¿Mediocridad? ¿Falta de impulso? ¿Otra cosa? Adiós a Loscher (I)

NOTA: los términos con los que estoy hablando de ciertas personas en este post son absolutamente generalizados y no se refieren ni a una persona en especial ni a la sociedad venezolana como un todo. De modo que, si ofendo a alguien con lo que escribo aquí, les pido mis más sinceras disculpas.

Seth Meurer, un compañero estadounidense mío en el instituto de inglés donde trabajo, sabiendo que había renunciado, dijo algo que obviamente fue broma pero igual de cierta forma me conmovió de cierta manera: “Wow… the age of Jack is coming to an end…” (“la era de Jack –así me dicen– está terminando).

Más allá de las implicaciones que podía haber para mi ego –tampoco creo que mi partida dará un golpe devastador del que nadie se recuperará, ni alumnos ni instituto–, el comentario de Seth sí me puso a contemplar si en estos seis años contribuí a hacer alguna diferencia en el noble Loscher Ebbinghaus del Centro Seguros La Paz de La California Norte. ¿Logré influir en alguien como para que se tomara esto más en serio? ¿Logré impulsar a alguien a que fuera auténticamente bilingüe? ¿Logré… algo?

¿La respuesta corta? No.

Mi padre tiene un dicho: “eres como japonés en huelga.” Los amigos del País del Sol Naciente son legendarios por su entrega al trabajo. Es prácticamente enfermizo, hasta el punto que están tan pendientes de su trabajo en equipo que ya no tienen ninguna individualidad (una tendencia que está, afortunadamente para ellos, cambiando poco a poco en este mundo global). Pues bien, los japoneses tienen la costumbre de que en tu trabajo siempre debes hacer un poco más de lo que conoces son tus objetivos. Un pequeño ejemplo: los japoneses siempre están en su oficina diez minutos antes de la hora, y se van diez minutos después. Si un cliente pide un estimado de cuáles serán sus ganancias para un semestre, el encargado hará la proyección de ocho meses o un año. Bien, cuando los japoneses están tan descontentos con sus condiciones laborales que deciden ir a huelga, lo que hacen es llegar a la hora en punto e irse a la hora en punto. Hacen estrictamente lo que les mandan a hacer, ni un poquito más (aunque ciertamente tampoco un poco menos). Y eso trastorna a la alta gerencia, pues los nieveles de productividad de la empres comienzan a bajar. Es raro cuando se llega al punto de ausencia del puesto. Ya cuando llega ese día que los empleados no van a trabajar, es que están realmente arrechos.

¿Mi punto? Somos una sociedad ciertamente distinta que los japoneses: dedicados mucho a nuestra familia, más relajados, ciertamente responsables… pero somos muchgo más individualistas, casi al punto del egoísmo, y no vemos la necesidad de hacer sino lo estrictamente necesario. Y en gran medida, somos conformistas. ¿Quién inventó aquello de “10 es nota y lo demás es lujo”? Y no hace falta que mencione la bien sabida “viveza criolla”: si se puede lograr algo doblando (cuando no rompiendo) las reglas, así no haga falta porque se tienen todos los recursos y capacidades para lograr los objetivos legalmente, se hace. Sólo porque se puede. ¿Recuerdan “la mano de Dios”? (Porsia, es el controversial gol de Diego Armando Maradona en el partido de Argentina vs. Inglaterra en el Munidal de Fútbol EE.UU. 1984. Mucho tiempo después, se descubrió que en efecto había sido con la mano.)

Claro, por otro lado, estamos viviendo en una sociedad que nos hace afines a vivir en una selva, donde sólo los fuertes sobreviven. Los que se concentran en un área pierden oportunidades en otra. Si me concentro demasiado en mi trabajo, no podré disfrutar mucho con mi familia y/o amigos; si me enfoco demasiado en mi vida personal, las oportunidades de crecer en mi trabajo pueden ser menores y más raras. Es muy difícil tener un trabajo, sacar un postgrado, dedicarse a una familia, hacer un curso de (inserte usted aquí) y triunfar en todos. “El que asa dos conejos a la vez quema uno”, dice el adagio. (Estoy peor que Luis Herrera con los refranes, hoy…)

Así que, ¿lo que vi en Loscher fueron ejemplos de mediocridad o fui partícipe de una actividad que está muy bajo en las prioridades de la gente? Recuerdo a mediados del año pasado le di clases a un grupo de nivel 8 (el curso completo tienen 32 niveles en la frecuencia de martes a jueves, 12 de nivel general y 20 de conversación) a los que yo les había dado en nivel 1. Estuve absolutamente desilusionado de descubrir que hacían las mismas preguntas, tenían las mismas dudas y cometían los mismos errores que cuando les di clase la primera vez. Este sábado les di clase a un nivel 23. ¿Bastante avanzado verdad? Uno esperaría que fueran casi perfectamente bilingües, ¿verdad? Bullshit. Hablan, ciertamente, y se defienden bien, pero no más que un grupo nivel 13 (primer nivel de conversación). Y no importa cuánto alerte a los cursos que los exámenes son difíciles, que si no estudian rasparán, es inútil; los que yo sé que saldrán mal, salen peor.

En los grupos prinicpalmente compuestos por adolescentes, se entiende aunque no se excusa. Están allí obligados, o no han recibido la disciplina de estudio requerida o simplemente no la aplican. Pero, ¿y los adultos? Tengo un grupo de ocho mujeres (promedio de edad: 25 años)que se extrañan cuando no se les dan cursos completos. Supongo que no se han fijado en el bochinche casi permanente que tienen en las clases. ¿Y creen que es aquí nada más? Un amigo me cuenta que un profesor de posgrado dice que los alumnos allí –todos profesionales– son muchas veces más indisciplinados que los alumnos de pregado. El “no tengo tiempo” es como un lema de vida. En este caso, una tercera razón podría ser que no saben cuánto se les exigirá en estas lides y creen que podrán manejarlo todo. Pero aquí yo pregunto: una vez que estás montado en el burro, ¿tienes una alterenativa que nos ea arrearlo? (Y dale…)

Cada vez que me tocan este tema, yo tengo una tendencia a molestarme, lo admito. Es porque me preocupa de sobremanera la sociedad en que vivo. Demasiado he oido que para qué molestarse, los que salen perdiendo son ellos; yo me tengo que concentrar en hacer lo mejor que mejor que pueda. Yo estoy en desacuerdo. Si esta mentalidad persiste, perdemos todos como sociedad, pues seguiremos chocando con una barrera que nos impide avanzar como país, como sociedad. Esta actitud mía es un esfuerzo para que avancemos un poco más. En Loscher no lo logré; espero hacerlo en el Correo del Ávila.

Yo de aquí no me voy.