El último renglón

No sé si solo lo dicen por ser amables, pero he tenido la suerte de que varios de mis clientes dien que no parezco alguien que está a punto de cumplir 55 años. Hubo una dama que hasta me dijo que parezco de 39. No le digan a mi esposa que le pedí la mano.

A estos piropos a veces le sigue la pregunta, «cuál es tu secreto». Me estoy limitando a decir que actúo como un niño y eso me mantiene joven, más la bendición de ser latino y encima venezolano. O digo que hay que recordar que uno tan solo es tan viejo como uno se sienta. «Así que debo tener 120», agrego. Ambas logran una carcajada decente. Es todo lo que necesito.

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