Goncálvez. Por consiguiente, en momentos de alto estrés al volante, es necesario ejercicios pequeños de autorelajación, como subir los vidrios, respirar normalmente, y aislarse del mundo exterior. A largo plazo, Goncálvez afirma: “La ira normalmente es señal de que hay algo en tu vida que no está bien, que hay algo fuera de control. Es importante que la persona haga un proceso de auto conocimiento, y se pregunte qué le está diciendo esta emoción.”

La ciudad previene

El estrés del conductor es algo que no se puede medir, por consiguiente no está contemplado dentro de ninguno de los cuatro renglones estadísticos que maneja la Dirección de Tránsito. Más bien queda aglomerado dentro de “imprudencia”, que está muy alto en el cuadro estadístico: “De los cuatro causales para los accidentes, nosotros manejamos la imprudencia como el 85% de los casos. La ingesta alcohólica sería un 10%, el vehículo en mal estado un 2%, y la vía en mal estado un 2%”, explica el comisario Freddy Mora, segundo en la División de Operaciones.

Otro problema es que el fiscal no puede incluir la agresividad del conductor en el reporte del accidente, o siquiera cuando para un infractor, pues según Mora, eso comprometería la objetividad del oficial. “Muchas veces el vigilante deja eso así, porque se suma a los problemas de la ciudadanía, él es un ciudadano más y sabe que hay mucho conflicto en la calle, como el tráfico automotor, los problemas de la vía, los delincuentes…” Tampoco cree Mora conveniente que “exceso de estrés” sea una estadística a contabilizar: “Es delicado ese tema, llevarlo a la palestra pública, para nosotros es inconveniente, porque entonces van a chocar más.”

Y ya hay varios choques: el año 2005 cerró con 110.541 accidentes viales, en los cuales murieron 3.025 personas. Y aunque un 85% se atribuye a irresponsabilidad del conductor, no debe olvidarse el estado de las vías y el simple hecho de que hay 3.739.373 vehículos automotores recorriendo casi 96.000 Km. de vías. No es un problema únicamente de vías, lo que llevó a la creación este año de la Comisión Interministerial para la Atención, Prevención y Educación Vial, un esfuerzo conjunto de siete ministerios para mejorar la situación de los conductores en el país.

“Aquí no ha habido una política de estado verdaderamente sistematizada y concienzuda como para desarrollar hábitos en consonancia con la buena convivencia vial”, afirma una licenciada miembro de la comisión que prefirió el anonimato. “También ahí está el estereotipo venezolano en cuanto a la viveza criolla. Es una cuestión cultural, el ‘quítate tú para ponerme yo’.” También hay un problema de información, ya que un mínimo de conductores realmente han leído la Ley de Transporte Terrestre y, por ende, conocen bien sus derechos y deberes. “Es un problema sumamente complejo. Esto tiene que ser un trabajo continuo, constante, donde no sólo converjan a nivel de la comunidad educativa, en la escuela, sino que también sea problema de los medios de comunicación, de las autoridades, de los ministerios.”

Una propuesta que está en discusión en la Asamblea Nacional es que los cursos de manejo para obtener las licencias sean un requisito obligatorio: “Que sea el Ministerio de Educación que dirija el contenido de esos cursos y que la autoridad los exija como requisito sin ecuanon para obtener la licencia de conducir. También debe existir un examen psicológico de carácter obligatorio, para decirle a esa persona que no es capaz de manejar sus emociones, por lo tanto no es apta para conducir”, concluye la licenciada.

¿Y qué hace la potencial víctima?

Entretanto, pues esas son soluciones a largo plazo, hay que lidiar con el problema ahora. Marcos Tarre Briceño, escritor, experto en seguridad, columnista en el diario El Nacional, afirma que ante todo, lo importante es prevenir el conflicto. “En una de estas situaciones que te toca un conductor agresivo que te insulta, que evidentemente te está buscando pelea, lo mejor es no hacerle caso. Si además insiste y te sigue, es preferible llegar a un puesto de policía o algún otro sitio que te pedan ayudar.” Concuerda con Goncálvez que la idea es reducir el nivel de conflicto, no bajar al nivel de la otra persona.

Tarre Briceño también aclara que todo el aspecto psicológico se combina con el clima de anarquía que se vive en la ciudad para un cóctel letal: desde el simple hecho de no usar el cinturón de seguridad a comerse semáforos y flechas, junto con abusos o indiferencias de autoridades. “Eso crea un clima que es tipo sálvese quien pueda, y eso puede generar incidentes de tipo personal, que a veces termina en pelea. Y si esa pelea tiene armas de fuego, puede terminar letal.” Además de reducir la confrontación, Tarre Briceño opina que el Estado debe contribuir con su parte: “Está el fondo del asunto, que hay que poner un poco de orden en esta ciudad, a nivel de que se cumplan las leyes. Que para eso están, y eso le corresponde al estado.”

Todo parece indicar que, mientras no exista una verdadera cultura de ciudadanía, y las leyes se hagan realmente respetar, casos como el de María Eugenia y el señor P., y peores, continuarán recordándonos que manejar en la ciudad es todo un reto.

Aceptando realidades

Y mi post número 50 va a ser una mezcla de seriedad y dulce ironíia. Al menos voy a tratar de hacerlo, claro está.

Si ustedes que están leyendo esto son lectores consecuentes, en primer lugar, ¡Dios los guarde! Muchísimas gracias por siempre animarme a escribir un poquito. Muchas veces lo hago por ustedes.

En segundo lugar, seguramente recordarán el primero mis posts del año, que tenía las resoluciones que tengo para cumplir en este año 2006, que hecho el loco está a menos de dos meses de llegar a la mitad. Bien, lo recordé esta mañana cuando salía de la universidad al enorme calvario en que se ha convertido mi trabajo. Recordé que una de ellas era que este año, pase lo que pase, cueste lo que cueste, renuncio a Loscher.

Por si acaso no lo saben, Loscher Ebbinghaus es un instituto de idiomas que tiene casi treinta años en el mercado venezolano, de los cuales aproximadamente una sexta parte ha tenido el honor de contar con mis servicios. ¿Presunido? ¿Arrogante? Júrenlo, pero es a propósito. Y de todos modos, estoy a punto de escupir hacia arriba. Aguanten un rato.

No los voy a aburrir con detalles sobre el método Loscher. Simplemente digamos que es, en mi opinión, la forma más sencilla de aprender inglés. No aprender el idioma con este método es, en mi opinión, no querer aprenderlo. Lo que me saca de mis casillas, es que hay mucha gente que no quiere, aunque diga que lo quiere.

La verdad pura y sencilla, nosotros trabajamos de acuerdo a nuestras prioridades y cuánto estamos dispuestos a dar de nosotros para lograr nuestras metas a corto, mediano o largo plazo. ¿Quedar bien en el trabajo? En el tope de muchos. ¿Salir bien en la universidad o en el colegio? Pero por supuesto. ¿Andar con las personas que nos interesan, gustan o quieren? Tienes que estar loco para no hacerlo. ¿Aprender otro idioma? Hmmmm. Depende.

Me he dedicado, en estos casi cinco años de experiencia docente, a estudiar a ese ejemplar humano que es el estudiante de inglés. Demográficamente, no puedo separarlos en grupos por edad, sexo, raza o clase social, porque hay de todo. Pero sí les puedo decir que hay unos tipos bien definidos:

  1. EL CEREBRITO: Usualmente son muchach@s jóvenes que son muy buenos estudiantes en el colegio o profesionales que tienen un trabajo relativamente holgado y siempre han tenido buen hábito de lectura y estudios, o han tenido buena experiencia previa con el inglés. Son el sueño de todo profesor, porque siempre llegan a la hora, nunca dejan de hacer una tarea, intervienen cada vez que pueden y preguntan cualquier duda que tengan. Lamentablemente para ell@s, sus compañeros los pueden tildar de «gallos» (la seriedad baja a medida que se incrementa la edad). Algunos profesores los usan para hacer quedar mal a otros (¡yo nunca lo he hecho ni lo haré!) También pueden demorar la clase si preguntan demasiado, pero se hacen tolerar si además combinan buena personalidad.
  2. EL LIBRE: Por lo general, son estudiantes de vacaciones o personas que no tienen mucho más que hacer (amas de casa, jubilados, auto-empleados, etc.) y toman un curso de inglés ya sea por motu proprio o «incentivados» por sus padres. Nunca llegan al extremo de los otros tipos en cuanto a niveles de dedicación, principalmente porque tienen otra mentalidad, pero por lo general no fastidian, lo que siempre es importante. Están mucho más interesados en recibir el diploma que les dice que terminó el curso que realmente aprender el idioma. Son el grupo más numeroso.
  3. EL CREYENTE: Son profesionales o estudiantes universitarios que le tienen idea al inglés, siempre les ha costado aprenderlo o, sencillamente, lo odian, así de sencillo. También incluyen profesionales con horarios nada flexibles y amas de casa muy dedicadas. Pero les ha tocado calarse la pesadilla de que en el trabajo o la universidad les exigen el inglés. Muchos estudiantes de Ingeniería caen en este renglón, ya que muchas de sus guías son gruesos tratados en inglés, y pagar un traductor es oneroso por decir lo menos. Lo malo es que (1) no terminan de asumir que hay una forma de aprender otro idioma y no es la que ellos están aplicando, y (2) no hay forma de escapar de este infierno personal que ellos solitos se han creado, que es más difícil nadar contra corriente que con ella. Rara vez o nunca hacen tareas porque no tienen tiempo, siempre llegan tarde porque salen tarde del trabajo, pero de alguna forma logran pasar los niveles, ya sea porque captaron algo o por ayuda de los profesores. Los llamo «creyentes» porque creen que Dios los va a tocar un día y va a decir «Tranquilo, ya sabes inglés.» Lamentable eso no va a suceder, pero allí están… creyendo. Por supuesto, como los «libres», están más interesados en pasar que en aprender, pero tienen la diferencia de que si pueden hacerlo con el menor esfuerzo posible (léase, cualquier viveza es válida), incluso con soborno, pues mejor. Son el segundo grupo más numeroso, tristemente.
  4. LOS ENGENDROS DE SATANÁS. Oh sí. Existen. Son estudiantes de bachillerato que preferirían estar metidos en su casa viendo la pintura secarse antes de estar en un curso de inglés. Por lo general, los padres los inscriben porque van mal en inglés en el colegio, quieren que hagan alguna actividad extracurricular o sencillamente no los quieren en la casa (se sorprenderían). El problema es que salen de salir mal en el colegio a salir mal en un curso, y créanme, en algunos casos les podría importar menos. El GRAN problema es que se dedican a molestar en clase, de la forma que puedan. Otros se rehúsan a cooperar con la armonía de la clase. Cualquier cosa con tal de no estar allí. Uno como profesor tiene que decidir entre complacerlos y sacarlos de clase (cosa que he hecho sólo una vez) o castigarlos y sentarlos en clase y arriesgarse a que o sigan jodiendo hasta que les arranque la cabeza o que me dé un infarto. Gracias a Dios son minoría notable.

Claro que hay híbridos, pero indistintamente de estos grupos, y de la satisfacción personal que recibo cuando un estudiante me sale bien o me dice directamente que he hecho un buen trabajo enseñándole (algo que me ha pasado las suficientes veces como para hacerme sentir orgulloso de mi labor), la verdad es que mi trabajo ha pasado a ser una monotonía. Me he cansado de lidiar con la mediocridad de la gente que no quiere aprender y trata de buscar vías por las cuales pasar sin aprender. Me cansé de que eso suceda sin que los dueños de Loscher traten de evitarlo. De hecho, que no les interese evitarlo. Oye, mientras se inscriban, sigan pagando, hinchándome la cartera, ¿qué me puede importar a mí que aprenda o no?

Y he aquí la ironía final, la gran cuestión de la que hablé al prinicipio. A menos que ocurra un milagro aquí y ahora, no puedo renunciar.

Actualemente estoy, además, haciendo pasantías en un pequeño semanario que acaba de salir llamado Correo del Ávila (http://www.correodelavila.com) que además ha contribuido a incrementar mi ira hacia Loscher porque me doy cuenta que prefiero trabajar allá que acá, más que nada porque es lo que estoy estudiando. Pero es eso, estoy de pasante. Si renuncio a Loscher ahora, quedaría con un sueldo de apenas la mitad de lo que estoy ganado ahora, quizá menos. Con el sueldo que tengo, aún sin pagar servicios, a duras penas paso la quincena. Y en el semanario no creo –quizá me equivoque– que contraten a alguien a medio tiempo. De hecho, no creo que me contraten si aún estoy estudiando. De modo que, acá estoy… atascado. Mi vida seguirá lidiando con un trabajo que no me agrada. Chimbo, ¿no?

Pero esto es lo que tengo que asumir. Gracias a Dios que tengo trabajo, y que conseguñi algo en lo que me gusta y estoy estudiando. Me falta poco más de un año para graduarme, de modo que quizá pueda resolver en ese entonces, y trabajaré duro para ver si el periódico me contrata fijo. Realmente no estoy en una posición que me agrade, y créanme cuando les digo que espero que no estén en una parecida. Pero tengo que recordar que hay gente que está en mucho peor estado, y la soportan estoica y valientemente. Así que permítanme este momento de queja, y sepan que será el último en cierto tiempo. Un año pasa rápido; I can take it.

Mañas de mañas

Y ¿por qué miras la mota que está en el ojo de tu hermano,
y no echas de ver la viga que está en tu ojo?
Evangelio según San Mateo, Cap. 7, Vers. 3

Qué fácil es criticarle las mañas a alguien más. Muchas veces nos encaramamos en un pedestal y desde ahí vemos a los «pobres mortales» que nos rodean, y pensamos que nosotros no tenemos nada que nos critiquen.

Qué RIÑONES.

Gente, el ser humano es un animal divertidísimo de observar. Especialmente cuando no sabe que es observado. La cosa es cuando soltamos la lupa y recogemos el espejo. Auch. No siempre nos gusta lo que vemos, pues nos damos cuenta que, después de todo, somos gente.

Bien, aquí es donde respiro profundo y agarro ese espejo. Y confirmo algo que ya yo sabía: soy un maniático. Y considero que estoy dentro de lo maniático normal. s decir, no soy un obsesivo compulsivo ni nada… ¿verdad?

Voy con mi primera manía. Soy un animal de rutina, como todo ser humano, pero a veces la llevo al extremo. En las mañanas, dicha rutina es como procede:

  1. Despertarse.
  2. Sentarse en la cama.
  3. Prender el televisor.
  4. Ir a Animal Planet.
  5. «Ver» cualquier programa en el mencionado canal por diez minutos (lo logré reducir de los veinte originales).
  6. Ir al baño.
  7. Mirarme al espejo y arrepentirme.
  8. Vaciar la vejiga.
  9. Lavarme manos y cara.
  10. Cepillarme los dientes.
  11. Preparar el desayuno.
  12. Recoger el periódico.
  13. Sentarme en el extremo derecho del mesón de la cocina.
  14. Extender el periódico a lo largo del mesón.
  15. Leer el periódico mientras desayuno.

Si es día de semana o sábado, que tengo que trabajar:

  1. Dirigirme al cuarto para escoger qué me voy a poner.
  2. Bañarme.
  3. Salir del baño para terminar de vestirme (disculpen que les deje esa imagen en su cabeza).
  4. Prender el televisor y «verlo» mientras me visto.
  5. Al estar listo, agarrar –en ese orden– cartera, estuche de celular y (si voy a trabajar) bolígrafo.

Si es domingo o día feriado:

  1. Dirigirme al cuarto.
  2. ECHARME en mi cama.
  3. Hacer zapping, en este orden por número de canal (tengo Supercable): 3, 4, 5, 6 (pausa), 7, 8 (rápidamente, aunque sé que va a tener que cambiar por la carrera), 9, 10, 11 (pausa), 12, 13 (pausa), 25 (pausa), 26, 27 (pausa), 29, 31 (pausa), 32, 33, 34, 35, 38, 39 (pausa), 40, 41, 42 (pausa), 43, 47 (pausa), 48 (pausa), 49, 50 (ocasional pausa), 51 (pausa), 52 (ocasional pausa), 53, 54 (pausa), 57 (ocasional pausa), 59 (pausa), 60 (pausa), 61 (ocasional pausa), 62, 63, 64, 65 (larga pausa)… y vuelta al tres para empezar todo de nuevo.

¿Suena divertido? Aquí viene lo preocupante: cualquier cosa que altere este orden (que casi siempre es el periódico llegando tarde) me desequilibra. Una vez el periódico llegó m,edia hora tarde, y me tuve que ir sin leerlo. Y no pude pararme en un kiosko a comprarlo, no recuerdo por qué. Pasé el día como un perrito buscando un hidrante donde orinar. Estaba casi amargado, por Dios. ¿Preocupante? ¡Júralo!

Otra manía que necesito deseperadamente cambiar: a veces soy persistente al punto de LADILLA. Una vez, porque no me caía la llamada, llamé a un número catorce veces. Claro esto fue durante todo el día (no como ALGUIEN que yo conozco que al ver que le decía «MENSAJE NO ENVIADO» me mandó un mensaje de texto VEINTISIETE VECES…). Y ni se diga si han habido dificultades para que una chama y yo nos veamos. Antes me volvía como loco; ahora me tomo las cosas un poco más calmado. Siempre trato, pero no llego al extremo de antes, que rastreaba hasta el teléfono de su casa. En serio, una vez lo hice. Otra vez, como la señorita en cuestión no terminaba de asincerarse conmigo, la seguí hasta su edificio. Su perro me convenció de que había sido una mala idea. Nunca me pusieron una orden de restricción ni nada, pero supongo que es porque era un chamo de 17 (con la primera) y de 21 (con la segunda). (No te asustes, L. 😉
Por ahora, no recuerdo (¿o no quiero recordar?) alguna otra manía, excepto la siguiente. Y esta es con cariño, porque es la que más me ha durado y la que, creo, es la más inofensiva de todas.

Me he dado cuenta que toda la vida he coleccionado… algo. Si no eran los clásicos caracolitos, conchas y demás que creo que todo el mundo hace, por mi pobre cuarto han pasado:

  • colecciones de hojas de árbol
  • colecciones de postales
  • colecciones de otras postales
  • colecciones de carritos Matchbox
  • colecciones de piedras
  • colecciones de libros sobre colecciones (en serio)
  • colecciones de figuras de acción
Una vez incluso intenté empezar una colección de insectos, y hasta de lagartijas vivas. En serio. Hasta logré convencer a mi papá que me comprara la pecera para tenerlas. Hasta logré capturar un tuqueque una vez, pero se me escapó.

Hasta ahora, sólo han sobrevivido dos colecciones: una de tarjetas de teléfono, y lo que considero mi colección de libros. Han llegado al punto que recojo tanto tarjetas como libros de la basura. ¡¡¡De la basura!!! También considero mis CD’s como colección, pero eso es demasiado fácil. Además, que me ha costado seguir comprándolos, porque me REHÚSO a comprar Cd’s pirata. NEGADO A HACERLO. Nunca lo haré. Y creo que ustedes tampoco, pero bueno…

Hay algunos que sugieren que el que colecciona es ligeramente osbesivo-compulsivo, e incluso hay quien sugiere que es indicativo de una enferemedad llamada síndrome de Diógenes, que se caracteriza por un descuido personal extremo, miseria doméstica y retracción social. Para lo que he oído de algunos coleccionistas, ambas pueden ser ciertas. Lo bueno es que, como saben, no estoy solo en esa extraña manía por coleccionar. Si están interesados, y si comparten esta extraña manía/hobby/enfermedad/afición, encontré este artículo que trata el tema. Bastante interesante. También hay muchas web sobre coleccionistas:

Odalys.com
El coleccionista

Estén pendiente de A&E Mundo, canal 47 en Supercable, de una serie llamada «El Coleccionista Incurable». Qué más decir…