¿Qué culpa tenían?

Ayer fue un día de caos en Caracas. Muy justificado. Yo soporté mi cola con resignada paciencia, sin importar el abrasante calor o el hecho de llegar tarde al trabajo. Nada que yo sintiera se comparaba con el dolor que podía sentir la familia Faddoul, por la pérdida de sus tres hijos, y la familia de su chofer, el señor Miguel Rivas.

A la altura de la Francisco de Miranda, por Los Ruices (zona del este de la ciudad donde trabajo, para aquellos que leen esto de afuera), vi una madre riendo con su bebé de cuatro años en los brazos. No les voy a decir que los miré y reventé en llanto; eso no sería justo ni para mí ni para los pobres muchachos. Pero sí sentí una pequeña tristeza. ¿Quién puede ahora asegurarle a esa madre que su hijo llegará a la pubertad? ¿Qué seguridad tiene que cuando sea mayor y salga a divertirse con sus amigos regresará a su casa?

No es momento de echar culpas, pero sí de apuntar responsabilidades. La gente del gobierno encargada de la seguridad de nuestra ciudad y nuestro país no han logrado grandes avances. Hay cada día mayor inseguridad en las calles, cada día peor trato de los policías a los ciudadanos, cada día menos ganas de salir de noche adonde sea. Si uno no se para en un alcabala de policías corre el riesgo de que le disparen, si se para también. Señor Ministro del Interior, señor Director de la Policía Metropolitana, señor Alcalde Mayor, ustedes no han cumplido su trabajo con la cabalidad que merece la situación. No sé si renunciando solucionarán algo, pero, ¿no creen que deberían siquiera pensarlo? Y les digo, esto no es un asunto ni partidista ni político; es un asunto de ESTADO, que es la unión de territorio, ciudadanos y leyes. El que se ande con politiquerías a estas alturas es tan malo como el indiferente.

Quiero escribirle ahora a los tres grupos que se verán afectados más directamente por este triste hecho: los ciudadanos, los jóvenes y las madres.

JÓVENES:

Nunca van a entender completamente a los padres hasta que ustedes lo sean. Pero piensen en una vez que dejaron a su novia estudiando en casa de una amiga, y estalla alguna sitaución anormal en la ciudad. Piensen en el 11 de abril de 2002, por ejemplo. Ustedes viven en San Bernardino, y su novia está en Manzanares. Las calles están bloqueadas, y los papás de su novia están de viaje. Como todo el mundo está llamando para saber que los suyos están bien, las líneas colapsan. Son las nueve de la noche, y no has sabido nada de ella desde las dos de la tarde, cuando hablaron por última vez. ¿Cómo te sientes?

Ahora duplícalo. Eso es lo que debe sentir tu viejo cuando te desapareces de rumba toda la noche. Quintuplícalo, y luego por diez, y eso es lo que siente tu mamá cuando dices que ibas a casa de alguien pero te lanzas a la playa.

Quizá no deba escribir esto, pues no sólo no soy padre, sino que he cometido las clásicas locuras de chamo. Siempre me he perdido sin avisar en la casa, o simplemente aviso que me voy a perder, angustiándolos igual. Pero no es sino ahora, que ya pasé de los treinta, que veo a tantos de ustedes que tienen una relación muy dura con sus padres, que entiendo que los míos no son padres estándar. De modo que, si ustedes son de los que realmente hablan con sus padres, salen con ellos, se las llevan bien con ellos, traten de entender que ustedes para ellos son lo más grande, lo único que realmente importa, lo único que tienen para cuidar aparte de sí mismos. De modo que, cuando salgas a rumbear –porque la idea no es vivir hacinados en la casa esperando a podrirnos de la ladilla–, toma tus precauciones sobre dónde vas a ir, cómo vas a llegar allá y de qué forma te vas a regresar, o dónde te vas a quedar. Por tu seguridad, y la tranquilidad de los viejos.

MADRES:

¿Cómo decirle algo a una madre? Habrá un día en que le dedique algo a la mía en estas páginas, pero mientras tanto, tengo que emoezar por decirle a cualquier madre que lea esto que mi corazón está con ellas. Si han leído la carta que la señora Faddoul le escribió a los secuestradores de Bryan, Kevin y Jason, saben que nadie sufre con algo que le pase a unos muhachos como lo que sufre su madre. Nadie. Por eso es que a veces entiendo a la mía, cuando aún a mis 34 años, insiste a veces en protegerme como a un niño.

Pero también por amor se lastima. Una madre necesita dejar que los hijos dejen el nido. Es lo más difícil para ellas, cierto, pero es algo que deben hacer. Entre más lo extiendan, peor será para todos. Ustedes los prepararon para este mundo duro y cruel, hicieron todo lo que pudieron. Déjenlos volar, y sepan que Dios estará con ellos. No importa lo que les suceda, Dios estará con ellos. Y a la señora Faddoul: sus tres ángeles están con Él ahora. No es donde debían estar, pero sepan que están con Él. No hay forma de consolarla, de modo que no diré más.

CIUDADANOS:

Ayer, cuando estaban convocando a marchar desde mi universidad, me contaron que hubo uno –nunca falta– que le dijo a una de mis compañeras: «¿Para qué voy a marchar, si yo no conocía a esos chamos?» ¿Estás seguro? Dime, ¿tú no tienes amigos? ¿Hermanos? Te puedo asegurar, amigo, sí que los conoces. Ellos son cualquiera que salga a la calle a estudiar, trabajar o divertirse. Ellos pueden ser tú, hijo.

¿Les da rabia que haya una persona que piense así? Pues sepan esto, somos nosotros los que tenemos la culpa. Esta generación ha salido pensando que si a nosotros no nos salpica, no hay por qué preocuparse. Somos la generación que se tomó el paro como unas vacaciones, que en lo que terminó y abrieron el Sambil salieron en tropel a vaciarlo. Somos los que salieron a marchar e hicieron una fiesta de ellas, pensando que con las marchas bastaban. Somos la generación que cree que va a aparecer un Mesías de la nada y nos va a solucionar esto, porque por lo visto no queremos votar para que surja uno de la calle. Somos la generación que heredó de la anterior la viveza, el aplique de la ley de mínimo esfuerzo, el «diez es nota y lo demás es lujo». Y digo somos, porque no voy a librarme de la culpa. Y para aquellos que me dicen que es imposible cambiar a la gente, les pregunto: ¿acaso lo has intentado?