Y al fin, lo logramos

Los panas que bien me conocen –y por consiguiente joden bastante– saben de mi carro. Cuando por primera vez me fue otorgado mi Daewoo Cielo en 1999, estaba virguito: verde reluciente, excelente motor… me llevaba a Valencia sin problemas, iba a Higuerote manque sea una vez la mes, todo era felicidad con mi carrito.

Fast forward al año actual. Del majestuoso Cielo sólo queda una sombra. El motor necesita urgente unas empacaduras nuevas; hay un enorme rajón del lado izquierdo producto de un mal cálculo del espacio que había entre yo y una camiuoneta; el parachoques delantero está remendado y es la razón por la que mi placa se llama ahora “perdida”; el vidrio de mi lado ya no baja; el retrovisor izquierdo está perdido en acción; y ya está manchado de marcas de restos de “opiniones” de pájaros y murciélagos. Estoy avergonzado de admitir que, obviamente, todo esto es culpa mía solita, pues yo jamás presté mi carro, y cuando antes estaba en manos de mi madre, ella lo cuidó como nos ha cuidado a mí.

Pero por alguna razón, este muchachote ha sido fiel y se ha rehusado a dejarme botado, al menos en momentos crítricos. Sólo una vez, y fue relativamente cerca de mi casa (aunque la grúa me dolió igualito), pero se ha decidido a echar pa¡lante, hasta que finalmente decida venderlo (este año).


Pues bien, igualito pasó con la XLI Promoción de Comunicación Social de la Universidad Católica Andrés Bello, que tuvimos el gustazo y honor de recibir nuestro reconocimiento final el pasado jueves 7 de febrero. Empezamos bien ligeritos, pero recibimos una serie de golpes que hasta llegaron a hacernos temer que la cosa no iba a parar bien. Pero sí lo hicimos. Para mí en particular fue bien emotivo recibir la medalla de manos de mi padre, mientras las otras tres personas vitales en mi vida (mi novia María Antonieta, mi hermano Luis Mariano, y mi madre) veían emocionados desde el público.

Desde que empezamos la carrera, la cosa no había estado fácil. Nosotros arrancamos nada menos que en 2002, a pocos meses de los eventos de abril y cerrando el año con el paro petrolero. Pasamos por el asesinato de los hermanos Faddoul, el referéndum revocatorio de 2004, las tristes elecciones parlamentarias de 2005, las elecciones presidenciales de 2006, y justo cuando nos íbamos, el cierre de RCTV y el consecuente despertar del actual movimiento estudiantil. Hechos que quizá sean comentados dentro de diez años en los libros de Historia y que yo les contaré a mis hijos como mis padres me cuentan el 23 de enero de 1958. ¡Qué emoción!

De verdad volver a las aulas fue una experiencia increíblemente recompensante a la vez que estresante. Tuve mucho tiempo de arrepentirme de no haberlo hecho cuando terminé mi Técnico en Publicidad y dejé que ocho largos años de mi vida se fueran (no estoy contando el tiempo después de terminado el bachillerato). También hubo varios momentos en que estaba seguro que mi padre no podría ayudarme a pagarla, y si eso no hacía que renunciara, el estrés me mataría. Digo, ¿cómo harían ustedes para estudiar, dar clases de inglés, luego hacer pasantías en un periódico y hacer las tesis? Y no olviden todo el tiempo atendiendo a una novia durante los primeros cuatro años, y atender a otra duranmte la última carrera (y seguir atendiéndola, gracias a Dios). ¿Ahora entienden mis canas?

Pero de alguna forma, lo logré. Vi la vida de una nueva manera, aprendí a ser más organizado, y sobre todo logré nuevas amistades. En ese tiempo, este blog y dos más vieron su nacimiento, y todo este fascinante mundo se abrió ante mis ojos. Fue una experiencia tan enriquecedora que creo que será difícil que haya alguna otra que se le compare. Es cierto, no creo que vuelva a pisar un salón de clases (aunque hay un diplomado de escritura creativa y un posgrado en periodismo digital que se ríen conmigo), pero la experiencia de ser un alumno es algo que voy a extrañar por el resto de mi vida.


Gracias a todos aquellos que dieron siquiera un pasito para ayudarme en algo, a todas las increíbles amistades que he hecho, a la gente del Correo del Ávila por darme mi primer trabajo en los medios, a El Nacional por darme el actual, y sobre todo a mi familia y a mi novia que tanto me apoyaron. Pueden estar seguros que los haré orgullosos.

¡¿Cómo me dijiste?!

Disfrutando de un rico día playero al lado de mi novia, en el camino hacia Higuerote nos pusimos a hablar, para variar, de hombres y mujeres. ¿Les sorprendería pensar que ella defiende a las mujeres?

Sin embargo, hubo un comentario que no sólo me dio risa, sino que debo admitir que es algo que comparto. Si eres uno de esos panas que así se expresan, jejejeje…

No recuerdo de qué ibamos hablando, pero lo cierto es que mi querida y muy hermosa pareja se voltea y me dice: “Hay pocas cosas que me molestan más que se refieran a las mujeres como un… ‘culito’.”

Yo de vaina choco. Tanto por reírme como de impresión, pues tengo la suerte de estar con una mujer tanto hermosa como educada, y es raro oírle una mala palabra. Pero lo cierto es que me puso a reflexionar de tal manera que tengo que compartirlo con ustedes.

Decir que tenemos la suerte de contar con mujeres espectaculares ya es tan parte de leyenda que se está transformando en un cliché. Pero eso no lo hace menos cierto. La liga de razas europeas, nativas y negras ha hecho de las féminas venezolanas unos dignos especímenes de la especie humana. De hecho, las que van a los concursos de belleza en muchas ocasiones no reflejan correctamente lo que cualquier hijo de panadera ve cuando sale de noche, visita un centro comercial o, la máxima experiencia de colirio visual, va a la playa.

En especial en, pero sin limitarse a, éste último escenario, somos afortunados los miembros del género masculino de ver una de las áreas de la anatomía femenina que muchos hombres han clamado como su favorita, en especial desde que los bikinis en muchos casos se han reducido a tres minúsculos triángulos de tela. Sí, hermanos, tenemos suerte de que tenemos unas mujeres tan orgullosas de sus posaderas que no sólo no les importa pavoneárselo en un minúsculo trajedebaño sino que lo ensalzan. También debemos agradecer por eso la amplia generación de bluejeans ajustados y a la cadera, pantalones de tela, faladas cortas y pegadas, etc. Es sólo una razón más para considerarnos una nación tocada por Dios. Yo soy más de ombligos, vientres o el Santo Grial de los hombres como son los senos (tres –o cuatro– cosas en las que MA ha sido generosamente compensada por la naturaleza), pero hay pocas cosas más artísticas que un derriére que hace que la espalda forme una grácil curva antes de convertirse en piernas. (Todo para decir que sí, me encanta unas nalgas… como las tuyas. 😉

Pero ahora les hago una pregunta: como esa es en muchos casos la parte más notable del exterior de muestras mujeres, ¿ello justifica que como él las denominemos?

Suena el celular. Harold llama a Esteban. “¿Qué pasó ‘uon?”, pregunta aquél. “Aquí, bichito”, contesta éste. “¿En qué andas?” “Nada, ando con un culito.”

Yo me imagino que Harold sea paraguayo, o colombiano, o uruguayo. Me imagino que pensará que Esteban anda con un extraño mutante, un par de nalgas unidas a un par de piernas. Pero obviamente no, Harold es tan criollo como el que más.

“Coooño, bichito, ¿con quién?” “Elena, men”, dice Esteban, más bajito, porque este “culito” también tiene oídos. “¿Qué? Diablo, eso no es un culito, ¡¡¡eso es un CULO!!!”

Y la cosa no termina ahí. Yo admito, llamar a las mujeres “geva”, “gevita”, “nena”, e incluso “yegua” ha formado parte de mi vocabulario desde que he descubierto la belleza del sexo opuesto. Pero hay algunos motes que son realmente humorosos, amén del famoso “culito”: “mamis”, “mangos”, “manguitos”… Y no sólo eso, están los despectivos, aunque yo jamás entendí cómo fue que la hembra del mejor amigo del hombre y el animal símbolo de la astucia pasó a ser un insulto para las mujeres.

Desafortunadamente para estos “machos de peloenpecho”, muchas mujeres venezolanas también tienen un órgano que no es tan fielmente idolatrado como las partes sexuales de su organismo: su linda cabecita. Cada vez son más mujeres que simplemente dicho, no se la calan, y ya ni siquiera el tan cariñoso “mami” es aceptado como mote cariñoso. Mi novia es una, eso sí: ni “mami” para ella ni “papi” para mí (gracias a Dios). (No, no se van a enterar cómo nos decimos, jejeje.)

Pero para desgracia de aquellos que preferimos tratar a nuestras mujeres con un mínimo de respeto, son muchas las mujeres que no sólo se la calan; pareciera que lo invitaran. Están las que saben que son “la otra” –y ni siquiera la única otra, sino una de muchas– y lo aceptan. Casi que lo celebran. Están las que están en la opción inversa: saben que el hombre tiene otra(s), y se hacen las locas. Están las que no sufren el cacho, pero el mayor gesto de cariño que han recibido son los buenos días. Y por último, está el pobre grupo que escogió andar con el tipo que ellas “provocan” para pegar, aunque ellas entiendan que se lo buscaban. Malas mujeres, que no entienden el estrés bajo el que está el pobre cavernícola… Con tal que no las mate…

Sólo imagínense por un momento que la cosa del “culito” fuera al revés. Marcela llama a Carolina: “Amiguis, ¿en qué andas?” “Nada, chama, aquí, con un huevito…”

Cierto, se oye horrible, pero en nuestra extraña idiosincracia, si alguien es un “huevito” eso quiere decir que es muy apto en su asunto. Pero si se toma literal, entonces el tipo se acomplejaría, porque está atentando contra el tamaño del apreciado miembro. Ah, entonces hay que idearse esto al revés:

Marcela: “Amiguis, ¿en qué andas?” Carolina: “Nada, chama, aquí, con un HUEVÓN…”

Hmmm… Como que no, ¿verdad?

Muchachos, llamar a una mujer “un culito”, a menos que sea echando vaina (lo otro por lo que somos etiquetados los venezolanos), indirectamente los revela como que lo único que quieren es, para usar la misma palabra, “culear”. Mientras no hay nada intrínsecamente malo con eso (Dios sabe que a todos nos gusta un bamboleo horizontal de vez en vez), mientras sigan mandando esas señales a las mujeres del país –mujeres que cada vez son más desconfiadas de los hombres– los que van quedando cada vez peor son ustedes. Es cierto, siempre habrá alguna pobre pendeja que no aprenderá y seguirá recibiendo coñazos sentimentales hasta que se conviertan en un hombre con tetas, que tratará al pobre idiota que caiga en sus manos de la misma manera que la trataron a ella, y se dará cuenta que esa sí la quería, pero ya es demasiado tarde porque el tipo anda con una que sí le dio la oportunidad.

Así que a ustedes, idiotas que prefieren salir con un culo con piernas, que se divieratn: papá se queda con el paquete completo, ese regalo (ciertamente a veces insoportable pero siempre regalo) que Dios nos dejó: una MUJER.